LA DISCRIMINACIÓN INTERSECCIONAL HACIA MUJERES INDÍGENAS.

(RE)PENSAR LOS DERECHOS HUMANOS EN TERRITORIO: LA DISCRIMINACIÓN INTERSECCIONAL HACIA MUJERES INDÍGENAS

Por Caro Oviedo, Naty Zambrano y Yas Calva de @VerdeCompas

“Las prácticas y dinámicas culturales es algo que cuesta entender en los espacios urbanos, es ahí donde hay mucha discriminación y rechazo debido a un racismo estructural que no entiende esas otras formas de ver la cotidianidad y la vida”. Laura Hernández Pérez, indígena Nahua, integrante de la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas (CONAMI) de México

 

Esta edición nos juntamos Caro, Naty y Yas para (re)pensar los derechos humanos en diálogo con las voces de Melisa Álvarez de la Comunidad Ava Guaraní Iwi Imemby ubicada en La Plata (Buenos Aires) y Laura Hernández Pérez, indígena Nahua, parte de la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas (CONAMI) de México. Nos encontramos en este espacio para (re)pensar colectivamente el derecho desde la desjerarquización y democratización del saber, en particular, desde la necesidad de comprender de qué hablamos cuando hablamos de la mirada interseccional en materia de violencia y discriminación hacia mujeres indígenas.

En primer lugar, es clave observar que la interseccionalidad, desde lo conceptual, comienza a señalarla la abogada afroestadounidense Kimberlé Crenshaw (1989) con el fin de lograr la incorporación en los enfoques jurídicos de experiencias de mujeres afroamericanas, quienes se enfrentaban a una opresión que entrecruza el racismo y sexismo y resultaba diferente a la opresión que atravesaban las mujeres blancas o, incluso, los varones afroamericanos. En la región latinoamericana se retoma este concepto desde la denominada “colonialidad de género”, entrecruzando categorías como la etnia, clase, género y sexualidad con una mirada crítica a la dimensión fija y binaria de esas categorías.

La interseccionalidad, entonces, nos ubica frente a una situación única que surge de la combinación, más no suma, de varios motivos. Desde México, Laura nos advierte que todas las mujeres vivimos en un mismo sistema patriarcal y capitalista que se objetiviza a costa nuestra; sin embargo, las mujeres indígenas viven violencias particulares por la propia historia violenta del proceso de colonización y la profunda desigualdad histórica. En este sentido, Melisa desde La Plata percibe que “al ser mujer indígena sufrís tres tipos de discriminación: por ser mujer, por ser pobre y por ser indígena (…) te tratan de india, te discriminan y te niegan muchas cosas, como el vivir como manda tu cultura, para mi, es un tipo de discriminación porque vos no podes vivir como vos misma”.

Las voces de Melisa y Laura -aunque desde diversos territorios- coinciden en algo que no siempre se percibe desde las miradas occidentales… reconocer la cuestión colectiva y la cuestión territorial en materia de violencia y discriminación hacia mujeres indígenas. Laura nos invita a (re)pensar y reconocer la cuestión colectiva, por ejemplo, cuando se vulneran los derechos de propiedad territorial porque, también, violenta a las mujeres indígenas: “eso es algo que, a veces, cuesta entender, sobre todo, si hablamos de procesos jurídicos… desde la mirada de las comunidades y mujeres indígenas no podemos separar del todo la cuestión de lo individual y lo colectivo, sino que va de la mano”.

Por su parte, Melisa, señalando la vulneración del derecho a la propiedad territorial indígena reconocido en la Constitución Nacional y el Convenio 169 de la OIT, refiere que esa vulneración es para las mujeres indígenas una discriminación: “no nos permiten vivir en armonía con la madre tierra, ya que para nuestros pueblos la tierra es un sistema de enseñanza en un mundo vivo, no solamente es un pedazo de tierra y ya. Para nosotras, las mujeres, significa muchas cosas… porque nosotras somos las cuidadoras de nuestra semilla, de nuestra naturaleza, de la familia (…) como mujer lo noto como una discriminación por parte del gobierno que no nos hace posible la entrega de las tierras ‘aptas y suficientes’ para vivir como manda nuestra cultura, que sería vivir en armonía con la naturaleza”

La mirada interseccional también la incorpora la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, quien ha identificado que la discriminación no afecta a todas las mujeres por igual porque la intersección de varios factores hace que estén expuestas a mayor riesgo. Esta intersección refiere a “factores en adición al género, como las mujeres indígenas, afrodescendientes, lesbianas, bisexuales, trans e intersex (LBTI); las mujeres con discapacidad y las mujeres adultas mayores, así como por contextos particulares de riesgo” (Informe CIDH sobre violencia y discriminación del 2019)

A su vez, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) da cuenta que la ‘discriminación múltiple’ surgida del caso “Gonzalez Lluy y Otros vs. Ecuador” constituyó una ‘discriminación interseccional’ asociada al carácter compuesto en las causas (por ser mujer, persona con VIH, persona con discapacidad, menor de edad y por su estatus socioeconómico) que hicieron a la víctima más vulnerable y a los daños únicos. Sobre este pronunciamiento, el juez Eduardo Ferrer Mac-Gregor advirtió que “si alguno de dichos factores no hubiese existido, la discriminación habría tenido una naturaleza diferente

