En diálogo con Quorum, la ex Defensora General de la Nación hace un balance personal e institucional de su salida del cargo, destaca la profesionalización del organismo, alerta sobre el deterioro que generan las vacantes y analiza el futuro de la defensa pública en la Argentina.
Luego del cese de sus funciones como Defensora General de la Nación, Stella Maris Martínez dialogó con Quorum sobre el cierre de una etapa marcada por profundas transformaciones institucionales, una fuerte apuesta a la profesionalización del organismo y una sostenida defensa de la autonomía del Ministerio Público.
Con una mezcla de tristeza y satisfacción, la ex funcionaria trazó un balance de dos décadas de gestión, advirtió sobre los riesgos del actual esquema de designaciones y remarcó la necesidad de fortalecer el acceso a la justicia, especialmente para los sectores más vulnerables.
“Estoy triste, pero orgullosa de lo realizado”
Al comenzar la entrevista, Martínez reconoció el impacto personal que significó su salida: “Realmente me hubiera gustado seguir al frente de la Defensoría. Creo que he hecho un trabajo importante, con reconocimiento nacional e internacional”.
Sin embargo, también destacó el respaldo recibido por parte de colegas, trabajadores del sistema y defensores provinciales: “Hubo muchas muestras de afecto, firmas y pedidos de continuidad. Eso es profundamente reconfortante”.
Sobre las razones del cese, evitó especulaciones: “No puedo afirmar si fue una decisión política o institucional. Prefiero no elucubrar”.
Profesionalización y fin del nepotismo
Entre los principales logros de su gestión, Martínez subrayó la transformación en los mecanismos de ingreso y ascenso: “Se dejó de lado el nepotismo. Hoy casi todos los cargos se cubren por concurso y examen”.
Según explicó, este proceso elevó notablemente el nivel técnico del organismo: “En muchas defensorías, toda la planta está integrada por abogados o estudiantes avanzados. Eso fortaleció la calidad de la defensa”.



Políticas públicas y presencia territorial
La ex defensora también destacó el desarrollo de políticas específicas para poblaciones vulnerables:
- Programas contra la violencia de género.
- Asistencia a migrantes y refugiados.
- Dispositivos de atención en barrios populares.
Y aseguró: “Para muchas personas es muy difícil llegar al centro judicial. Acercar la justicia al territorio es fundamental”.
Asimismo, remarcó el trabajo articulado con organizaciones sociales y religiosas, especialmente en contextos de alta vulnerabilidad.
Proyección internacional
Otro eje central de su gestión fue la inserción internacional de la defensa pública argentina. Entre los hitos mencionó:
- La creación de la Asociación Interamericana de Defensorías Públicas.
- La participación en el ámbito del Mercosur.
- La figura del Defensor Público Interamericano.
“Se fortaleció la posibilidad de litigar ante la Comisión y la Corte Interamericana. Eso consolidó la defensa a nivel regional”.
Reformas pendientes: sistema acusatorio y justicia juvenil
Entre los desafíos que quedaron inconclusos, Martínez señaló especialmente:
Implementación del sistema acusatorio: “Todavía faltan distritos clave como la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y gran parte de la Provincia”.
Régimen penal juvenil: “Si se baja la edad de imputabilidad, es imprescindible fortalecer las defensorías de menores. De lo contrario, no habrá una defensa digna”.
Refuerzo institucional: “Los defensores de menores e incapaces son pocos y tienen cada vez más trabajo”.



Liderazgo femenino y barreras persistentes
Consultada sobre su experiencia como mujer en un ámbito históricamente masculinizado, fue categórica: “Hoy volvemos a tener todas las máximas autoridades ocupadas por hombres. No es una buena señal”.
A partir de estudios internos, reveló una brecha persistente: “En ocho de cada diez ternas había mujeres, pero solo en tres casos se designaron”.
También aludió a obstáculos estructurales:
- Sobrecarga de tareas de cuidado.
- Menor acceso a capacitación.
- Dificultades para ascender.
“Llegar cuesta más. Pero una vez que llegás, si sabés ejercer la autoridad, no es complicado”, señaló.
Vacantes: un problema estructural
Uno de los tramos más críticos de la entrevista estuvo dedicado al sistema de designaciones. “Estamos cerca del 40% de vacantes. Es gravísimo”, resaltó.
Martínez advirtió que la demora afecta tanto a los funcionarios como al servicio de justicia: “La gente merece tener jueces, fiscales y defensores titulares, como garantiza la Constitución”.
Y explicó: “Hoy muchos funcionarios hacen tareas que deberían realizar magistrados. No es justo para ellos ni para los ciudadanos”.
Acceso a la justicia: avances insuficientes
Si bien reconoció mejoras, sostuvo que el acceso sigue siendo limitado: “Existe, pero debería ser mucho mejor”.
Particularmente en el ámbito civil: “Menores, personas incapaces y conflictos patrimoniales están debilitados por falta de defensores”.
En este contexto, remarcó: “Cuanto más vulnerable sos, más difícil es acceder a la justicia”.



Autonomía institucional y relaciones políticas
Respecto a la independencia del Ministerio Público, fue enfática: “Nunca actué presionada. Pude denunciar incluso ante organismos internacionales sin obstáculos”.
Sobre el vínculo con los poderes del Estado, señaló una relación variable:
- Con el Legislativo: debilitada por la falta de comisiones de seguimiento.
- Con el Ejecutivo: con diálogo permanente, aunque con límites.
La necesidad de reglas claras
Para evitar vacantes prolongadas, propuso mecanismos normativos: “El Ejecutivo debería tener plazos para enviar pliegos, y el Senado para tratarlos. Hoy eso no existe”.
Y agregó: “Hay cargos vacantes desde hace diez años”.
Futuro académico y posible litigio internacional
De cara a su nueva etapa, Martínez anticipó: “Me voy a dedicar a la academia, a escribir, a formarme”.
No descartó volver a litigar en casos emblemáticos: “Quizás a nivel interamericano, donde tengo mucha experiencia”.
Antes de cerrar, dedicó un especial agradecimiento a sus colaboradores, en particular a Julieta Dicorleto, Directora de la Escuela de la Defensa Pública. “Nada de esto hubiera sido posible sin un equipo extraordinario. Estoy profundamente agradecida”, destacó.



Un legado de institucionalidad
La salida de Stella Maris Martínez marca el final de una etapa caracterizada por la profesionalización, la apertura internacional y el fortalecimiento territorial de la defensa pública.
Con una mirada crítica pero constructiva, la ex defensora deja planteados los principales desafíos del sistema: cubrir vacantes, garantizar igualdad de género, consolidar el sistema acusatorio y asegurar que el acceso a la justicia no dependa de la condición social.
“El sistema funciona, pero no funciona bien. Y eso hay que corregirlo”, concluyó.
