Valeria Corbacho: Verdad y lealtad ante todo.

¿Quién dijo que la obsesión es negativa? Valeria Corbacho se define como una persona obsesiva, leal y, por sobre todo, buena amiga. Al conocerla se nota que no le teme a nada, o casi nada. A lo largo de su carrera ha tenido que defender a personas muchas veces cuestionadas, pero ella siente y sostiene que el hecho de ser una mujer multifacética le ha permitido tener a los mejores maestros que la carrera le pudo dar. 

Sin vértigo posó en la cima. Sin mirar qué había debajo, transmitiendo que puede lograr todo lo que se propone, porque para ella el derecho es una pasión y no le da lo mismo hacer lo que hace que no hacerlo. Es justamente esa pasión la que la lleva a reflexionar sobre la actualidad del sistema judicial: “Es tan dependiente del Poder Político, que lo siento totalmente debilitado”. Y es por eso, según dice, que las personas no confían en nadie, ni en jueces, ni en fiscales. “Si no tenemos un Poder Judicial que brinde seguridad jurídica, esto va a ser un círculo vicioso”, remarca.

Se define como una mujer feminista, pero lejos está de ser fundamentalista en sus convicciones. Para ella, el hombre y la mujer se complementan.  Sin embargo, está convencida de que cualquier revolución o cuestión que muestra dónde está la falla, sirve para generar los cambios que son esenciales para hacer evidente algo que está dormido. En este sentido, asume que “sigue siendo un desafío ejercer el derecho penal siendo mujer y también la igualdad en cualquier otro orden de la vida. Nos guste o no, vivimos en una cultura absolutamente machista”, sentencia. 

Habiendo sido parte de la causa AMIA y estando, lamentablemente aun, en boca de todo el país ¿crees que alguna vez se logrará llegar a los culpables del delito?

Yo espero que sí. Ya se sabe quiénes son los culpables, están identificados. La pregunta sería si se logrará condenarlos, y eso es más difícil por un montón de cuestiones técnicas en el medio. Quiénes son los culpables, ya se sabe. Se supo en su momento, pero pasaron algunas cosas.

¿Quiénes son?

Los que fueron procesados y se pidió la acusación en su momento.

Porque hay algunos absueltos, no se sabe que fueron ellos. Por lo menos la justicia…

Declaró la nulidad de la causa. Me refiero justamente a esos, a la conexión local. Luego hay gente que tiene pedido de captura internacional. Sí se sabe quiénes. En virtud de nuestro sistema, que rige el principio de inocencia respecto a los que no han sido todavía indagados y procesados, pero la sospecha existe y hay un montón de elementos de prueba para poder considerarlos las personas más probablemente culpables de ser los que idearon el atentado. Con lo cual, si hubiera realmente vocación política, porque hay causas que claramente tienen tres dimensiones, no podemos negar eso nunca – la dimensión jurídica, la dimensión política, por lo que implica la causa, porque hay cuestiones políticas involucradas, y la dimensión mediática o periodística por el interés público, porque no puede darle lo mismo a un país enterarse o no de lo que implica el peor atentado en época democrática-. Si realmente hubiese vocación de que eso se resuelva de una vez y para siempre, tendría que llegar a buen puerto.

¿Cómo viviste tu carrera en momentos donde el país se derrumbó, como fue el 2001?

Te voy a decir lo que recuerdo de inicios del 2002. En febrero yo estaba viendo cuándo se iniciaba el expediente de la famosa causa “20 de diciembre”. Son causas tan complejas que los cuerpos se acumulan fojas enseguida, con todo el desanizado que hizo Servini. No tengo nada contra ella personalmente, todo lo contrario, pero es un desastre lo que hicieron en esa causa. Yo empecé a ver esa causa, y de hecho seguí hasta el final del juicio después de tantos años, fui al juicio oral.

Esos juicios te acompañan en el crecimiento, tantos años…

El 20 de diciembre es una fecha que la reviví por un montón de cuestiones, el estar al lado de Fernando De la Rúa. La reviví también cuando tuve que interrogar a Cristina Kirchner porque uno de sus dictámenes lo había firmado ese día y ella me dijo que ese día no había funcionado el Congreso. Le tuve que hacer leer el dictamen… sí, el Congreso funcionó perfectamente ese día.

