Nació en Buenos Aires, emigró a Estados Unidos con su familia y hoy integra el primer tribunal de negocios de Texas en más de 60 años. En una charla con Quorum, habló de justicia, inmigración, género y del legado familiar que guía cada una de sus decisiones.
Sofía Adrogué nació en Buenos Aires pero emigró a Estados Unidos siendo una niña, cuando su padre -un reconocido médico argentino- recibió una beca de la Organización Mundial de la Salud (OMS). A los ocho años aterrizó con su familia en Boston. Hoy, varias décadas después, es una de las juezas más influyentes de Texas y forma parte de la flamante Corte de Negocios de Texas.
Durante una charla cálida y apasionada durante su última visita a nuestro país, habló con Quorum sobre sus raíces, su carrera, su amor por Argentina y su rol pionero en una Corte diseñada para resolver litigios empresariales multimillonarios.
Orígenes y emociones
El padre de Sofía, el Dr. Horacio Adrogué, y la madre, Sara Adrogué, son figuras fundamentales en su vida. Médico especializado en cardiología y neumología, el Dr. Adrogué fue invitado a Estados Unidos tras obtener una prestigiosa beca de la OMS. Publicó trabajos científicos en las revistas médicas más importantes del mundo y desarrolló fórmulas utilizadas en tratamientos de diálisis que aún llevan su nombre. “Papá tiene 82 años y hasta el año pasado seguía publicando en el European Journal of Physiology. Es un académico brillante y un ejemplo de entrega. Salvó muchas vidas, y nunca buscó enriquecerse: siempre priorizó el servicio público”, cuenta su hija con orgullo.
La familia llegó inicialmente a Boston, luego se trasladó a Houston, donde el Dr. Adrogué se incorporó al Texas Medical Center. “Fue invitado por Baylor College of Medicine. Yo tenía apenas ocho años. Íbamos por un año y nos quedamos toda la vida. Siempre supe que mi padre y mi madre tenían una misión y eso me marcó profundamente”, señaló.
Sus padres inculcaron en sus hijos Sofía, Horacio, Soledad, Matías y Marcos una cultura de exigencia y un profundo respeto por la educación. Continuando una tradición familiar, los cinco hermanos siguieron carreras de posgrado en medicina o derecho, convirtiéndose todos en médicos o abogados.
La jueza atribuye gran parte de su trayectoria al legado familiar que la marcó desde siempre: una ética de trabajo implacable, empuje, valor por la educación, curiosidad intelectual, carácter y humanidad. Esos principios, transmitidos por sus padres, siguen siendo una guía constante en su vida. Tanto así, que ella misma revela un símbolo de ese vínculo: siempre viste de negro, con sobriedad, pero lleva con orgullo la medalla de oro de su padre. “No la traje en este viaje, pero siempre la uso”, dice con una sonrisa cargada de afecto.
Se emociona cuando habla de su familia y de Argentina. “Adoro volver a Buenos Aires. Cada vez que visito Adrogué con mis tres hijos me invade la nostalgia”, confiesa. Cuenta una anécdota encantadora: en una visita familiar, quiso saber si en el museo local tenían el libro “Adrogué” de Jorge Luis Borges. Le respondieron que no, y agregaron que una mujer de Estados Unidos estaba comprando todas las ediciones. Ella sonrió: hablaban de ella. En su siguiente visita, llevó un ejemplar como regalo.
“Uno de mis mayores orgullos es mi familia”, confiesa. Y evoca con ternura una entrevista que le hicieron a sus hijos hace algunos años, cuando sorprendieron con una respuesta inesperada: la mejor forma de describir a su madre se encontraba en el quinto capítulo de Ruido Blanco, la novela distópica de Don DeLillo. Allí, en medio de una pandemia mundial, aparece una madre fuerte y serena, definida así: “Tiene un cabello importante… Debe ser buena con los niños. Es más, apuesto a que es genial tenerla cerca en una tragedia familiar. Sería de las que toman el control, muestran fuerza y afirmación”.
Sloane, Schuyler y Stefan agregaron su propio retrato: “Lectora voraz y escritora prolífica, nuestra madre encadena mantras aliterados para pronunciarlos frente a miles de personas. Pero nuestro grito de guerra favorito es la canción de aliento que canta por teléfono antes de un examen o una entrevista. Ella está convencida de que cada persona aporta su propio ingrediente único; podemos decir sin dudar que el suyo es una mezcla de determinación, optimismo feroz y té chai latte de Starbucks”.
Visiblemente emocionada, Sofía refuerza: “Mi familia nuclear me enseñó a escalar cumbres. Me ha proporcionado la base para escalar con éxito y, idealmente, algún día, alcanzar la cima. Mi meta es que ellos aprecien a diario nuestro enfoque en la educación, el trabajo, la fe, la humildad y la integridad, valores que considero indelebles. Por lo tanto, para mí, mi mayor apoyo ha venido de mi familia y de las oportunidades que me ha brindado Estados Unidos”.