¿Por qué nos parece tan importante la mirada decolonial e interseccional? Esta mirada es clave porque permite que las historias de las personas víctimas de violencias por motivo de género sean recibidas desde la empatía, sacándonos las vendas de los ojos (estereotipos) y aplicando la escucha profunda desde la no subestimación y posicionando a las propias personas como protagonistas. Es un ejercicio de (des)aprender… a escuchar sin prejuicios… a contemplar la realidad de cada persona desde su propia voz y cosmovisión… e incorporar alternativas empáticas que nos acerquen a una efectiva erradicación de estereotipos porque, coincidimos con la Corte IDH, “la creación y uso de estereotipos se convierte en una de las causas y consecuencias de la violencia de género en contra de la mujer” (caso “Campo Algodonero” vs. México).

Esa creación y uso de estereotipos que se construyen desde los patrones socioculturales de género también se observan desde un racismo estructural que atraviesa varios espacios. Lo que nos menciona Melisa denota que, incluso, son aprehendidos desde las infancias y espacios educativos: “en las escuelas siempre hay discriminaciones a las nenas y a los varoncitos por ser indígenas (…) Después, en las Universidades no te creen cuando decís que sos indígena y estás en un nivel universitario… como si fuera que la universidad es solamente para la gente blanca y de plata. Cuando estaba estudiando en Jujuy me pasó que un profesor dijo que ‘la universidad no era ni para los pobres, ni para los indios” Por su parte, Laura nos comenta que el hecho que su madre y padre hayan tenido que salir de sus comunidades para buscar educación y empleo es una forma de discriminación estructural y es un problema más amplio que hace al racismo… “el racismo hace a la discriminación”. 

En este punto, creemos necesario cuestionarnos cómo se construye y homogeneiza la cultura e identidades en las ciudades, sobre todo, teniendo en cuenta la gran invisibilización que existe en la C.A.B.A y la Provincia de Buenos Aires donde, a su vez, resultan ser los espacios con mayor población auto-identificada indígena, conforme surge del último censo. Laura nos hace (re)pensar esta cuestión como estructural en diversos espacios y actores: “primero, la ciudad que no te reconoce, que piensa que eres una persona de tránsito que nunca vas a ser propiamente ciudadano o ciudadana de tal espacio, o residente, siempre te van a ver como un actor que va a transitar… y no es así… hay generaciones muy amplias de personas dentro de la urbe, personas indígenas que crecen en la ciudades. Y otra cuestión es en el trabajo del activismo, de las organizaciones de base, porque de momentos hay compañeros y compañeras que tienen mucho esta idea de que el indígena es el que viste y habla y, realmente, hay generaciones donde ya no visten y hablan la lengua porque el hecho de venir a la ciudad implica involucrarse en una dinámica muy distinta donde te tienes que adaptar o no entras”

Consideramos que, como señala Bograd (2005), la mirada interseccional nos permite entender mejor las violencias y plantear soluciones normativas eficaces y políticas públicas acorde a la interculturalidad para, también, evitar las historias como las que identifica Laura cuando refiere que “las mujeres indígenas no tenemos o cuesta mucho el tener acceso a la justicia y aún más si se piensa en la reparación o sanación. Primero, acceder a la justicia y, después, esta cuestión de reparación porque se habla de no tener las instancias cerca, que estas instancias institucionales por momentos son violentas porque no comprenden de todo la dinámica o cuando se acercan a las autoridades comunitarias hay falta de empatía”. 

Como ven… este enfoque interseccional y decolonial debería ser fundamental en la formulación de políticas públicas, normativas y en el seno del poder judicial porque no es la misma discriminación y violencia la que vivimos todas las mujeres. Para combatir la discriminación y violencia también es necesario que cada unx de nosotrxs desde nuestros espacios y roles podamos incluir diversos enfoques con empatía y escucha profunda. ¿Te sumas a (re)pensarnos desde diversas prácticas, dinámicas y desde nuestras propias contradicciones?

 

 

 

Bibliografía sugerida

Viveros Vigoya, M. (2016). La interseccionalidad: una aproximación situada a la dominación. Debate Feminista, 52. Disponible en: https://doi.org/https://doi.org/10.1016/j.df.2016.09.005

 

Gongora Mera, M. (2020). “Discriminación en clave interseccional: Tendencias recientes en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos”. En Clérico, L., Morales Antoniazzi, M. y Ronconi L. (Coords.). Interamericanización de los DESC: El Caso Cuscul Pivaral de la Corte IDH. México: Instituto de Estudios Constitucionales del Estado de Querétaro, Pp. 399-427.

 

Bograd, M., 2005. Strengthening domestic violence theories. Intersections of race, class, sexual orientation, and gender. En: N.J. Sokoloff, C. Pratt, eds., Domestic violence at the margins. Londres: Rutgers University Press, 25-38. 

No Comments Yet

Leave a Reply

Your email address will not be published.