Florencia Abramzon

Directora General

Aprendí a agradecer y a no olvidar a las personas que me ayudaron en mi trayectoria: en primer lugar, a mi madre, QEPD, por haberme enseñado el valor de la independencia femenina por sobre todo mandato social existente. Gracias a ella pude reconocer mediante sus expresiones ante mis primeros escritos, el placer que siento por la redacción y por la expresión escrita de verdades y pasiones que solamente restan ser bajadas a palabras.

La abogacía y el derecho como leitmotiv, como impulso inconsciente que necesita salir a revelar o producir justicia de los hechos ocurridos. Siento profundamente al don de la justicia y al del equilibrio marcado en mi espíritu, y no solamente en relación con el ámbito estrictamente judicial; sino que también lo percibo en lo personal y en lo emocional.

Mi derrotero por la justicia es un camino inexplicablemente incierto, donde cada trabajo no ha tenido absolutamente nada que ver con otro, sin perjuicio de que se haya ido gestando en cada uno de ellos, quien soy hoy.

He comenzado a trabajar en un estudio liderado enteramente por abogadas, donde aprendí cómo se iniciaban estas mujeres de alta estirpe en el mundo jurídico. Sospechaba que aquello podría dejarme grandes enseñanzas, sin ir más lejos, haber visto con mis propios ojos que el ambiente judicial no estaba diseñado únicamente para ser liderado por el género masculino como se nos quiso hacer creer alguna vez en algún lugar…

Destaco la enseñanza que me ha dejado en aquella etapa la Dra. Florencia Heredia, jefa de jefas.

Para continuar, ingresé a trabajar al estudio jurídico R.P.J. Abogados; ya con algunos conocimientos académicos más formalizados, tuve el gran honor de conocer a un colega formidable, con quien compartí grandes años de oficina y litigios varios. Diego Brian Gosis, quien fue entrevistado en la primera edición de Quórum, me acompañó con su gran conocimiento en el derecho, mucho más de lo que podría haber imaginado.

Por fin la cosa se ponía más divertida, había empezado a trabajar en Comodoro Py, en el Juzgado Federal Nro. 4 a cargo del Dr. Ariel Lijo. Allí el trabajo se había tornado más serio, la responsabilidad interna había aumentado en un 90 por ciento, mi carrera transitaba su cuarto año de cursada y el orgullo que sentía de trabajar ahí era inexplicable. Lo que pasaba a diario era motivo de tapa de muchos de los diarios más reconocidos del país; el clima era pesado y había que poner mucho pecho para sostenerlo…Ahí fue cuando además de descubrir mi pasión por el derecho penal, aprendí a disciplinarme más que nunca. No había excusas, se trabajaba a cal y canto.

Tuve la suerte y el honor de haber tenido un jefe de esa talla, que nos enseñaba con su andar y con su presencia, que no se  necesita hablar para imponerse.

Allí aprendí que la justicia está en la piel, y el que lo siente, lo siente.

Coleccioné vastas experiencias, no podría nombrarlas a todas, ni dejar de nombrar a ninguna; porque todas eran demasiado reveladoras y yo no era consciente del camino interesante que recorría… La más destacable: cuando Ariel, me entregó el título de abogada con un abrazo de confianza en el Salón Principal de la Facultad de Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Momento único y memorable, día que no olvidaré jamás.

Posteriormente tuve el agrado de trabajar como asesora legal en la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación. Fue un periodo intenso debido a que en el lapso aproximado de siete meses habían sucedido cinco jefes de ministros diferentes, y además de acompañar esas transiciones, pude conocer personalmente el trabajo dentro del Poder Ejecutivo Nacional.

Increíblemente, se manifestó a posteriori una oportunidad para trabajar en el inicio de la gestión a cargo de la Corte Suprema de la Justicia Nacional cuando tomaba el mando de la Dirección de Escuchas Telefónicas, actualmente conocida como DAJuDeCO.

Tuvimos el agrado de recibir por parte del personal del Ministerio Público un excelente traspaso de lo que aquella específica actividad traía en particular; mucho más complejo y difícil de lo que uno se puede imaginar. Si bien en un principio todo aquello parecía chino básico, dado que se trata de un lenguaje muy técnico y particular; terminé dominando el sistema casi como si lo hubiera creado. Era tal la responsabilidad que se manejaba en el sector de escucha directa a cargo de los secuestros extorsivos, que no dormía pensando en las víctimas, en los protocolos de confidencialidad y demás procedimientos técnicos. He pasado una infinita cantidad de noches sin dormir, trabajando a la par de las fuerzas de seguridad y de los damnificados por ese delito tan mortificante.

Ya era hora de saltar, de tener mi lugar, mi espacio, mi nicho, de ser yo, sin horarios, sin preguntas, con respuestas para dar…

Solté miedos y a volar! Me dejé acompañar por la astrología, el yoga y demás prácticas alternativas que me permitieron ver, entre otras cosas, que hay una etapa de la vida -que es la que actualmente camino- en la que transitamos un ciclo de vida llamado “tirón del alma”, en el cual el ser humano pasa por grandes redefiniciones que expanden la conciencia, y nos convoca a conocer nuestras verdaderas motivaciones para movernos en el mundo, y con ello hacernos cargo de quién queremos ser y manifestar. Me propuse ir para ese lado, descubrir cómo quería hacerlo y definir hacia dónde ir. El camino no era fácil, los “beneficios” de estar bajo el ala del poder judicial eran altos con relación a la domesticación que impone la sociedad. Así y todo, insistí; convencida de que habría algún espacio en el que podría disfrutar de hacer lo que sé y me gusta hacer. Considero al éxito como el placer de disfrutar de trabajar y de poder estar al servicio de la comunidad haciendo lo que nos gusta.

Como siempre sucede cuando uno está dispuesto a crecer, llegan los compañeros de ruta que estarán a tu lado.

Mis amigas, mis socias, Romina y Sabrina, son las personas con las que comparto Quórum. Este proyecto, reúne todas las curiosidades que me ha gustado investigar en mi camino.

Nos doy la bienvenida a este espacio, deseo que sea con infinita gratitud.

Por último y no menos importante, agradecer a mi padre, por guiarme en el camino de la excelencia, a mis hermanos -Elizabeth, Gabriela y Francisco-, a Ryki, mi compañero de aventuras y a mis dos hijas, Sophia y Chantal, por ser la fuente de mi mayor inspiración.

 

​​​​​​​​​Florencia Abramzon.-