Trayectoria académica
El rigor intelectual inculcado en su hogar se tradujo en una trayectoria académica impecable. Adrogué se graduó con los más altos honores de cada institución a la que asistió, siempre con becas académicas completas que reconocían su excepcional talento.
En 1988, obtuvo su licenciatura en Inglés y Estudios Jurídicos de Rice University, graduándose magna cum laude y siendo elegida para la prestigiosa sociedad de honor Phi Beta Kappa.3 Continuó sus estudios en el University of Houston Law Center, donde en 1991 obtuvo su título de Juris Doctor, nuevamente magna cum laude, y fue admitida en las sociedades de honor más exclusivas, la Order of the Coif y la Order of the Barons.
Su formación no se detuvo ahí. En una decisión que revela una visión estratégica poco común, complementó su educación legal con una inmersión en el mundo de los negocios al graduarse del prestigioso Owner/President Management (OPM) Program de Harvard Business School.
Este movimiento no fue un mero adorno curricular; fue una inmersión en la mentalidad de los líderes empresariales cuyos complejos problemas legales ella resolvería. Fue la primera mujer en casi cuatro décadas del programa en ser elegida como presidenta de clase y oradora principal. “Me costó mucho, lo pagué yo misma. Pero fue una experiencia transformadora”, cuenta.
Esta triple formación de élite -en humanidades, derecho y negocios- es fundamental para comprender su perfil. No es simplemente una abogada que entiende de negocios; es una estratega que domina el lenguaje y la lógica de tres mundos interconectados: el poder de la argumentación (humanidades), la estructura de las reglas (derecho) y la dinámica de la creación de valor (negocios).
En el ámbito del servicio comunitario, ha participado activamente en organizaciones de liderazgo en todo Texas. “Soy graduada de Leadership Texas, Leadership Houston y del American Leadership Forum, además de haber integrado la Junta Directiva de Texas Lyceum, un reconocido grupo de liderazgo estatal. Estoy convencida de que esta experiencia de voluntariado y liderazgo comunitario me preparó para servir desde la función judicial”, afirma.
Uno de sus compromisos más firmes ha sido fortalecer a la juventud -en especial a jóvenes en situación de vulnerabilidad- a través de la educación y el liderazgo. En ese camino, fue presidenta y directora de Girls Inc. of Greater Houston, organización con la que estuvo vinculada por más de una década. También cofundó, junto a la jueza Caroline Baker, el Foro de Liderazgo Juvenil, dirigido a estudiantes de escuelas públicas y privadas de todo Houston. Esta iniciativa, que ya alcanzó a miles de jóvenes, se realizó en la Universidad Rice bajo el lema “Involucrar, educar y empoderar: mediante el servicio, lideramos”. Durante más de 15 años -hasta la irrupción de la pandemia, copresidió y proyectó este foro que brinda a los participantes experiencias transformadoras, tales como: el diálogo con líderes emergentes y consolidados de la comunidad, una mejor comprensión del funcionamiento del gobierno local y nacional, una mirada profunda sobre cómo las organizaciones comunitarias construyen futuro, y la convicción de que, con educación y esfuerzo, es posible alcanzar cualquier sueño, sin importar el punto de partida.
A lo largo de su trayectoria, ha presidido numerosos eventos y formado parte de los directorios de instituciones clave del Condado de Harris, como CHRISTUS Health Gulf Coast, la Fundación del Sistema de Salud Memorial Hermann, el Museo de Bellas Artes de Houston, Theatre Under the Stars, United Way of Greater Houston y la Fundación del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas, entre otras. También integró los consejos de ex alumnos de sus tres alma máteres: St. Agnes, la Universidad Rice y la Facultad de Derecho de la Universidad de Houston. Fiel a su creencia de que la educación es el gran igualador social, formó parte de la Junta Directiva de The Chinquapin School.
Una práctica diversa y de alto impacto
Como socia durante muchos años en un importante estudio de abogados, Adrogué se especializó en litigios comerciales complejos y procedimientos multipartitos. Su práctica abarcó todo el espectro de la resolución de disputas, desde tribunales estatales y federales hasta mecanismos alternativos como el arbitraje y la mediación (ADR), tanto en Estados Unidos como en el extranjero.
Su experiencia práctica es vasta y cubre áreas críticas del derecho mercantil, incluyendo casos de fraude, incumplimiento de contrato, disputas entre accionistas, opresión de socios minoritarios, acciones de clase y litigios transfronterizos complejos.
Ha sido reconocida como una de las “super lawyers” de Texas -una distinción reservada al 5% de los abogados del Estado, votada por colegas- durante más de diez años. En litigación comercial, el porcentaje de mujeres con ese título es apenas del 5%. “De las hispanas, ni siquiera el 1%”, subraya.