Debe ser difícil pelear con vos ¿cómo te consideras?

Es que, en realidad, yo no estaba pensando en el 20 de diciembre. Cuando estaba interrogando la causa AMIA la que quiso hacer la chicana fue ella, yo estaba pensando en el dictamen que estaba firmado el 20 de diciembre. Fue un ida y vuelta en realidad.

Te divierte la profesión.

Cuanto más estudias lo que sea y cuanto más te interiorizas, cuanto más sabés o tratas de saber, porque nunca terminas de saber todo y siempre pensás que no sabés nada, más disfrutas. Es lo mismo que cuando haces un deporte o cuando empezas a tocar un instrumento. Cuando empezás a hacer algo pensás “esto no es para mí, es un desastre”, pero cuanto más practicás te das cuenta que te encanta. 

¿A qué le temes?

A que le pase algo a mis papás. Soy bastante fatalista en esas cosas, siempre pienso que tengo que salvar a todo el mundo y la capa de superheroína no la tengo. 

¿Cómo ves la justicia en estos tiempos de pandemia?

Dentro de todo, se fueron acomodando las cosas. A la justicia no la siento distinta, no siento que haya más o menos justicia. Al sistema lo siento absolutamente debilitado. Obviamente las generalizaciones no son buenas, pero, ayer lo decía en un planteo preliminar que hice, a la mayoría de los abogados que ejercemos de buena fe nos interesa hablar de lo jurídico. En los últimos 10 años he intervenido en causas de interés institucional del país y llega un momento que decís “tenemos que hablar de cuestiones jurídicas y nos sentamos en tribunales a hablar de otras cosas que exceden lo jurídico”, por las barbaridades con las que llegan las causas a los Tribunales orales. Ya no es una cuestión de quién haya estado gobernando mientras se empezaron a instruir las causas porque termina siendo todo lo mismo. No es de un lado ni del otro de la grieta, es todo lo mismo. Si se hicieran las cosas bien, se debería hablar de si hay suficientes pruebas o no, si la fiscalía acusa si tiene elementos para acusar, que la defensa haga su mejor descargo y que el Tribunal decida a quien le da la razón. Eso es el pleito, para eso estamos y nos preparamos. Eso no pasa hace años, estamos discutiendo otras cuestiones periféricas. Justamente, lo que le pasa a la gente que no cree en nadie, ni en los jueces, ni los fiscales, es que dice “acá no va nadie preso, no pasa nada” ¿por qué? porque pasan estas cosas, no se vienen haciendo bien los procesos de entrada porque es tan dependiente el Poder Judicial del Poder Político, que al sistema lo veo debilitado. Si no tenemos un Poder Judicial que brinde seguridad jurídica, esto va a ser un círculo vicioso, y no vamos a estar 50 años sin crecer, vamos a estar toda la vida.

“A LA JUSTICIA NO LA SIENTO DISTINTA, NO SIENTO QUE HAYA MÁS O MENOS JUSTICIA. AL SISTEMA LO SIENTO ABSOLUTAMENTE DEBILITADO”

¿Fue un desafío ejercer el Derecho Penal siendo mujer? ¿Cómo nació esa especialización en tu vida?

Sí, 100%. Sigue siendo un desafío ejercer el Derecho Penal siendo mujer. Hace muchos años llevo adelante juicios orales, es una de las cuestiones que más hago en el ámbito de lo jurídico, y dentro de lo jurídico lo penal, y sigue siendo la estadística de 9 hombres y una mujer del otro lado del mostrador. En la justicia se ven muchas más mujeres, lo cual es bueno. Si vos me decís si yo soy feminista, sí, creo que sí soy feminista, estoy convencida, pero no soy fundamentalista con las convicciones. Los ismos nunca son buenos porque todos los extremos en algún punto se terminan uniendo y ahí es donde se desnaturaliza la esencia de lo que uno considera que tiene que defender.

