Rosenkrantz cuestionó al neoconstitucionalismo y pidió cambios

El vicepresidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Carlos Rosenkrantz enumeró una serie de cambios que deben realizarse para poder mejorar el Poder Judicial argentino durante la celebración de los 110 años del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires. 

El 29 de julio de 1913, en la sede de la entonces Facultad de Derecho, suscribieron el acta de fundación del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires 132 abogados, entre los cuales se encontraban los doctores Jorge Argerich, Pedro Agote, Horacio Beccar Varela, Carlos Coll, Miguel Cané, Carlos Delcasse, Juan José Diaz Arana, Vicente Gallo, Carlos Ibarguren, Tomás Le Bretón, Osvaldo Magnasco, Federico Pinedo, Miguel Padilla, Alfredo L. Palacios, José María Rosa y Estanislao Zeballos.

A 110 años de este acontecimiento, su actual presidente Alberto Garay realizó una austera celebración de la que fueron oradores, además del reconocido constitucionalista, el periodista Carlos Pagni y el vicepresidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Carlos Rosenkrantz. 

Garay inició la charla agradeciendo a los presentes y desde ese instante se notó el cambio de época que se vive en muchos ámbitos. Bromeó preguntando si se decía jóvenas y la respuesta inmediata y espontánea de varios de los asistentes fue: “Ya no más”.

Luego destacó que el Colegio ha llevado a cabo siempre una férrea defensa a la Corte Suprema y afirmó: “Los ataques que provinieron del Poder Ejecutivo, de algunos miembros del Poder Legislativo, de algunos gobernadores y legisladores de provincia y de ciertos sectores sindicales, no hicieron sino degradar las instituciones a las que los ofensores pertenecen. Dichos ataques, como todos sabemos, no llegaron al extremo de pretender enjuiciar políticamente a todos los integrantes de la Corte Suprema, fundamentalmente por discrepar con algunas de sus sentencias. Causa que jamás puede habilitar ese proceso”.

Y añadió: “Desde el colegio nos hemos alzado en defensa de la independencia del Poder Judicial incontables veces a lo largo de estos años y lo seguiremos haciendo. Consideramos que sin un Poder Judicial independiente no hay democracia constitucional posible. Esos ataques, además, son como una vuelta al estado de naturaleza o de barbarie en que la Argentina decidió apartarse cuando sancionó la Constitución nacional y optó por diseñar un esquema de distribución del poder que fue considerado como el más progresista de su época”. 

Para cerrar expresó: “Asoma un nuevo gobierno al que le deseamos el mayor de los éxitos y como Nación deberemos enfrentar adversidades y desafíos de todo tipo. Sin duda, habrá mucho por hacer, pero bueno, somos abogados. Estamos hechos para afrontar desafíos y estamos hechos para superarlos con inteligencia y con las mejores armas de que seamos capaces. Estamos hechos para luchar”.

A continuación Pagni realizó una descripción histórica del momento en el que se creó el Colegio y de la inestabilidad democrática que caracterizó a nuestro país. “Si nosotros miramos retrospectivamente, tendríamos que estar más contentos de lo que estamos por estos 40 años de democracia ininterrumpida, porque en muchas circunstancias similares a las que hemos vivido en los últimos 20 años la sociedad argentina recurría al Golpe de Estado. Es una enfermedad de la que nos hemos curado”, manifestó.

Por otra parte, mencionó: “Estamos en presencia de un fenómeno nuevo. En la década pasada uno de los signos de los tiempos para la Argentina y para toda la región fue la amenaza a la democracia por la enorme concentración de poder, por la posibilidad de que se constituya una hegemonía autoritaria. En este contexto es donde uno valoriza muchísimo el comportamiento, el liderazgo conceptual, cultural que asumió esta institución frente a ese riesgo que tenía que ver con dos avanzadas que son siempre las avanzadas estratégicas de cualquier autoritarismo: contra aquellos dispositivos que el sistema republicano establece como límites a la concentración de poder, la justicia y la prensa. Ahora el problema parece ser otro. El temor que puede inspirarnos esta escena que estamos viviendo es que la democracia se vea desafiada no por la concentración del poder, sino por la pulverización del poder”. 