Paralelamente a su trabajo en los tribunales, desarrolló una segunda carrera como líder de opinión y educadora. Esta faceta de su vida profesional no fue un pasatiempo, sino una estrategia deliberada y sostenida para construir autoridad y definir su campo. Las cifras son elocuentes: es autora de más de 120 publicaciones legales y ha impartido más de 125 presentaciones de Educación Legal Continua (CLE) desde 1997.
Su obra cumbre en este ámbito es, sin duda, la concepción y edición del tratado Texas Business Litigation. Esta obra monumental, que en su quinta edición supera las 1800 páginas y los 25 capítulos, es la referencia definitiva en la materia. El acto de crear y editar este tratado es revelador. No se limitó a escribir un capítulo; reunió a las luminarias del litigio de Texas, bajo su dirección editorial. Este rol la posicionó no como una simple contribuyente, sino como una “primera entre iguales”, la curadora del conocimiento en su campo. Esta autoridad intelectual, construida metódicamente durante décadas, hizo que el su próximo paso profesional fuera percibido como una elección lógica y natural por sus pares.
Sus escritos se centran en los temas más complejos y dinámicos del litigio comercial: los agravios comerciales, la admisibilidad del testimonio de expertos bajo los estándares federales, la gestión de litigios complejos, las acciones de clase y la ética profesional.



De litigante a jueza pionera
El 14 de junio de 2024 la carrera de Sofía Adrogué entró en una nueva y trascendental fase con su nombramiento como una de las juezas inaugurales de la Corte de Negocios de Texas.
Su designación marcó un hito. “Es el primer tribunal comercial creado en el estado en 60 años. No fuimos electos por voto popular, sino nombrados por el gobernador Greg Abbott y confirmados por el Senado”, explica.
Y agrega: “Texas es una economía colosal. En una entrevista reciente se mencionaba que, según algunos indicadores, está a la par de Brasil y supera a países como Canadá, Rusia e incluso Italia. El PBI ronda los 2,7 billones de dólares, lo que lo ubica entre las potencias económicas del mundo. Además, el estado cuenta con una riqueza impresionante de recursos naturales, petróleo y gas. Y, en Houston, alberga el centro médico más grande del planeta, con más de 100.000 personas empleadas”.
Adrogué va más allá y explica: “Texas -y Houston en particular- ha sabido construir una identidad diversa, abierta y acogedora. No es casual que se diga que Houston es una ciudad ‘profética’. Se la considera el reflejo anticipado de lo que será Estados Unidos en 2040. Un laboratorio social, económico y cultural que anticipa el futuro de una nación en transformación”.
El tribunal creado en septiembre de 2024 está compuesto por diez jueces seleccionados entre muchos postulantes. Todos deben tener al menos diez años de experiencia en litigios empresariales o haber sido jueces previamente. “Yo chequeo muchas casillas: mujer, hispana, inmigrante… Pero si no hubiera sido sumamente estudiosa, no estaría acá. Lo que cuenta es la excelencia”, afirma con convicción.
Los casos que llegan a su juzgado involucran montos millonarios y disputas complejas, desde secretos comerciales hasta fusiones corporativas. “Uno de los primeros juicios fue por el control de una empresa valuada en 8.500 millones de dólares. Fue un ‘divorcio empresarial’ entre cofundadores”, relata.
La Corte de Negocios de Texas es parte de un movimiento más amplio que busca ofrecer a empresas, tanto grandes como pequeñas, un ámbito especializado y eficiente para dirimir conflictos. “Texas es el estado más litigioso de Estados Unidos, con más de 1,6 millones de casos anuales. Pero hasta ahora no existía una Corte específicamente dedicada a los litigios empresariales. Eso cambió con esta creación”, explica.
Las causas que atienden deben superar los 10 millones de dólares o involucrar cuestiones de gobernanza corporativa. “No es una Corte para demandas por resbalones en una tienda. Es para resolver conflictos estratégicos entre gigantes económicos. Pero también atendemos a pequeños negocios: hay más de tres millones de pymes en Texas y muchas prefieren venir a esta Corte por nuestra experiencia técnica”, afirma.
Adrogué debe redactar opiniones judiciales que puedan servir de referencia futura, una tarea que requiere precisión y claridad. “Si hay una disputa sobre secretos comerciales o si la legitimidad de una fusión está en juego, la sentencia de nuestra Corte puede definir no sólo ese caso, sino marcar el rumbo jurídico en el estado”, señala.


Una visión sobre justicia, género y liderazgo
Adrogué ha enfrentado entornos profesionales dominados por hombres desde el inicio. “En mi primer estudio jurídico, había 40 hombres y yo era la única mujer. También fui la primera en tener un bebé y quedarme trabajando”.