Lo que queres manifestar…

Sí, la esencia del derecho que se tiene que hacer valer o respetar o reivindicar. Sigue siendo un desafío ejercer el Derecho Penal y la igualdad de la mujer en cualquier orden de la vida. Nos guste o no, vivimos en una cultura absolutamente machista.

¿Crees que hay algo en el fondo respecto a que los hombres reconocen a las mujeres como mucho más poderosas y tuvieron que armar todo esto? Nosotras como mujeres tenemos muchas virtudes y diferencias muy marcadas, y es raro que nos pongan como un ser humano de menor poder o jerarquía.

No creo que el hombre sea más o menos poderoso, se complementan. Están en el mismo nivel, somos todos seres humanos con los mismos derechos. Tampoco soy una fanática del lenguaje inclusivo, me parece que esas cuestiones marcan más las diferencias. El otro día un colega me hizo una mención y me habló con lenguaje inclusivo, y yo le dije en chiste “estás hablando así”. “¿sabes desde cuándo? Desde que mi hija me preguntó si el día del niño también incluía a las niñas”. La hija más chica, él tiene hijos de distintas edades. Lo que advierto es que esa nena ya creció con estas vicisitudes y cuando yo era chica nunca me sentí excluida del día del niño, yo era un niño independientemente de que fuera niña o cómo me sintiera que fuera en ese momento, más allá de la cuestión de género. Me parece que todos los fundamentalismos tienden a marcar las diferencias y no es bueno para nada. Sí entiendo que cualquier revolución o cuestión que muestra dónde está la falla, sirve para generar los cambios que son esenciales para hacer evidente algo que está dormido. La esencia de todo es que hay que buscar el equilibrio, que es lo más difícil de todo.

“SI NO TENEMOS UN PODER JUDICIAL QUE BRINDE SEGURIDAD JURÍDICA, ESTO VA A SER UN CÍRCULO VICIOSO, Y NO VAMOS A ESTAR 50 AÑOS SIN CRECER, VAMOS A ESTAR TODA LA VIDA”

¿Cómo fueron tus inicios? ¿Por qué te inclinaste por el Derecho Penal?

Vengo de una familia donde no había ningún abogado, así que fue hacer un poco camino al andar. Entré en la facultad, estudié en la Universidad del Salvador, donde también hice mi especialidad y tenía que ver cómo me hacía camino. Yo quería trabajar a la vez que estudiaba, y hablando con un compañero que trabajaba en Tribunales le dije que quería trabajar ahí. El juzgado donde trabajaba era un juzgado correccional y me dijo “bueno, vení que necesitan meritorios” y ahí arranqué. Si me preguntás, fue un poco por azar. Para mí la carrera superó ampliamente las expectativas, me gustó de principio a fin, la estudié con mucho placer. Me gusta estudiar, lo hago todo el tiempo, soy muy curiosa así que no estudio solo lo que tengo que estudiar, sino que me gusta ir por todos los costados y seguir averiguando. Lo bueno de esto es que, si te toca un tema tenés que saber mucho sobre eso, sobre todo en los juicios, para poder repreguntar y saber de qué estás hablando. Me pasó eso, caí en un juzgado correccional, un poco por azar y seguí. La esencia del abogado es un poco la del abogado defensor. Además, la defensa, que es lo que más hago, en el 90% de los casos soy abogada defensora, y cuando me toca estar de querellante también porque defendés a la parte que representas. La esencia es lo jurídico y abogar por el otro, que no sé si lo sé hacer tan bien por mí misma como lo hago por otro, me apasiona y le pongo todo. No me da lo mismo hacer lo que hago que no hacerlo.

Fuiste defensora en muchas causas mediáticas ¿cómo lidias con la prensa?  

