Gerardo León: “La AFA priorizó la salud por sobre la economía”

Gerardo León

En un repaso por su carrera, el Director Ejecutivo de AFA cuenta cómo fueron sus primeras armas en el derecho, su paso por el Citibank y los grandes desafíos de la economía argentina de la década del 80. También su trabajo en el Enacom y su mirada sobre la gestión pública y la lucha que debió dar con dos de los sindicatos “más pesados” del país. Sin dejar nunca de lado sus raíces, y con su amor por el fútbol intacto, en una entrevista con Quórum destacó los valores de la amistad y el agradecimiento, aunque puso el acento en la honestidad: “Ser honesto es mostrarte como realmente sos, sin disfrazarte por conveniencia, es un valor que si no tenés todo lo demás cae en saco roto”.

¿CÓMO FUERON TUS INICIOS EN EL MUNDO FUTBOLÍSTICO?

Mis inicios futbolísticos están desde que tengo memoria. Cuando trabajaba en el Enacom como Jefe de gabinete, hicieron un taller con la gente de Recursos Humanos y nos pidieron que llevemos un objeto más preciado. A muchos le costó pensar qué llevar pero a mí no me costó nada: fui y compré una pelota de fútbol. Yo veo una pelota y me emociono, me lleva a mis recuerdos más queridos, que tienen que ver con mi infancia. En mi época, por la década del 50, había poca televisión, no existía la tecnología, y mi actividad era el fútbol. Recuerdo mi madre puteándome porque le llenaba las sabanas de grasa. En esos años las pelotas de futbol se cosían y los hilos se secaban, entonces todos los días pedía grasa en la carnicería y con eso engrasaba la pelota y me dormía abrazado a ella.

¿QUÉ EXPERIENCIA TE DEJÓ TU CARGO COMO JEFE DE GABINETE EN EL ENACOM?

Yo ya había trabajado en el sector público, en la provincia de Santa Cruz como asesor general del gobierno, pero nunca en un ente regulador. La experiencia fue buena, desde el lado humano más que del profesional. Mi principal actividad fue contener a los dos sindicatos ATE y UPCN. Y son gremios “pesados” en el buen sentido. Mi experiencia más rica fue la de haber sido mediador entre el ente y los sindicatos. Los sindicalistas están estigmatizados y llegué a desarrollar con ellos una relación muy linda. Me puse en sus zapatos y tuve que luchar contra mis propios prejuicios y eso no es algo fácil. Es el día de hoy que con algunos sigo en contacto. Sufrí un desencanto porque la política interfiere mucho y hubo cosas que se hicieron a medias, como en otros planos. Se podría haber hecho mucho más, pero estuvo bien. Yo tengo la habilidad de hablar con diferentes clases sociales y mediar. Identificar intereses compartidos y contradictorios. Una vez le expliqué a una persona la ley de Newton, la ley de gravedad. Y eso se aplica en las leyes, no hay ninguna ley que se aplique en el sector público y no en el privado. 

FUISTE ELEGIDO DENTRO DE LA AFA, ¿COMO FUE ESE MOMENTO?

Fui elegido por una consultora de altos ejecutivos, me llegó por un conocido de Citibank. Obviamente que me interesó, porque se venían aires de cambios en la AFA después de 40 años de la gestión de Julio Grondona, con las cosas buenas y malas que hizo. Pero sí, me entusiasmó mucho. Me gustaba la idea de contribuir y el desafío de ayudar a la nueva administración de Claudio Tapia y Daniel Angelici. Ellos estaban buscando gente con mi perfil y todo encuadró justo. 

Es mentira que el cargo fue creado para mí: yo venía del Enacom y fui elegido por la consultora: me entrevistaron y los convencí. Era una terna. Después se filtró una foto con Mauricio Macri y Tapia, y se dijo cualquier cosa. Yo a Mauricio lo conozco de ir todos los domingos a la cancha de Boca, pero no tenía nada que ver ni éramos amigos, nunca fui a la casa, ni mucho menos. 

Cuando se hace la reunión en la Casa Rosada, fuimos Con Fernando de Andreis, (Guillermo) Marín, Tapia y yo. Cuando Mauricio entra, me reconoció de la cancha, me saludó con un abrazo, y ahí sacaron la foto. Pero la realidad es que antes de esa reunión no lo había visto durante años. Tuve ese estigma que yo era Macri, que era Cambiemos, pero nada más lejos de la realidad. Yo siempre fui bajo perfil y lo sigo siendo. A mí me gusta trabajar y hacer mi trabajo de la mejor manera posible. Hoy como Director Ejecutivo de la AFA, veo como muy positivo lo que pasa con los equipos chicos y del interior. Nunca antes se le había dado el lugar que tienen hoy los clubes del ascenso y del interior. Eso es algo para resaltar. 