Cree que el progreso femenino en el ámbito legal es real, pero lento. “Más del 50% de los estudiantes de Derecho son mujeres. Empezamos igual. Pero después… la vida pasa. Hijos, padres, responsabilidades. Y muchas se bajan. Si no estás en el juego, la cara del poder no cambia. Hay que estar en la mesa”, afirma.
A fines de 2008, la periodista Minerva Pérez la convocó para formar parte de Latina Voices: Smart Talk como copresentadora y coproductora. Se trataba de un programa de entrevistas innovador, el primero en su tipo, transmitido tanto por televisión como por internet.
Desde su rol en el programa, explicó que su objetivo fue “abordar temas de negocios y actualidad, y buscar educar, involucrar e ilustrar”. Contó además que, a lo largo de su vida, ha cruzado fronteras culturales con la intención de “inspirar y ser mentora”, y se propuso ser “un modelo a seguir, no solo como mujer, sino también como madre y, por supuesto, como abogada”.
Definió esa tarea como una “búsqueda incansable, de empoderar a otros y de dejar un legado de excelencia y servicio público”, mientras -según sus propias palabras- “el laberinto de la vida continúa”.
Consultada sobre la postura frente a los inmigrantes, Sofía Adrogué baja el tono vibrante y entusiasta que la caracteriza. Su respuesta se vuelve pausada, reflexiva: “Es un tema inmensamente complejo. Diría incluso trágico. Nosotros tuvimos suerte. Mi padre llegó invitado como médico con una beca de la Organización Mundial de la Salud. Gracias a eso tuvimos acceso a la educación, a oportunidades, y fuimos acogidos. Pero entiendo que, desde lo financiero, este es un momento difícil para Estados Unidos y para el mundo. No se puede recibir a todos, pero el estado actual de las cosas es muy duro”.
Y agrega, con la claridad de quien conoce ambas orillas: “Estados Unidos ha sido, sin duda, un país de oportunidades para nosotros. Creo firmemente que sigue siendo una de las sociedades más igualitarias que existen, en términos generales. Aquí no importa tanto cómo te llames, de dónde vengas o quién seas. Lo que cuenta es el corazón y el alma que pongas en lo que hacés. Y sí, también se necesita algo de suerte. Nadie sabe pronunciar nuestro apellido -bueno, ahora un poco mejor, pero no del todo-, Adrogué es difícil”.
A pesar de todo, subraya, la comunidad sigue siendo acogedora: “Esta es una nación construida por inmigrantes. Houston, en particular, es el prototipo de ciudad moderna: diversa, vibrante, tejida con las historias de quienes llegaron desde distintos rincones del mundo. Por eso lo que está ocurriendo hoy es profundamente complejo. Todos esperamos una resolución. Porque lo que vivimos ahora -eso que se palpa en la calle, en las familias, en las políticas- no es justo para nadie”.



El vínculo con Argentina
Si bien ha forjado su carrera en Estados Unidos, Sofía Adrogué nunca cortó sus lazos con Argentina. “Nunca perdí el Adrogué. Todos mis hijos llevan ese apellido”, dice con orgullo.
Ha participado de actividades con la Red de Mujeres Jueces de Argentina, la Asociación de Magistrados y AmCham. Ha dado charlas en Bariloche y Buenos Aires sobre energía, justicia y género. Y ya planea nuevos encuentros para lo que resta del año: esta vez, será ella quien reciba a una delegación judicial argentina en su propia Corte.
Desde una sala centenaria en Houston, donde todos se ponen de pie cuando ella entra, Sofía lleva con elegancia el peso de la toga… y de su historia. En cada sentencia, en cada palabra escrita, hay algo de ella, de su familia, y de ese país lejano que la vio nacer. También late una certeza íntima: “Nunca hay que olvidarse de lo que realmente importa”.
Y eso -justamente eso- fue lo que la trajo de regreso. El Dr. Horacio Adrogué fue incorporado como miembro honorario de la Academia Nacional de Medicina. Era la excusa perfecta para volver, abrazar a gran parte de su familia y reencontrarse con raíces que nunca se cortaron.
Treinta y cinco años después de prestar juramento como ciudadana estadounidense ante un juez federal, y con más de tres décadas de ejercicio en el Colegio de Abogados de Texas, Sofía Adrogué sabe que la Justicia -la verdadera- se construye con cercanía, compromiso con la comunidad y confianza en las instituciones. Para ella, ejercer como jueza no es sólo un rol: es la culminación de un sueño americano forjado con esfuerzo, educación y servicio.
“Creo que puedo servir con independencia, imparcialidad, integridad, competencia y el temperamento judicial adecuado”, afirma.
Y en esa convicción serena y firme, se resume su legado.