Tengo un estudio chico de causas muy complejas. El trabajo es muy personal en este fuero, importa mucho quién se aboque a estudiar tu caso, cómo lo estudia, la relación que tenga con la persona que está siendo sometida al proceso, la impronta que le da a la defensa y la causa en sí, por el interés público que despierta o por si implica gravedad institucional. Lo que es importante es que lo que sea de interés público sea la causa, por la cuestión que fuera, que yo no soy la que despierta interés, lo tengo sumamente claro a eso. Por eso no tengo inconvenientes en lidiar con los periodistas que están haciendo su trabajo, que siempre lo respeto, igual que yo hago el mío, pero el interés no soy yo, sino la causa. A veces me parece, con el respeto que me merecen los colegas, que se confunde dónde está el interés. No sé si a todo el mundo le puede interesar ser “tristemente” célebre, porque ser conocido por un problema penal no está tan bueno.

¿Cuáles son tus pasiones aparte del derecho? ¿Qué te gusta hacer?

Me gusta hacer muchas cosas, tengo una vida además de la vida laboral. Soy muy deportista, toda la vida hice deportes, me parece fundamental por una cuestión de salud mental y física. Jugué al hockey desde chica, hice danzas, es importante el equilibrio entre el cuerpo y la mente. También me apasionan los animales, es una cuenta pendiente. A veces cuando me enojo con el sistema, por decirlo de alguna manera, digo que voy a poner un pet shop. Para mi hay cuestiones que son fundamentales y las aplico mucho en mi forma de trabajar, son intransigibles, como son las lealtades, y los animales representan mucho eso. Así como soy en mi trabajo, soy en la vida, porque hay cosas que no se pueden disociar.

“HAY CUESTIONES QUE SON BÁSICAS COMO LA LEALTAD Y LA PALABRA, SIN ESOS CIMIENTOS BÁSICOS NO PODÉS EMPEZAR A CONSTRUIR”

¿Cuáles son tus patrones para decidir qué defensas llevar a cabo y cuáles no?

La causa, lo que hay en la causa. No defiendo delitos, tiene que ver con la causa, más allá de la calificación legal. Cada causa es un estudio particular. He defendido causas donde se acusaba de corrupción de menores y tenía que ver con la causa. O causas de lesa humanidad donde me dijeron que estaba acusado de secuestro. Si vos hoy me decís que está acusado de corromper un bebe, posiblemente no creo ni que me asome a verla. Y hay cuestiones de la causa de lesa humanidad que las tengo sumamente claras. Yo nunca entendí que fuera un punto contradictorio discutir de las personas que estuvieran privadas de libertad, nunca lo discutí como defensora. Si tengo todas estas víctimas que estuvieron privadas de la libertad en un centro clandestino de detención, para mí no es un punto contradictorio en la causa, no voy a ir a oponer prueba que Fulano y Mengano estuvieron privados de la libertad. Mi defensa va a pasar por otras cuestiones técnicas de esa causa, si es que la tomo, que tiene que ver con la forma en que se identifica a “X” imputado, por ejemplo. Se ha puesto todo en la misma bolsa. Jamás hice una defensa ochentosa de Teoría de los Dos Demonios ni mucho menos. Hay cuestiones que no se discuten y entiendo que ha habido innumerable cantidad de abusos. Yo tengo una postura muy definida, considerada absolutamente republicana, democrática. Reconozco y reconocí siempre, la jurisdicción universal en los casos de crímenes de lesa humanidad. Estoy a favor de la imprescriptibilidad de las causas, hay cosas que no se discuten en lo más mínimo. Ahora, también estoy a favor de la aplicación de la ley en las mismas condiciones a todo el mundo. Se han aplicado determinados institutos, se han declarado inconstitucionalidades. Escribimos con la derecha y borramos todo con la izquierda. Si hay algo que este país no va a tener nunca es seguridad, en ningún aspecto, porque lo primero que falta es seguridad jurídica hace décadas. Argentina no tiene palabra.

¿Cómo harías para revertir eso?