¿CÓMO SE VIO LA PANDEMIA DESDE LA AFA?

La AFA lo manejó muy bien, fue instrumental y siguió mejor que nadie las políticas del gobierno. Priorizó la salud sobre lo económico y eso es para destacar. La AFA se alineó desde el primer día. Les dio apoyo a los clubes hasta donde pudo, resolvió el ascenso, cosa difícil sin partidos porque no hubo fútbol. Estuvimos obligados a decidir con muy poco y se llegó a un acuerdo. La pandemia impuso un costo económico a los clubes y el tema de los ascensos, que no es un tema menor, se resolvió con poco tiempo y se resolvió bien. Se atendieron muchas necesidades de los clubes como se pudo, porque la AFA también se vio muy perjudicada con los ingresos por la pandemia. 

Tuve ese estigma que yo era Macri, que era Cambiemos, pero nada más lejos de la realidad. Yo siempre fui bajo perfil y lo sigo siendo. A mí me gusta trabajar y hacer mi trabajo de la mejor manera posible.

¿DE QUE SE TRATA EL ACUERDO PARA LA CANDIDATURA DEL MUNDIAL 2030?

El primero en pensar en esa candidatura fue Uruguay, porque ellos hicieron el primer mundial de 1930. Entonces, habiendo sido el primer país en organizar la Copa del Mundo pretendían homenajear ese hito con el centenario. Siendo conscientes de que Uruguay es un país chico y no tiene infraestructura, ni estadios u hoteles, se pensó en Argentina y después en Paraguay y Chile. Hoy son cuatro los países que están intentando ganar la postulación para 2030. Hay un apoyo de la Conmebol y de todos los presidentes de los países. Lo veo factible, pero la probabilidad es baja porque hay peleas con Inglaterra, que es la madre del fútbol y su último mundial fue en 1966. En Europa el último mundial fue en 2006 en Alemania, también pasó bastante tiempo. Pero estamos tratando de hacer lo posible para ganar esa postulación, a favor tenemos que si el fútbol le debe algo a Uruguay es haber sido el primer país anfitrión de la Copa del Mundo. Para honrar ese hito, ésa es la llave y entre los cuatro países hay infraestructura, hoteles, ciudades, y sobre todo pasión. La pasión del sudamericano en general, y la de Argentina y Uruguay en particular, todo suma. Si Grondona viviera la influencia sería mucho más grande. Lo veo posible, pero peleamos contra una potencia grande que es Inglaterra. 

¿CUÁL FUE EL MEJOR TRABAJO QUE TUVISTE?

De todos los trabajos que tuve el mejor fue en el Citibank. Fue mi primer trabajo después de mi MBA. Yo me recibí de abogado muy joven, y mi primer trabajo fue en Río Gallegos, en Santa Cruz, como asesor letrado, por un aviso en el diario en plena época de los militares. Después me fui dos años a Estados Unidos a hacer un MBA, y entré a trabajar en Citibank de New York. Cuando vuelvo a Buenos Aires a principios del año 1984 el mundo era diferente al actual. El mercado financiero local de aquellos años era apasionante y el de capitales, inexistente. Un mercado de capitales es donde las compañías -tanto del sector privado como público- consiguen capital a través de endeudarse porque emiten bonos, acciones y generan capital propio. En Argentina ustedes ven que no ocurre: hay enormes restricciones para conseguir capital de cualquier tipo, sea acciones o deuda. En el 84 era igual, un mercado muy chiquito y extremadamente regulado y tuve la suerte de trabajar en ese momento en Citibank, que era por lejos el mejor banco del país y eso me permitió poner en práctica muchas de las herramientas que había estudiado en Chicago. Me divirtió mucho construir cosas desde adentro del banco que permitían escaparme de las regulaciones bancarias pero de forma legal, por ejemplo: te prohibían préstamos preajustables, ni por el dólar ni por la inflación, ni por nada. Y no había manera de dar un préstamo sin ajustes, que en esa época eran australes. Fue una época gloriosa porque estaba todo por hacerse y entré a un banco que tenía todo y un capital humano increíble. Citibank fue una experiencia inolvidable. 

DECINOS TRES VALORES QUE ADQUIRISTE ESTOS ÚLTIMOS AÑOS Y TE GUSTARÍA COMPARTIR

El primero es el de la honestidad. Uno cree que la honestidad es no robar, pero es ser y mostrarte como realmente sos, sin disfrazarte por conveniencia, es un valor que si no tenés todo lo demás cae en saco roto. Es difícil ser honesto, a veces uno es deshonesto con los sentimientos, no tiene que ver con lo material.

