Con una trayectoria de más de tres décadas en el periodismo, Luis Novaresio reflexiona sobre los desafíos de la profesión en un escenario de creciente polarización. Habla sobre la importancia de la rigurosidad informativa, la falta de autocrítica en los medios y el impacto del discurso político en la sociedad. Además, analiza la estrategia comunicacional del Gobierno, el caso $LIBRA y los principales problemas que enfrenta el país, desde la justicia hasta la economía y la seguridad.
-Sos un periodista con una extensa y reconocida trayectoria. ¿Cuál creés que es el mayor desafío del periodismo en Argentina hoy?
-El desafío del periodismo hoy sigue siendo el mismo que el de siempre. Contar una historia, dar una información, ponerla de relieve, contar aquello que no se quiere contar y después, y siempre digo después, opinar eventualmente sobre esto. El periodismo es un modo de contar la historia de forma inmediata.
– ¿Ha cambiado tu forma de hacer periodismo con el paso del tiempo?
-No creo que haya demasiados modos distintos de hacer periodismo. El periodismo es contar una historia de forma interesante, con la rigurosidad del caso. No existe, claramente, la objetividad. Es un tema totalmente zanjado. Sí la rigurosidad. Contar los hechos con las viejas y tradicionales dudas del qué, cómo, cuándo, dónde y por qué; con el viejo y tradicional modo de chequear la información con las fuentes independientes. En los tiempos de polarización se hace muy difícil porque lo que en realidad se polariza es la opinión, no la información. Entonces, se antecede todo al “yo pienso, yo creo” antes que contar la historia. Me parece que uno debe, dentro de la medida de las posibilidades, aislarse de la polarización, contar con la rigurosidad del caso y opinar con la tranquilidad de lo que se está diciendo, con la opción de cambiar de opinión si uno ve que los argumentos lo ameritan.
-Los periodistas, en general, no son buenos para la autocrítica. ¿Te arrepentís de algo en tu carrera?
– A los periodistas, en general, no nos gusta la autocrítica. Siempre enmascaramos de presunta censura o de intromisión en nuestro trabajo lo que debería ser una autocrítica. Somos de los pocos países que no tiene un manual de ética periodística más o menos consensuado. En otros países existen, no son obligatorios, pero sí deberíamos tener algún tipo de manual de estas características. Sí me arrepiento de un montón de cosas, obviamente. Me arrepiento de haber usado mucho la primera persona del singular cuando -como dice Beatriz Sarlo en su último libro póstumo- “hay que ganarse el derecho a la primera persona”.

-Participaste en la marcha del orgullo tras el discurso de Milei en Davos. ¿Qué te motivó a unirte a esta manifestación y cuál es tu perspectiva sobre la reacción social ante dichos discursos?
– Me tocó participar en la Marcha del Orgullo estando afuera. Estaba en Madrid presentando mi novela, así que estuve allí. Lo que sí hice fue una fuerte convocatoria. Yo participo de las marchas desde hace muchísimo tiempo, antes de manera mucho más anónima porque no era conocido aquí en Buenos Aires. ¿Qué me motivó a realizar la convocatoria? Que me parece que se había traspasado un límite. Mi expresión exacta fue “es hasta acá”. Uno puede debatir un montón de cuestiones, pero la diversidad, la identidad de género, la horrible comparación que se hizo entre las parejas gays y los abusadores, me parece que merecían que hubiese una manifestación pública.
-¿A qué le atribuís este tipo de declaraciones por parte de Milei? ¿Le suman a nivel nacional e internacional?
-No entiendo bien de dónde es, cuál es la raíz de las declaraciones del Presidente. Lo entrevisté bastante antes de ser Presidente, después nunca tuve la oportunidad de hacerlo cuando asumió y daba la impresión de ser una persona liberal en ese aspecto, no sólo en lo económico sino de no estar ocupado de las elecciones o las orientaciones sexuales. No entiendo. Probablemente el contexto internacional lo haya llevado como para posicionarse o quizá le haya aflorado alguna mirada que finalmente termina siendo homofóbica. No lo entiendo. Milei dijo muchas veces que el proyecto de vida debía ser respetado. Que no le importaba el matrimonio igualitario porque no creía en el matrimonio. No entendí esa comparación que hizo en Davos.
-Primero fue Lali, luego María Becerra, después Milo J. ¿Por qué considerás que el Presidente decide enfrentarse con los artistas?
-Creo que la estrategia de la Presidencia de utilizar referentes muy notorios es una estrategia comunicacional ya muy estudiada en la academia, no es sólo oponerse a un tema, es ponerle nombre y apellido a un tema. Una cosa es decir estoy en contra del progresismo, otra cosa es decir estoy en contra de Lali. Una cosa es decir estoy en contra del discurso de género y otra cosa es utilizar a tal persona. Me parece como que le da una potencia, una amplificación y también distrae en el debate público. Hay otros temas muchísimos más centrales que no estamos debatiendo y la amplificación que le dan personajes tan interesantes como Lali Espósito y María Becerra distraen.

