Desde su profundo compromiso con los más vulnerables hasta su llamado a la paz, el diálogo y el respeto por los derechos humanos, el Papa Francisco dejó una huella imborrable en la Justicia argentina. Jueces, fiscales y autoridades recuerdan su influencia, sus enseñanzas y su cercanía humana.

La muerte del Papa Francisco dejó un vacío inmenso en el mundo entero, pero también sembró un legado que perdurará. En nuestro país, quienes integran el sistema de Justicia destacan no sólo su compromiso inquebrantable con la dignidad humana, la inclusión y la equidad, sino también su cercanía personal y su interés profundo por las reformas judiciales y los derechos de los más vulnerables. A través de testimonios de jueces, fiscales y defensores a Quórum, este informe recorre la impronta que Francisco dejó en la Justicia argentina y su incansable llamado a construir un mundo más justo, humano y fraterno.

El juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Ricardo Lorenzetti, se mostró muy conmovido con la muerte de Francisco. Desde Roma, donde estaba por una serie de reuniones en el Vaticano, expresó: “El Papa Francisco fue un líder espiritual para toda la humanidad. Bregó por la paz y el encuentro entre todas las posiciones. He participado personalmente en los encuentros por el diálogo interreligioso, en los que hizo un esfuerzo enorme por acercar posiciones entre las tradiciones cristiana, judía, musulmana y ortodoxa. Intervino en los grandes temas de la humanidad y, muy especialmente, en la defensa del ambiente”.

Agregó: “Tuve la oportunidad de intervenir en numerosos encuentros que organizó en la Academia del Vaticano sobre la protección ambiental, y siempre fue un líder, a través de su encíclica Laudato Si. También se ocupó de los riesgos de la inteligencia artificial y se enfocó en la ‘Algoretica’, es decir, impulsar un uso responsable de los algoritmos para evitar el control social. Favoreció la defensa de los derechos fundamentales, con independencia de la ciudadanía, y por eso defendió a los inmigrantes como personas. También a los adultos mayores y a todos los excluidos. Un gran defensor del rol de los poderes judiciales”.

Concluyó: “Perdemos a un amigo, un guía y un líder espiritual, pero ganamos un legado que perdurará y sostendremos”.

El ministro de Justicia de la Nación, Mariano Cúneo Libarona, recordó: “Fue mi profesor de primer grado en el Colegio El Salvador, a quien seguí toda su vida en la orden jesuita. Me llenó de orgullo. Lo visité ya como Papa y me trató con amor y amistad. Recordaba con cariño a todos sus compañeros y profesores de tantos años. Un agradecido a la vida y al rol tan importante que ejercía”.

Añadió: “Brevemente en la Justicia me destacó su importancia, la necesidad de que sea para todos y la igualdad ante la ley, la protección de los débiles, niños y mayores, y empleó la palabra ‘vulnerables’, que no era tan habitual en esos tiempos. Me dio un consejo: ‘Mariano, luchá siempre por la justicia’”.

El procurador General interino, Eduardo Casal, sostuvo: “El Ministerio Público Fiscal lamenta profundamente el fallecimiento del Papa Francisco, quien nos ha dejado un enorme legado con su trabajo por la tolerancia, la paz, el diálogo y la justicia”.

La defensora General de la Nación, Stella Maris Martínez, destacó: “La incansable defensa del Papa por la dignidad humana y su llamado a la justicia. Nos inspira a continuar la labor desde la defensa pública, donde cada defensor y defensora se convierte en un portavoz de esperanza para quienes a menudo quedan en el silencio. En su memoria, renovemos nuestro compromiso de luchar por un sistema que garantice igualdad y justicia para todos/as, sin distinción. Que su ejemplo nos impulse a ser valientes en la búsqueda de una sociedad más equitativa, donde cada voz cuente y cada vida importe”.

El juez federal Ariel Lijo manifestó: “El Papa fue un hombre simple, austero, de legados trascendentes en términos de inclusión, de misericordia, de compasión por quienes se encuentran fuera del sistema, los que menos tienen, los más humildes, los excluidos. Un legado de puentes y no de muros. Un legado de conciencia sobre el cuidado de nuestro planeta y el uso responsable de la tecnología, pensando en el desarrollo siempre desde lo social”.

Asimismo, expresó: “Y un mensaje para los jueces y fiscales de sacrificio, esfuerzo, valentía y dedicación en favor de las víctimas de trata de personas y del crimen organizado en todas sus formas. Todo lo que predicó como sacerdote en Argentina lo desarrolló como Sumo Pontífice. Le tocó transitar momentos complejos del mundo y siempre trabajó por un cambio social positivo. Es sin dudas una pérdida enorme para la humanidad”.