El otro es la amistad, hacer amigos, conseguir amigos. Si yo tuviera que valorar mi patrimonio lo primero que valoro son los amigos, sobre todo los del colegio. Tiene que ver con el valor de agradecer a quienes estuvieron al lado tuyo, quienes te afirmaron, asistieron y contuvieron. 

Ser agradecido creo que es el segundo valor, aún más importante que la amistad. Le estoy agradecido a una lista muy larga de maestros y amigos, pero sin lugar a dudas mi mayor agradecimiento es a alguien que ya no vive más, Hortencia Bruera se llamaba y era como mi segunda madre. Vivía al lado de mi casa de Ituzaingó, tenía 3 hijos y Panty, su segundo hijo, era mi mejor amigo, que también falleció. Yo para entrar a la casa de los Bruera pasaba directamente por la ligustrina. Mi madre murió de un cáncer de ovarios, en ese momento no había quimioterapia y se recibía algo que se llamaba bomba de cobalto. Mi mamá gritaba del dolor, yo agarraba la almohada y me tapaba porque no podía escuchar el sufrimiento de mi vieja, y la pared era lindera a la de Hortensia. Ella escuchaba el sufrimiento de mamá, y aunque fueran las 3 de la mañana, salía de su casa, golpeaba la ventana y decía “¿Graciela, estás bien? Abrime”, y así entraba a consolarla y tranquilizarla. Eso te pinta de cuerpo entero cómo era esta mujer, para mí es imposible no emocionarme. 

¿POR QUÉ DECIDISTE ESTUDIAR ABOGACIA?

Por mi viejo, mi mamá era un personaje, era Peña y tenía la locura de los Peña, y quería que sea médico, pero yo a los médicos no los quería porque cuando venían a mi casa pensaba que iban a curar a mi mamá y ella no se curaba. Cuando era chico y me preguntaba que quería ser de grande mi mamá decía médico, y mi papa decía: “No, vos tenés que ser abogado”.

Mi viejo un tipo muy educado, nunca una mala palabra, se recibió de abogado en 1934, en la Universidad que estaba sobre la avenida Las Heras y el día que le dije “Voy a estudiar abogacía” a mi papá se le infló el pecho. En abogacía tenés que leer y pensar mucho, mi viejo muy hábilmente siempre me daba cosas para leer que tenían que ver no solo con el derecho, me hacía leer la acción humana, me fue entrenando para eso y a mí me gustaba.

Yo di la carrera libre en la facultad de derecho de la UBA. Mi papá me llevó en auto el primer día y fui de saco y corbata. Disfruté mucho porque entre en el 72 y el 73 las universidades estaban muy politizadas. La década del 70 fue una etapa muy ruidosa desde el punto de vista de los centros de estudiantes, se oponían a Vietnam, Cuba era el modelo y la verdad es que durante los primeros años del peronismo el nivel de excelencia de la UBA se vino abajo. Para que te des una idea, el profesor solo hablaba de política, no te enseñaban nada y con la asistencia alcanzaba. Era un desastre y lamento decir que subió el nivel con el golpe militar. Mi papá me aconsejó que curse libre las materias, hasta quiebras y administrativo las di libre. Incluso derecho procesal, y a todas las disfruté. Penal 1 y 2 la di con Ramos Mejía, estudiaba muchísimo. Me levantaba a las 8 de la mañana, me iba a las cátedras, escuchaba los exámenes libres para saber qué preguntaban, y cuando veía que alguna chica rendía muy bien, le pedía sus apuntes. Tardaba un mes o un mes y medio en preparar una materia, daba 5 o 6 materias por año. A mí me sirvió mucho, y cuando estaba muy entrado la carrera me di cuenta que me gustaba mucho la economía y quería ser abogado en un banco, cosa que después gracias a mi tío conseguí.

¿ALGUNA VEZ PENSASTE ENTRAR EN POLITICA?

No porque yo voy al extremo y en política y diplomacia necesitás otras cualidades que no tengo. Mi tío me recomendó ir a estudiar a Estados Unidos y hacer un MBA, pero yo no sabía nada de inglés, pero me quedé pensando y me puse averiguar. En el año 76, para un chico de Ituzaingó eso estaba vedado, hacer un master de Administración en esos años no era nada común y necesitaba tres años de experiencia. Trabajé un mes o dos meses ya recibido con mi papá, pero la verdad es que me aburrió caminar tribunales, ver los expedientes. Ahí me di cuenta de que si me quedaba con mi papá trabajando no iba a crecer más, entonces empecé a buscar otro trabajo. Me fui a Estados Unidos jugando para una universidad de Dallas, y bancado por mi tío. Yo quería jugar al fútbol pero no me daba para hacerlo profesionalmente, y conseguí una beca atlética, pero era para una carrera de grado y no para un master. Yo ya había hecho la carrera de grado acá, solo quería hacer un master, pero me faltaban los tres años de experiencia laboral que me exigían. El primer laburo me lo dio el padre de un amigo mío, y me ofreció entrar como asesor letrado en la municipalidad, duré cuatro horas. Me llevó mi mama, entré a las 8 de la mañana pero pedí un cospel, la llamé y le dije: “Vení a buscarme, esto es un embole”.