Empezando por respetar la Constitución Nacional. Es tu carta de principio fundamental, donde la Corte tiene una jurisprudencia inveterada hace muchísimo tiempo que es el máximo intérprete de esa ley fundamental. En la medida que todos estemos de acuerdo en respetarla, el consenso tiene que pasar por ahí, no es tan difícil. Es lo que hace cualquier país que más o menos funciona. Vuelvo a decir, podés tener un montón de diferencias en un montón de aspectos, pero hay principios básicos que hacen funcionar tu vida de determinada manera. Hay cosas donde no podés transigir nunca, en esto es blanco o negro. No puedo decir que sí, darte vuelta y decirte que no. Hay cuestiones que son básicas como la lealtad y la palabra, sin esos cimientos básicos no podés empezar a construir. Después podemos estar de acuerdo en que te puede gustar pintar la casa de tal color o tal otro, pero los cimientos, si no estamos todos de acuerdo, se te va a caer siempre la casa, va a pasar un viento y te la vuela. Por eso Argentina hace 50 años que no crece.

¿Qué significó para vos y cómo contribuyó en tu formación ser becaria OEA?

Para mí fue importante el antecedente, muy significativo, sobre todo porque la elección pasa por los antecedentes propios. Para mí el desafío más importante siempre es la competencia con uno mismo.

La defensa de gente pesada parece ser tu principal sustento ¿cómo conseguiste tener clientes de esa magnitud? ¿Cuáles son los aspectos positivos y negativos de atender a personas de tanto peso político?

Tal vez eso es lo que se ve, pero no es mi principal sustento. Habría que definir gente pesada…

Con peso político y vínculos con la política.

En eso soy sumamente multifacética.

Pero reconocés que son tus principales clientes.

Tengo variedad. Obviamente esos son los que acaparan la mayor atención pública.

¿Cuáles son los beneficios de ese tipo de causas?

Lo bueno de haber tenido o tener contacto con gente que ha tenido determinada función pública o determinadas responsabilidades en la vida pública, es que me han dejado un aprendizaje importante, la mayoría son procesos largos. Siempre aprendo algo de las personas que me han tocado defender. Una de las personas, que además trabajé 11 años con él, es Fernando De la Rúa. Es una de las mejores cabezas jurídicas que tuvo el país, uno de los hombres que más sabía de Derecho Procesal Penal, y eso no necesito decirlo yo. Su hermano Jorge también, un jurista de envergadura. Esos maestros que tuve fueron un privilegio único en mi carrera, inigualable.

¿Cómo empezaron juntos a trabajar?

Al ex presidente ya lo conocía. Yo hablo muy coloquialmente de Fernando porque para mí es como un segundo padre. Hablábamos permanentemente, tengo una biblioteca maravillosa de él. No recuerdo una sola vez de estar hablando con Fernando y no haber aprendido algo. Además, tenía un humor fabuloso, muy inteligente, no sé si mucha gente sabe eso. Me convocó para su juicio oral, para que lo defienda y para mí fue increíble. No me asustó el desafío para nada, tenía mucha experiencia en juicios y además iba con él, yo tenía mucha confianza. Al principio, mucho tiempo antes, cuando empezaba a hablar con Fernando, era una especie de examen permanente, sumamente exigente. Terminaba de hablar con él y me dolía la cabeza del esfuerzo mental que hacía. Lo mismo cuando hablaba con Jorge, era una mesa de examen. Después me acostumbré, era hablarnos y entendernos perfectamente, nos leíamos el pensamiento. Pero era una exigencia permanente, muy exigente. El mayor rédito de conocer a esas personas y tener un contacto directo con ellas, es aprender de su experiencia y sus conocimientos.

Decime tres palabras que te definan.

Soy leal, 100%, es un valor fundamental para mí y considero que es mi diferencial. Trato de que se vea a través mío lo que vivo, lo que hago, lo que pienso y siento. Si te digo blanco es blanco, y si te digo que la foja tal dice tal cosa, dice tal cosa, y si el testigo dijo en el juicio tal cosa es porque tomé nota textual y si quieren revisar la taquigráfica van a ver que dice lo mismo. Hay cosas que no tolero, como la mentira, la chicana, eso no me gusta.

Soy obsesiva, segunda palabra, al extremo, soy absolutamente obsesiva, peco de obsesiva tal vez y tampoco me arrepiento de eso. Y buena amiga, tengo mis amigas desde jardín de infantes y eso habla de que soy buena amiga. La amistad para mi es fundamental. Soy una persona de amistades y valores importantes.

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