-Mencionaste que “hay un feo clima de época” en referencia al ambiente político y social actual. ¿Qué factores creés que contribuyen a este clima y cómo podríamos trabajar para mejorarlo?
-Cuando digo que hay un feo clima me refiero a que hay un clima violento. Me parece que la violencia verbal siempre precede la violencia física. Cuando hay este nivel de adjetivación, de descalificación, de desprecio, que pregonan desde lo más alto del poder hacia abajo, me parece que se habilita la posibilidad de que cualquiera se sienta con el derecho de llevar a los hechos lo que se dice verbalmente. Esto es lo que veo. Me parece que hay un clima muy feo de habilitación de la violencia verbal. Nosotros en la historia argentina y en la del mundo hemos aprendido que cuando se termina la palabra lo próximo es la vía del hecho.
-Sos muy crítico del Gobierno anterior. ¿En qué estamos mejor y en qué retrocedimos?
-El Gobierno anterior hasta ahora es el peor gobierno de la historia de la democracia. No sólo por los índices económicos y sociales, sino esencialmente por el nivel de corrupción que ya se ha denunciado con distintas causas, por el encolumnamiento de la Argentina con movimientos terroristas como Hamás, la simpatía por gobiernos autoritarios como el de Putin, como el de Cuba, como el gobierno de Ortega. Me parece que internacionalmente perdimos el norte definitivamente. Me cuesta entender en qué estamos mejor y en qué estamos peor. Me parece que hay cosas que deberían generar un análisis más individual.
-¿Es la justicia uno de los principales problemas de nuestro país? ¿Cuáles serían a tu criterio los temas prioritarios a resolver?
-La Justicia y cuando digo la Justicia, digo la designación y la remoción de los jueces, es un tema importante. Sin la menor duda, los dos temas centrales, y en esto todas las encuestas del país coinciden, son la seguridad y la economía. Esto es la seguridad física, la enorme ola de la delincuencia y el día a día en lo económico. Estos son los dos temas centrales.

-¿Cuál es tu opinión sobre el Caso $LIBRA y el vínculo de Milei con X?
-Creo que el caso $LIBRA tiene un impacto que amerita una explicación que el Gobierno aún no ha dado. A primera vista, resulta prima facie e incompatible que el Presidente de la Nación promocione un negocio privado, algo expresamente prohibido en el artículo 2, inciso G, de la Ley de Ética Pública. No se ha esclarecido en qué términos apareció involucrado en este asunto. Además, existe una investigación en curso, no solo en Argentina sino también en el exterior, que revela conexiones entre figuras de dudosa reputación y el círculo más íntimo del Presidente. Me parece un hecho de una gravedad inusitada.
-¿Cuál es tu análisis de lo que ocurrió durante la apertura de sesiones del Congreso?
-Creo que pasaron un montón de cosas en la apertura de las elecciones ordinarias. Primero, Milei dio un discurso de campaña antes que un discurso de la Nación. Luego me pareció bochornosa la ausencia de los diputados y los senadores. No es una facultad ir a la Asamblea Legislativa: es una obligación. El episodio con Facundo Manes me parece que se había zanjado con la contestación del Presidente y luego el acto de patoterismo del asesor presidencial me parece inadmisible.
