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Macarena Curia: “Desde que yo te doy la mano, no te suelto más”

Con 50 pesos en el bolsillo pisó la gran ciudad, hoy es “La Maca” en la 31, la que entiende por qué lo hicieron y a la que le cuentan la verdad porque los defiende con uñas y dientes, como una madre. Macarena Curia es la abogada 24/7 de la Villa 31. Una de las personas más queridas y respetadas del lugar, sin miedo a nada nos cuenta su historia y su trayectoria. Y nos explica que: “la soberbia es algo que no podés tener trabajando con detenidos, porque si a vos, por un minuto, se te olvida que estás trabajando con un tipo que está detrás de las rejas, lo perdiste todo. Yo eso lo tengo como principio”.

¿Cuándo y cómo llegaste a Buenos Aires?

Llegué cuando tenía 17 años a la Estación de Retiro, con 50 pesos en el bolsillo. Vine para estudiar en Buenos Aires, para ingresar en el CBC. Alquilé una pensión en Constitución para poder vivir allí, pero una noche me echaron porque me había quedado sin dinero y ya no podía seguir pagándola.

¿Y ahí decidiste volver a tu pueblo?

No, ahí me fui a dormir a una plaza cerca del Spinetto Shopping. Y les avisé a mis padres, quienes vinieron desde Pérez Millan, cerca de Ramallo.

Podría decirte que casi soy santafesina (risas).

Cuando mis padres llegaron nos fuimos a una pensión que encontramos en el Abasto.

Dura tu llegada…

Sí, mi época de estudiante fue complicada. Yo siempre quise estudiar abogacía en la Universidad de Buenos Aires, me emocionaba pensar que alguna vez podía subir las escalinatas de esa Facultad de Derecho. Pensar en lograr eso me daba fuerzas para seguir.

Foto. Lucas Kirby
Foto. Lucas Kirby

Mientras estudiabas, ¿trabajabas?

Me costaba mucho porque era menor de edad, entonces nadie quería tomarme como empleada, menos en un estudio. Logré trabajar en una empresa para venta de celulares, con eso podía comprarme los libros, aunque todos eran libros usados. Recién cuando me recibí pude comprarme el primer libro nuevo, el de Maier.

Recuerdo de ir a Plaza Lavalle para comprar libros y ver una comisión de traslado que llevaba a detenidos. Ese momento me marcó. Me vi yo ahí, en esa situación. Te lo cuento y se me pone la piel de gallina… Escuchaba a los abogados decir: Devoto, Ezeiza… Ahí me di cuenta que eso es lo que quería ser. Me soñaba como una abogada defendiendo a los detenidos. Siempre quise defender a gente humilde, era mi pedido cuando rezaba.

¿Cómo es la gente que vos defendés?

La gente con la que yo trabajo es humilde, no porque viven en una villa, son humildes porque son vulnerables. Son paraguayos, muchos ni siquiera saben nuestro idioma, eso hace que sean 10 veces más vulnerables que un argentino.

Hoy se dedican a la venta de drogas, pero tenemos que entender por todo lo que pasaron. Llegan a Buenos Aires, no tienen oportunidades de trabajo, no tienen educación, muchos eligen el camino de la venta de drogas porque es lo único que les queda, lo más fácil. Yo los contengo y desde que yo te doy la mano, no te suelto más.

¿Cómo te busca la gente? ¿Cómo llegan a vos?

Todo el tiempo se van sumando nuevos clientes, de boca en boca. Por ejemplo, en la villa, hay una ley interna, vos nunca a un bandido le vas a decir o prometer algo, y si vos le decís “el fiscal me dijo que…” no te creen, porque para ellos esa palabra no vale, porque el fiscal no es bandido, al bandido si no cumple su palabra lo matan.

Si yo te doy mi palabra, te la cumplo. Nunca le prometas a un detenido que va a salir. Esos son códigos que fui aprehendiendo, con h en el medio.

La gente con la que yo trabajo es humilde, no porque viven en una villa, son humildes porque son vulnerables

¿Cuáles son los delitos más comunes que defendés? ¿Cómo te ven tus clientes?

La mayoría de los delitos vienen del narcotráfico. Mis clientes son casi todos extranjeros, paraguayos y peruanos.

Cuando arranque, entraba a la villa caminando y la gente preguntaba: “¿Quién es esa rubia?”, y yo quería que digan “es la abogada que defiende a los presos de acá”.

Hoy llevo 9 años entrando a la villa 31 y defendiéndolos a ellos.

Para tus clientes vos sos más que una abogada, ¿cómo te hace sentir?

A mi me gusta compartir con ellos desde cenas hasta un Dr. Lemon en lo de Susi. Yo recibo mucho amor por parte de ellos y siento que les debo el doble. Me llenan el alma.