El juez federal Daniel Rafecas escribió: “Murió Francisco… el mundo perdió un defensor de aquellos que menos tienen, el planeta un luchador por la ecología, los migrantes e indígenas un portavoz de sus derechos; las religiones, un hombre de diálogo y de encuentro… La foto es de 2016, el honor más grande que tuve en mi vida fue aquella reunión a solas con él en Santa Marta. Llevaré conmigo siempre sus consejos. Que su paso deje huella”.

El juez en lo Penal Económico, Javier López Biscayart, expresó: “El Papa Francisco trascendió la figura religiosa para convertirse en un líder global cuya influencia se sintió. Su mensaje de armonía resonó en mí de manera significativa. Su voz, que abogaba por los marginados y criticaba las desigualdades, representó un faro de esperanza en un mundo marcado por la división. Su partida, sin duda, deja un vacío irreparable, no solo para la Iglesia Católica, sino para todos aquellos que valoramos la humanidad compartida y la construcción de un mundo más justo. Su legado, para mí, se resume en su constante llamado a la fraternidad y a la amistad social, recordándonos que somos parte de una única familia humana”.

Además, señaló: “El Papa Francisco nos dejó un mensaje poderoso y multifacético, relevante tanto para los jueces como para la humanidad en general. En primer lugar, nos recordó la importancia de la misericordia y la compasión. Para los jueces, esto implica ir más allá de la aplicación estricta de la ley y considerar las circunstancias humanas que rodean cada caso. Nos instó a buscar la justicia restaurativa, aquella que busca la reconciliación y la reparación del daño, en lugar de la mera retribución. En segundo lugar, nos llamó a defender la dignidad humana y los derechos de los más vulnerables. Para los jueces, esto significa garantizar el acceso a la justicia para todos”.

El presidente de la Cámara Federal, Mariano Llorens, señaló: “El Papa Francisco, antes de su pontificado, tuvo una trayectoria muy significativa en Argentina que influyó en su perspectiva sobre la Justicia. Primero como Provincial Jesuita y luego como Arzobispo de Buenos Aires mostró una profunda preocupación por los problemas sociales y la desigualdad, desarrollando siempre su pastoral respecto de la ‘opción por los pobres’. Su labor pastoral en las villas de emergencia lo puso en contacto directo con la pobreza y la injusticia social”.

Amplió: “Será recordado por su rol activo en la denuncia y el combate contra la trata de personas y el tráfico de migrantes, delitos que afectan a los más desprotegidos. Sus mensajes y acciones reflejaban una constante preocupación por la justicia social y la necesidad de un sistema judicial que protegiera los derechos de todos. Su legado permanecerá. Su presencia en las épocas más oscuras de nuestro pasado reciente lo colocó en un lugar de altísima consideración y respeto. No será recordado solo como el Papa argentino, sino como el argentino que trascendió su nacionalidad para llevar una impronta diferente a la historia. Tuve el honor de ser recibido por él en una audiencia privada de unos 40 minutos, donde compartí mi visión sobre el Poder Judicial y recibí sus valiosos consejos. Es un recuerdo que atesoraré toda la vida”.

Los jueces Petrone, Borinsky y Capuchetti junto al Papa Francisco durante su visita al Vaticano.

El presidente de la Cámara Federal de Casación Penal, Daniel Petrone, manifestó: “Hemos sido honrados con la posibilidad de conocer personalmente al Papa Francisco en una reunión que recordaremos toda la vida. Su mirada misericordiosa y la simpleza y profundidad de sus conceptos han dejado una huella destinada a perdurar”.

El juez de Casación Mariano Borinsky expresó: “El Papa fue todo. Una persona humilde, prudente, sabia, profundamente conocedora de los problemas locales y, en particular, de los problemas de la justicia. Humano, cálido… esos son algunos de los aspectos que percibí personalmente cuando tuve la oportunidad de estar con él”.

Agregó: “El año pasado tuve una audiencia privada de una hora, uno de los momentos más importantes de mi vida. Me encontré con alguien sumamente comprometido e informado. Me dijo que apoyaba el nuevo Código Penal y el nuevo Código Procesal Penal Federal (sistema acusatorio) y manifestó su preocupación por la baja de la edad de imputabilidad. Insistió en que a los chicos hay que educarlos. Remarcó también la importancia de la resocialización de los presos y me pidió que le mantuviera informado sobre los avances del proyecto”.

Recordó: “Desde que llegamos, se mostró atento y cálido: nos recibió en la puerta y, al despedirnos, me hizo un chiste: ‘Uno acompaña a la puerta por dos motivos: por cordialidad y porque, si no, no se van más’. Nos dio una bendición para toda la familia. Ese encuentro me dejó una enseñanza de integridad, compromiso y profunda humanidad”.

