Tras la nulidad de un fallo, el juez Richeri defendió el uso de IA en la Justicia: “Es una ayuda para evitar omisiones”

El juez penal de Chubut, cuestionado por el uso de la inteligencia artificial en un fallo, defendió el uso de herramientas tecnológicas en el trabajo judicial. Negó haber asesorado casos concretos y aseguró que su actividad es “académica”.

La anulación de una sentencia penal en Esquel por el uso indebido de inteligencia artificial colocó al juez Carlos Rogelio Richeri en el ojo de la tormenta. La Cámara Penal dejó sin efecto un fallo al advertir que había sido redactado, al menos en parte, con asistencia de IA generativa, y remitió las actuaciones al Superior Tribunal de Justicia de Chubut para que evalúe su conducta desde el punto de vista ético y disciplinario.

A ese antecedente se sumó después una denuncia por presunto mal desempeño presentada ante el Consejo de la Magistratura, en la que tres abogados lo acusan de ejercer actividades comerciales incompatibles con su cargo, brindar asesoramiento profesional a abogados en causas reales, utilizar instalaciones y símbolos del Poder Judicial con fines privados y exponer públicamente, en redes sociales, críticas y burlas hacia jueces que revisaron sus decisiones.

En una entrevista con Revista Quorum, el juez Richeri defendió el uso de herramientas tecnológicas como apoyo en la labor judicial, negó haber asesorado casos concretos, rechazó las imputaciones en su contra y sostuvo que su actividad vinculada a la capacitación es de carácter académico y se desarrolla en el ámbito privado. “Nunca asesoré causas concretas”, aseguró.

¿Cómo explica el uso de herramientas de inteligencia artificial en la redacción de una sentencia judicial?

La inteligencia artificial, que tiene muchas herramientas, ha ido evolucionando un montón para ayudar al profesional del derecho y en especial a los jueces en la redacción de cualquier documento. En el rol de juez, hoy la IA es una ayuda más para evitar omisiones, controlar contradicciones y buscar coherencia. Además, nosotros tenemos una herramienta que contrató el Superior Tribunal y nos aceleró un montón los tiempos: transcribe todas las audiencias orales. La transcripción generada por inteligencia artificial es una gran ventaja. Sé que la Oficina Judicial también hace algo para identificar audios con personas, pero ahí te debo cuál es exactamente la herramienta.

¿Cree que la justicia está preparada, técnica y éticamente, para incorporar la IA en los procesos?

Lo ético y lo técnico van por dos carriles. En lo técnico, la Justicia debe ser de lo más retrasado que hay, no solo en los poderes, sino en cualquier institución. Yo venía del mundo empresarial, de la cultura de mejora continua, de evaluar resultados, analizar estadísticas y proponer cambios. En justicia, la palabra cambio era mala palabra: para muchos, el cambio era el enemigo.

La única chance en la que se aceptó tecnología sin demasiada dilación fue con la pandemia, porque había que hacer audiencias por videollamada. Después, hay experiencias en todo el país; a veces hay resistencias tradicionales, pero también se ven mejores resultados cuando se aplican herramientas que beneficien el rol del juez u operadores.

¿Cuál es el objetivo y en qué consiste Neo Litigantes Academy y el método STRATLEX?

Son dos cosas distintas. Neo Litigantes es una comunidad de abogados de Latinoamérica, España, incluso de otros países. Empezó en WhatsApp, fue madurando y hoy busco que tenga una plataforma que permita dinamismo: foros, discusiones, ideas, problemas y experiencias. También es un espacio para estudiantes: este año se van a sumar chicos que empiezan la facultad y habrá un sector donde estudiantes avanzados o abogados puedan ayudarlos. STRATLEX es un método, un paso a paso que desarrollé como fiscal para evitar errores, contradicciones u omisiones. Sirve para construir acusaciones sólidas y también para que la defensa analice una acusación y encuentre fallas estructurales. Tiene un nombre —hoy está de moda ponerle nombre— pero no deja de ser una metodología ordenada.