A lo que añadió: “Entonces estamos ante una nueva transición que desafía la creatividad política, que desafía la voluntad política, que es la posibilidad de los seres humanos, de, como decía Alberto Garay al final de su presentación, de luchar para construir algo, que es darle al sistema equilibrio. Es un desafío principal de este gobierno, porque lo que nos preguntamos frente a este gobierno no es tanto su programa sino si puede llevarlo adelante.  Es necesaria una gran recreación de la política que le devuelva a los ciudadanos una idea del futuro. Un futuro que entusiasme, un futuro que merezca ser deseado y, por lo tanto, que nos permita atravesar el badén de los sacrificios que exige toda estabilización económica”.

Rosenkrantz agradeció al Colegio “estar, especialmente en estos últimos diez años, al servicio de los ideales de la democracia y la República”. Luego avanzó en un análisis del Poder Judicial y dio una serie de recomendaciones para mejorar el sistema.

En ese sentido, dijo: “Creo que hay cuatro dimensiones en las que la Argentina tiene que mejorar para que la justicia funcione bien. Una es la cuestión regulatoria. Obviamente la Argentina necesita cambios procesales muy importantes. Segundo, la Argentina tiene que cambiar el modo de educación legal. Si no, buena parte del difícil trabajo de los jueces se debe a que algunos abogados no están suficientemente bien entrenados y eso hay que cambiarlo. Tercero, es necesario modificar las dinámicas de trabajo del Poder Judicial. Y cuatro, hay que cambiar el modo en el que los colegios profesionales controlan el ejercicio profesional. Si no se cambian estas cuatro cosas, es muy difícil que la Justicia argentina funcione mejor”. 

También sostuvo: “El neoconstitucionalismo no es sólo inaceptable, sino que además es pernicioso. Es inaceptable porque parte de una concepción de derecho equivocada y es pernicioso porque si fuera a prevalecer, el Derecho no podrá cumplir su función esencial es organizar la cooperación entre gente que está de acuerdo acerca de casi todo. La conversión de una discusión jurídica en una discusión moral, como propone el neoconstitucionalismo, la vuelve tan divisiva que le impide convertirse en una manera en que una sociedad puede avanzar hacia la realización de la justicia y la equidad. Para peor, el neoconstitucionalismo confía esta función a los jueces y los jueces carecemos del entrenamiento y la representatividad suficiente para contestar con legitimidad a preguntas del orden moral”. 

Y amplió: “¿Ustedes podrían preguntarse entonces qué deben hacer los jueces y abogados frente a este estado de caos? Mi respuesta es que tenemos básicamente dos mandatos. La primera es que los jueces y los abogados debemos volver a ver la solución de las controversias jurídicas como un problema eminentemente jurídico, no con problemas morales. Los abogados deben colaborar con los jueces en esa tarea, presentando el mejor argumento disponible acerca de qué dicen las fuentes jurídicas disponibles. La segunda cosa que creo debemos hacer es volver a instalar la convicción de que el Derecho es un ámbito normativo autónomo. Tiene que volver a ser parte de nuestra cultura jurídica en las universidades, en los órganos destinados a elegir y remover jueces, en los colegios profesionales y en la sociedad civil”. 

Por último, el juez de la Corte fue categórico: “Hay que instalar la convicción de que el Derecho manda. Esta es nuestra contribución como jueces y abogados en Argentina de hoy. Sólo así podremos lograr que el Derecho realice su extraordinaria contribución al acudir a categorías legales y evitar que debatamos acerca de consideraciones morales sustantivas sobre las que estamos en desacuerdo. El Derecho permitirá de modo indirecto, crear la estabilidad necesaria para que todos nosotros, vinculados como ciudadanos de la misma comunidad política, adoptemos las decisiones colectivas que permitan a nuestra sociedad satisfacer sus necesidades e indirectamente las demandas”.

Además de los expositores, estuvieron presentes en un auditorio predominantemente masculino los ex presidentes del Colegio de Abogados Guillermo Lipera y Máximo Fonrouge, junto a litigantes de los principales estudios jurídicos de la Capital Federal. A su vez asistió el presidente del Foro de estudios sobre la administración de justicia (FORES), Alfredo Vítolo.