La jueza federal María Eugenia Capuchetti expresó: “El encuentro con el Papa Francisco fue un momento de profunda reflexión y conexión humana. Su mensaje constante de humildad, compasión y preocupación por los marginados resuena en mí de manera especial. Era innegable su cercanía a las problemáticas sociales de América Latina, y en ese sentido nos manifestó su compromiso con la actualidad judicial de nuestro país, interesándose por la reforma del Código Penal, exponiendo su preocupación por la situación de las personas privadas de la libertad, la necesidad de combatir con eficacia y celeridad el crimen organizado, el narcotráfico, la corrupción y demás cuestiones de interés social. Nos recordó la importancia de humanizar la justicia y no convertirla en un mero mecanismo impersonal, como también la necesidad de concientizar a los magistrados del deber que tenemos a nuestro cargo. Su insistencia en que ‘sin justicia no hay paz’ nos interpela a trabajar activamente por sociedades más inclusivas y solidarias”.

El juez de la Cámara Federal de Casación Penal, Alejandro Slokar, afirmó: “El Papa dejó un legado que ilumina a la humanidad. Tenía un absoluto compromiso con el oprimido y el descartado, lo cual reconduce a un trabajo que, en tanto cardenal, ya había inaugurado en 2007 en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (CELAM), en Aparecida, Brasil”. Slokar prefirió compartir una carta que le envió Francisco en 2022, en su calidad de presidente de la Asociación Argentina de Profesores de Derecho Penal. En ella, el Papa escribió: “Para que la función penal no se convierta en un mecanismo cínico e impersonal, necesitamos personas nutridas en formación técnica, pero sobre todo apasionadas por la Justicia, conscientes del gran deber que cumplen”.

La jueza federal con competencia electoral María Servini, quien atesora una carta manuscrita que le envió Bergoglio, señaló: “Recordar a su Santidad el Papa Francisco es traer al corazón la imagen de un hombre lleno de bondad, humildad y entrega. Su opción de vivir en la Casa Santa Marta reflejó esa elección de sencillez y cercanía que tanto predicaba. Su mirada atenta, su palabra de consuelo y su preocupación constante por los que más sufren fueron siempre su sello. No importaba la distancia ni las dificultades, su deseo de estar cerca de los demás y de llevarles esperanza nunca cesó. Siempre tenía una palabra de aliento para quien lo necesitaba. Hoy, con profunda gratitud, elevo una oración por él, como tantas veces lo pidió: ‘Recen por mí’. Así lo hice y así seguiré haciéndolo”.

El juez federal Andrés Basso, presidente de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional, resaltó: “Francisco ha sido un líder religioso que siempre predicó con el ejemplo. A lo largo de toda su vida pastoral, su discurso estuvo permanentemente avalado por sus actos. En su papado llevó adelante una revolución silenciosa, sustentada por sus obras y su prédica orientada especialmente a las franjas más desprotegidas y vulnerables del sistema”.

Agregó: “Nos ha dejado un legado que sin dudas nos orientará e inspirará para el desempeño de nuestra trascendente función judicial. Destaco sus cartas encíclicas Laudato Si, sobre el cuidado de la casa común, Fratelli Tutti, sobre la fraternidad y la amistad social, y sus exhortaciones apostólicas Laudate Deum, sobre la crisis climática, Christus Vivit, dirigida a los jóvenes, y Amoris Laetitia, sobre el amor en la familia”.

El juez federal José Antonio Michilini contó: “La charla que mantuve con el Papa Francisco fue muy importante porque, con gran aplomo y serenidad, hablamos de nuestros flagelos. Nos dijo que nuestra tarea de juzgar es muy importante y que nunca hay que perder el sentido de justicia, aunque sea en plena adversidad. La sociedad nos necesita y el tiempo dará la razón de ese obrar”.

El juez federal Julián Ercolini reflexionó: “Es difícil evitar el lugar común de que fue una de las personas más importantes e influyentes de la historia de la Argentina. Más allá de ese sentimiento y privilegio de considerarlo ‘nuestro’ Papa, fue sin duda un líder espiritual global indiscutido, que logró una transformación en la Iglesia cuyos efectos seguirán cosechándose por muchos años. Como me lo definió un amigo, todo lo que decía y hacía era en clave evangélica, al punto de que desde su deterioro de salud de los últimos meses transitó su propio vía crucis para llegar con vida hasta la Pascua”.