¿Te sentís segura en la Villa 31?

En lo que llaman “la plaza del terror” yo tengo por lo menos 10 clientes. En la villa me siento más segura que en cualquier otro lugar.

¿A qué le temes?

Me da miedo todo lo que se relacione con mi hijo. Así como vos me ves, yo sufrí violencia de género durante muchos años por el padre de mi hijo. Un día recibí una golpiza muy grande y te puedo decir que a él le tengo miedo, y ni siquiera tuve la valentía de denunciarlo yo. Sí lo hizo un colega mío. Hoy, después de muchos años de terapia, puedo hablar desde otro lugar.

Después, de lo que es mi trabajo, no le tengo miedo a nada. Y yo no naturalizo la violencia, sino que yo los conozco desde otro lado a mis clientes y a sus familias. Yo me involucro.

En la villa me siento más segura que en cualquier otro lugar.

¿Y cómo te involucras?

Te voy a contar una anécdota. Tengo un cliente que no tiene familia acá en Argentina, no tiene a nadie, está solo. Entonces yo me ocupé de llevarle las cosas que necesitaba al penal. Al conocer a la gente de requisa de Devoto, me hacen pasar sin tener que hacer la cola. Entonces me ve una señora y me dice:

-Disculpe, usted no es visita ¿no?

-No, soy abogada

– Pero ¿qué hace acá?, esto es para hacer el depósito a los detenidos.

– Eso hago, el depósito a mi defendido. Le explico, él no tiene a nadie y no voy a dejar que se cague de hambre.

La señora no entendía, cómo la abogada hacía eso. Cosa que vi muy bien porque terminé siendo la abogada de su hijo.

Foto. Lucas Kirby
Foto. Lucas Kirby

Publicidad… (risas)

No, no hago eso para mostrarme. Es como te dije antes, una vez que yo les agarro la mano, no los suelto más. Y esto tiene que ver con mi historia, yo pasé muchas necesidades, y no sólo económicas, sino que necesitaba un abrazo también. 

Esos extremos me hacen ver que yo no trabajo con detenidos, trabajo con personas, con hombres y mujeres, y lo único que me separa de ellos es una reja, y el trabajo que me pagan es un servicio, como cualquier servicio, como si una señora te limpia la casa. Un título no te dispara la aguja para arriba.

Yo les arranco una sonrisa y eso me paga el día. El afecto no te lo paga ningún honorario del mundo, y encima tengo la dicha de hacer lo que amo y que me paguen.

Y te lo saben agradecer…

Testigo de casamiento, ahijados, (risas) Tengo un montón acá adentro. Chicas que las saqué embarazadas… Es hermoso el amor que recibo acá.

Una vez que yo les agarro la mano, no los suelto más. Y esto tiene que ver con mi historia, yo pasé muchas necesidades, y no sólo económicas, sino que necesitaba un abrazo también

¿Quién fue tu mentor o imagen a seguir?

En la facultad, a mi me partió la cabeza Maximiliano Rusconi. Cuando lo conocí, me dije: yo quiero saber un cuarto de lo que este tipo sabe. Eran las únicas clases que no tomaba apuntes, me apasionaba. Me encantaba la imagen del detenido que te daba…

¿Cómo empezaste acá, en la 31?

Cuando empecé hacía la parte del barrio chino: homicidios, robos, entre otros. Un día hubo un allanamiento muy grande en donde cayeron familiares del loco César Morán de la Cruz. Ahí cayó un paraguayo y me llamó a mí. Esa fue mi primera causa acá, él era el jefe de banda de los Sanpedranos, ahí me metí a hacer ley de droga y no paré nunca más. Tuve buenos resultados procesales y empecé a crecer en la 31.

¿Cuáles fueron los pros y los contras de ser mujer?

Muchos colegas me dicen: “vos con esa sonrisa tenés impunidad” o “siendo mujer es más fácil”. Es mentira. De pros, sólo en la faceta personal pero después fueron todos contras, que yo fui convirtiendo en pros.

Me decían nena en los juzgados, ni siquiera doctora. O pensaban que era la visita en los penales, la mujer del detenido. Te descalificaban mucho por ser mujer.

Ahora un hombre tocaba la puerta del penal, y en seguida le dicen: sí, doctor.

Siendo una mujer y haciendo penal, arrancás un escalón abajo que si sos un hombre. Y eso es así hasta con los propios detenidos. A mi no me gusta levantar el tono de voz ni pelear, pero bueno, a veces te obligan (risas). Tenes que estar demostrando que sos un poco más que un pelo teñido y eso no es justo.

Pero bueno, en conclusión, esta soy yo. 24/7. Mi mamá se ríe, me dice que parezco maestra jardinera. Ahí va La Maca con los pibes, pero soy así, para mi la humildad es la base de todo.

 

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