¿Cuánto dura el amor? Una respuesta desde el derecho de familia

Un estudio sobre sentencias de divorcio dictadas en Córdoba entre 2022 y 2024 revela que los matrimonios duran en promedio 14 años, que la ruptura llega en la madurez de la vida y que el derecho de familia aún convive con resabios patriarcales.

¿Cuánto dura el amor cuando deja de ser una promesa y se convierte en un dato? La pregunta, tan íntima como universal, encontró una respuesta inesperada en los tribunales de Familia de la ciudad de Córdoba. No desde la literatura ni desde la psicología, sino desde el análisis jurídico de las sentencias de divorcio dictadas entre 2022 y 2024. Allí, en el cruce entre biografías privadas y decisiones judiciales, emerge un mapa preciso -y revelador- sobre cómo, cuándo y por qué se disuelven hoy los matrimonios en la Argentina.

El estudio, dirigido por la jueza Cecilia María Ferrero e integrado por un equipo interdisciplinario de investigadoras, forma parte del libro Investigaciones aplicadas en la justicia de Córdoba. Edición especial 20 años (2005–2025), publicado por el Centro de Perfeccionamiento Ricardo C. Núñez. El título del trabajo no elude la provocación: ¿Cuánto dura el amor?.

El amor dura, en promedio, 14 años

El dato central es contundente: la duración promedio de los matrimonios que llegan a sentencia de divorcio es de 14 años. Más de la mitad de las uniones (56,4%) superó la década antes de disolverse y, en algunos casos, los vínculos se extendieron por más de 30 años. Lejos de una ruptura impulsiva, la estadística muestra que el divorcio suele llegar en una etapa de madurez vital.

De hecho, el 64% de los divorcios corresponde a personas de entre 41 y 60 años. El amor -o su desgaste- parece atravesar una larga curva antes de judicializarse. A diferencia de lo que ocurría hace dos décadas, cuando el pico de divorcios se concentraba entre los 25 y los 50 años, hoy la decisión aparece más tardía, más reflexiva y menos condicionada por tiempos legales impuestos.

Más divorcios, menos obstáculos

El aumento de la tasa de divorcios es otro dato clave del informe. En la Córdoba actual, por cada 1,7 matrimonios se dicta una sentencia de divorcio. A comienzos de los años 2000, la relación era de un divorcio cada tres matrimonios. El cambio no solo es social: es también normativo.

La entrada en vigencia del Código Civil y Comercial en 2015 modificó radicalmente el modo de divorciarse en la Argentina. Ya no es necesario invocar una causa -como infidelidad o abandono- ni esperar plazos legales tras la separación de hecho. El divorcio puede ser unilateral, sin el consentimiento del otro cónyuge, y el trámite se volvió breve y menos burocrático.

Según explica Ferrero, esta simplificación “transformó enormemente” la experiencia judicial del divorcio: demandas de apenas una carilla, sin exposición del conflicto íntimo, y con un fuerte énfasis en la autonomía de la voluntad. El amor ya no se prueba; se termina.

¿Quién decide poner fin al vínculo?

El estudio muestra una paridad casi exacta entre hombres y mujeres en la iniciativa del divorcio: el 50,7% de las demandas fue presentado por mujeres y el 49,3% por varones. Sin embargo, el tiempo marca una diferencia. Los hombres tienden a iniciar el proceso en matrimonios más breves -a los cinco o seis años-, mientras que las mujeres suelen hacerlo en etapas más tardías, especialmente en vínculos de 20 a 30 años de duración.

También se observa un leve predominio de los procesos unilaterales (50,8%) sobre los bilaterales. El acuerdo ya no es condición para disolver el matrimonio, aunque sí sigue siendo clave para ordenar lo que viene después.

Hijos, cuidados y viejas estructuras

Casi el 70% de las parejas divorciadas tiene uno o dos hijos. Sin embargo, en el 48% de los casos no se presentó un plan de parentalidad integral ni un acuerdo general sobre el cuidado. Lejos de implicar una desprotección automática, el informe advierte que los progenitores suelen resolver de manera fragmentada las cuestiones más urgentes.

En cuanto a la residencia, el 39% de los niños y niñas continúa viviendo principalmente en el domicilio materno; el 25% lo hace bajo un régimen de cuidado compartido alternado, y solo el 8,7% reside en el hogar paterno. Para el equipo investigador, estos datos revelan “resabios patriarcales” persistentes: aun cuando el vínculo conyugal se disuelve, el peso cotidiano de los cuidados sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres.

En materia alimentaria, el 57% de las parejas logró acordar una cuota. La mitad de esos acuerdos toma como referencia el salario mínimo vital y móvil, mientras que el resto se fija como un porcentaje de los ingresos del progenitor obligado.

Amor, derecho y cambio social

El estudio también muestra una notable estabilidad en la estructura familiar: ayer y hoy, la mayoría de los matrimonios que se divorcian tiene uno o dos hijos. Lo que cambió no fue tanto la familia como el modo de salir de ella. La ley dejó de retener vínculos agotados y pasó a reconocer que el amor no responde a plazos legales.

Casi la totalidad de los casos analizados (99,7%) corresponde a matrimonios heterosexuales, un dato explicado en parte por la vigencia relativamente reciente de la ley de matrimonio igualitario y por el período comparativo del estudio anterior.

Al final, la pregunta inicial -¿cuánto dura el amor?- no encuentra una respuesta romántica, pero sí una profundamente humana. Dura lo que puede, lo que se intenta, lo que se sostiene. Y cuando se termina, el derecho ya no exige explicaciones morales ni tiempos de espera: ofrece un marco para ordenar el después.

En los tribunales de Familia, el amor no se juzga. Se constata que terminó. Y ese gesto jurídico, lejos de despojarlo de sentido, quizás sea una de las formas más honestas de reconocer su límite.

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