Amplió: “No sólo sus actos, también sus propuestas y consejos fueron legados explícitos sobre la importancia de la justicia en las democracias. Propuso que los jueces y fiscales sintamos la responsabilidad ante la sociedad y abramos ‘brechas y nuevos caminos de justicia en beneficio de la dignidad humana, de la libertad, la responsabilidad, la felicidad y, en definitiva, de la paz’. Durante su discurso en la Cumbre Internacional de Jueces y Magistrados contra el Tráfico de Personas y Crimen Organizado en 2016, dijo: ‘El juez es a la justicia como el religioso y el filósofo a la moral, y el gobernante o cualquier otra figura personalizada del poder soberano es a lo político. Pero solamente en la figura del juez la justicia se reconoce como el primer atributo de la sociedad’, lo cual debe rescatarse ante la tendencia global a licuar su figura”.

El juez federal Franco Fiumara recordó: “Conocí a Jorge Bergoglio en la década del 90, siendo Arzobispo de Buenos Aires, a través de mi hermano Enzo, que trabajaba en organismos italianos como el Consulado de Italia y luego el ENIT. Tenía un trato campechano y agradable. Compartimos eventos académicos y religiosos en la UCA y embajadas. Era de memoria increíble: siempre preguntaba por mi hermano. Incluso intercambiábamos palabras en italiano. Tras asumir como juez en 2000 y luego de la crisis de 2001, hablábamos sobre temas del distrito, que conocía muy bien. Jamás olvidaré su trato cordial y simpático”.

Agregó: “Incorporé como propia una frase suya: ‘Sé justo. Hay que cuidar a los que no tienen posibilidades’. Aprendí de él a reclamar públicamente sobre las víctimas de ISIS y las minorías religiosas en foros internacionales. Siempre estaré agradecido de haberlo conocido antes de que fuera Papa”.

El fiscal federal Carlos Rívolo sostuvo: “Siento que este Papa ha enseñado y transmitido al mundo que dialogar es la consigna. Que las diferencias, aún existentes, son vencibles a través de la palabra. Que los puentes nunca deben romperse. Su mensaje fue mucho más que religioso y trascendió a los 1200 millones de católicos”.

El fiscal General de la Ciudad y presidente de la IAP, Juan Bautista Mahiques, destacó: “El Papa Francisco significó un cambio de paradigma para el orden político mundial. Con cada acción y palabra nos recordó que no hay que perder el objetivo central: buscar la solidaridad, la justicia y el bien común. Nos dejó su constante llamado a la esperanza y a la vida”.

El juez del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de Buenos Aires, Luis Lozano, aseguró: “Francisco ha cumplido el tránsito inexorable. Como la piedra que horada el agua, desaparece de nuestra vista, pero el agua perdura y ya no es la misma: círculos concéntricos sucesivos le imprimen una dinámica creciente. Así imagino su legado, construido alrededor de un eje común, iluminador de consecuencias que desarrollaremos quienes nos expongamos a sus enseñanzas”.

Agregó: “Eligió el nombre Francisco, referencia a la austeridad, al desprendimiento, a la pobreza, y también al mensaje de relación fraterna con la naturaleza. Laudato Si examina el antropocentrismo, Fratelli Tutti apuesta por la amistad entre los seres humanos, y Dilexit Nos aborda el amor como centro. Convivieron en su persona un pensador profundo y el hombre gozoso de compartir un mate. Rescato su visión del ser humano como un mundo anímico corpóreo, con un centro unificador que da sentido y orientación a la vida”.

El procurador General de la provincia de Buenos Aires, Julio Conte Grand, expresó: “Francisco fue la máxima autoridad de la Iglesia Católica a la que pertenezco, y desde esa situación dejó múltiples enseñanzas: la necesidad de revalorizar el todo social, ocupándose prioritariamente de quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad. También enseñó a recibir la vida como viene, como fuente de aprendizaje y vitalización. A afrontar cada situación con alegría, porque ‘no se puede anunciar a Jesús con cara de funeral’”.

Concluyó: “Francisco tuvo una profunda consideración de la noción de justicia, tanto como virtud cardinal como como institución. Enfatizaba que la sola justicia no basta: era imprescindible actuar también con caridad y misericordia. Reclamaba perfeccionar la formación de los operadores jurídicos y alentaba a un contacto más directo con la realidad, para rejerarquizar la Justicia”.

El presidente del Colegio Público de la Abogacía de la Capital Federal, Ricardo Gil Lavedra, señaló: “El Papa Francisco se destacó por su estilo cercano, sencillo, humilde y comprometido con los más desposeídos: los pobres, los privados de su libertad, los migrantes. En tiempos de crispación y polarización, se mantuvo fiel a un tono moderado y conciliador. Nunca perdió su esencia: la de ser un pastor sereno, con vocación de paz y diálogo”.