¿Considera que su actividad educativa se encuadra dentro de lo permitido para un magistrado? ¿Qué le respondería a quienes dicen que es un emprendimiento comercial incompatible con su cargo?

No sé quién sostiene eso más que un estudio jurídico que hizo una denuncia. El 99% de las veces que di clases, las di gratis. He invitado a profesores y nadie me pidió plata. No veo el problema de dar clases. En Chubut no hay una limitación en lo comercial ni en lo educativo. Hay reglamentación que dice que no puedo dar clases en secundaria. Después, no hay más nada. En la denuncia citan leyes de otras jurisdicciones y terminan diciendo que Chubut “debería” tener una ley. Pero hoy no hay una prohibición que me impida cobrar honorarios por una actividad académica.

¿Brinda o brindó asesoramiento sobre causas concretas a abogados en ejercicio?

No. Sería una locura. Todos los días recibo mensajes de personas que piden ayuda. Antes contestaba “no puedo, lo tengo prohibido”, pero hoy es imposible: 100 o 200 mensajes por día. En TikTok es tremendo. Nunca se me ocurriría asesorar casos concretos.

¿Cómo delimita la frontera entre capacitación y consultoría profesional?

Como históricamente se transmite el derecho: hablas de técnicas, ejemplos, estructuras, pero no te vienen a ver para que resuelvas su caso. En grupos de colegas se discuten situaciones desde lo académico, como hacen los libros cuando analizan fallos.

¿Qué responde al testimonio que afirma que pidió pagos por mentorías?

La palabra mentoría… no la uso así. Hace poco hice un taller de litigación con cupos reducidos: no era gratis; necesitaba gente comprometida. También hice encuentros abiertos donde no se cobró y participaron cientos de personas. Lo que pasa con redes es que un humano lo tiene que manejar con mucha responsabilidad: del otro lado hay personas, y cualquier gesto genera comentarios y discusiones.

¿Utilizó instalaciones, símbolos o espacios oficiales para promocionar su actividad?

No. Los videos son todos en mi casa. Atrás se ven placas, tengo una estatua y una bandera. No tengo bandera en mi oficina y tampoco tengo esa estatua en mi oficina. Grabo en mi casa porque también tengo conectividad propia: con Starlink, y en tribunales muchas veces se corta cuando das clases.

¿Cómo cree que impacta todo esto en la imagen del Poder Judicial?

Cualquiera puede denunciar a alguien. El tema es cómo mantener la independencia del juez, no ceder ante presiones. Yo sabía que me iba a pasar algo: cuando tomas decisiones difíciles, siempre hay alguien que no está de acuerdo. En mi caso, entiendo que hubo una escalada mediática vinculada a una resolución que tomé y que está por los canales procesales.

¿Qué le diría a los que dudan de la imparcialidad judicial?

Que el objetivo es acercar la justicia al ciudadano. La justicia tiene información “encriptada”, le gusta hablar difícil. Yo trabajo con lenguaje claro y trato de explicar en audiencia por qué resuelvo como resuelvo. Formación judicial y tecnología: “No hay tiempo, hay que empezar ahora”

¿Qué mensaje le daría a sus colegas magistrados frente al avance de la tecnología?

Que se formen. Hay una regla vieja que pareciera decir que cuando llegas a juez no estudias más. Y hoy eso te lleva puesto. Hay evidencia digital que no cumple requisitos mínimos y se la toma como válida por desconocimiento, especialmente del juez. La formación es esencial, obligatoria, y ya no hay tiempo: hay que empezar ahora. Con una defensa enfática de la capacitación y de la incorporación tecnológica, Richeri sostiene que el debate de fondo excede su situación personal y apunta a una transformación más amplia del servicio de justicia. “El protagonista es el ciudadano”, repite, y asegura que su norte es reducir burocracia, acortar distancias y hacer más comprensible el sistema. En una época donde la IA se instala como herramienta —y también como controversia—, el caso pone en primer plano un dilema inevitable: cómo innovar sin perder garantías, y cómo regular sin quedar fuera de época.

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