El primero es el de la honestidad. Uno cree que la honestidad es no robar, pero es ser y mostrarte como realmente sos, sin disfrazarte por conveniencia, es un valor que si no tenés todo lo demás cae en saco roto.

¿CÓMO FUE TU EXPERIENCIA EN SANTA CRUZ?

Yo estaba buscando trabajo y encontré un cartel que buscaba un asesor letrado “joven” para la provincia de Santa Cruz, me casé a los 23 años y me fui a Río Gallegos en una empresa de servicios públicos. Me gustó tanto derecho administrativo que vendía mis apuntes. Creía dominar la parte teórica y cuando estaba en Santa Cruz la verdad es que me destaqué rápidamente, como tenés que agotar la vía administrativa antes de que se vaya al contencioso me logré distinguir. Había un Brigadier que me llevaba a las reuniones del Jefe de ministros y ahí conocí al gobernador, luego me hicieron asesor de gobierno de esta forma. En ese tiempo le dicen a mi mamá que le quedan seis meses de vida, a mí me agarra una enfermedad tremenda, y en esa época había una ley de prescindibilidad que permitía declarar prescindible a un trabajador público y despedirlo. El gobernador tuvo un problema con el comisario y lo declaró prescindible. Luego viene a verme y mi ex mujer le dijo que no podía ni moverme porque estaba enfermo, pero el gobernador dijo que necesitaba el dictamen para ese viernes. A los 2 días con mucho esfuerzo empecé a leer el expediente y me di cuenta que tenía que hacer lugar al recurso extraordinario y reponer al comisario en sus funciones. Me animé a poner, excediéndome en mi función, debo advertirles que va a ser políticamente detestable para el gobernador, pero va a tener que permitir que el comisario vuelva. 

Cuando me recupero, me llama la secretaria del gobernador para decirme que me quería ver, yo pensé que me echaba, pero cuando me vio primero me preguntó por qué escribí eso y después me dijo: “Yo quiero que usted sea mi asesor general de gobierno”.

Disfruté mucho ese año y medio. Después fui interventor en Vialidad Procesal, yo tenía 25 años, tenía que echar a 25 personas, reducir sueldo, toda una locura. Se acercaba marzo del 81, ya se sabía que el gobernador se iba, me toca el timbre un compañero mío y me dice: “¡Vos sos un hijo de puta, vas a echar a mi papá!”. Ahí me di cuenta que no quería echar a nadie y cambiar a interventor en Vialidad Procesal. 

El mes que el fiscal de Estado no iba, lo subrogaba el asesor general de Estado, yo lo subrogaba, fue en esas oportunidades que estuve litigando para la provincia de Santa Cruz.

El día que le dije “Voy a estudiar abogacía” a mi papá se le infló el pecho

¿CUÁNTO TE SIRVIÓ LA ECONOMÍA EN TU CARRERA DE DERCHO Y VICEVERSA?

Mi formación de abogado me sirvió muchísimo, me parece una picardía que la universidad de Derecho no enseñe más de economía. Creo que se debería incluir una materia importante que sea Law and Economics, le permite al abogado tener una información en microeconomía, no de macro. Es de mucha utilidad desde el punto de vista de administración de los recursos, que son escasos. Es una herramienta que yo no tuve como abogado. Sí la tuve cuando fui financista y banquero. Nosotros generamos en Citibank un instrumento que se llamaba MIA (Mutual Indemnification Agreement), se nos ocurrió cuando el Banco Central prohibió los préstamos ajustables, haciéndole firmar al cliente un acuerdo por fuera de la normativa nacional, e hicimos mucho dinero con eso. Se llama Loop Hole y era legal: vos juntabas las dos cosas y funcionaba. Eso es una cuestión práctica de cómo enriquecen los principios generales del derecho en el mundo de la economía. Los estudios que se dedican a finanzas, contratan un abogado con un MBA, porque ambos respaldos son fundamentales para los temas financieros.

Texto. Revista Quórum

Fotos: Lucas Kirby

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