Por Luis Gasulla
La causa denominada “Cuadernos de la Corrupción” es la prueba concreta de los dos senderos que suele tomar la justicia argentina cuando se investiga al poder político, sindical o empresario. La investigación judicial más grande de la historia tuvo protagonistas que estuvieron a la altura de las circunstancias y otros que miraron para otro lado.
Cuando Hilda Horovitcz se sentó por primera vez frente a un auxiliar de la justicia no recibió la atención que merecía. En noviembre de 2017, ocho meses antes que explotase mediáticamente el escándalo de los Cuadernos, una valiente mujer habló de bolsos, choferes, corrupción y anotaciones escritas en cuadernos Gloria “espirados” como los del colegio primario.
Horovitcz conocía de lo que hablaba. Había convivido durante casi una década con Oscar Centeno, el ex chofer de Roberto Baratta. Paradojas de la historia, Baratta había ascendido en la estructura del poder kirchnerista por ser un “muchacho dispuesto a todo” que manejaba un remise utilizado por funcionarios del Ministerio de Planificación Federal. Cuando Baratta conoció a Néstor Kirchner, el ex Presidente supo que podía contar con él para lo que se le solicitase. Baratta terminaría siendo el Secretario de Energía del todopoderoso ministro de Planificación, Julio De Vido. Pero Centeno no tuvo el mismo recorrido de ascenso social K. Como chofer de Baratta progresó económicamente pero nunca fue tenido en cuenta como funcionario público a pesar de compartir confesiones y recorridos por domicilios que la justicia demostró eran utilizados para recaudar las coimas de la obra pública.
“Centeno se ponía en pedo, me pegaba y lloraba por las migajas que le tiraba Baratta”, recuerda Hilda en una de las tantas charlas que tuvimos en la última década. Pero la gota que rebalsó el vaso fue una disputa por la mascota de la pareja: Buddy, un hermoso perro que el chofer del funcionario no quería que Hilda pasease. Esa frustración la llevó a deambular por los pasillos de tribunales esperando ser escuchada.
Corría noviembre del 2017. El macrismo se preparaba para ganar la elección de medio término. La obra pública era uno de los símbolos de batalla del gobierno de Cambiemos contra el kirchnerismo que estaba manchado por sospechas de corrupción que habían llevado a la cárcel a su empresario insignia: Lázaro Báez. Sin embargo, el sistema de corrupción K denunciado por Elisa Carrió y, mediáticamente, por Mauricio Macri, aún no tenía su correlato judicial más allá de las causas de Báez y la retención indebida del impuesto a los combustibles de Cristóbal López.
Hilda declaró: “Conviví con Centeno nueve años. Recuerdo que, efectivamente, realizaba anotaciones en cuadernos espiralados y agendas, en los cuales describía todos los movimientos que hacía con Baratta”. La declaración era una bomba pero, ni siquiera, se filtró a la prensa. “Esos cuadernos los vi pero no leí el contenido de los mismos. También recuerdo una filmación que realizó Centeno y que se podía ver en el asiento de atrás de su vehículo una valija o portafolio marrón”, detalló. Años más tarde, Hilda me mostraría los famosos bolsos que los compraba su ex pareja en una marroquinería de Once para “ahorrar plata”.
Esa declaración que no mereció iniciar una investigación judicial sí llegó a Centeno quien denunció a su ex mujer por “extorsión”. A finales de 2017, otros ptotagonistas de la historia empezaban a escribir por redes sociales a canales de televisión hablando de anotaciones, cuadernos y bolsos. Diego Cabot, en absoluta reserva, sería quien llevaría las pruebas del caso al despacho del fiscal Carlos Stornelli quien, a su vez, trabajaría el tema, con el fallecido juez federal, Claudio Bonadío.
Lo que se preguntaban, a mediados del 2018, los investigadores judiciales era por qué razón Centeno anotaba todo. La respuesta estaba, posiblemente, en la declaración que dio inicio a todo y que no fue escuchada por la justicia: “Centeno me decía que las anotaciones las hacía por si Baratta, al terminar su gestión, no lo ubicaba en otro trabajo”.
Ocho años después, la causa Cuadernos se desarrolla en el Tribunal Oral Federal N°7 ante la incómoda mirada de sus acusados que van desde la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el citado De Vido y Baratta, pasando por la plana mayor del empresariado argentino que había naturalizado ganar licitaciones de una manera fraudulenta y que obedecía los pedidos de la política sin chistar. Todos ganaban en el sistema ilegal de recaudación de la obra pública.
Hoy Centeno es imputado colaborador. No volvió a hablar con Hilda, su ex pareja. Perdió contacto con parte de su familia radicada en Salta Tiene 15 hijos y 30 nietos. Ratificó su testimonio en la justicia y confirmó que los cuadernos fueron escritos por él. Hilda Horovitcz pasea perros por el barrio de Once. No quiso rehacer su vida amorosa. Aguarda ansiosa declarar como testigo en la justicia y, asegura, no perdona los golpes y la violencia ejercida durante años por el chofer del poder. Su único amor es su mascota, Choco, otro perrito como el que la impulsó a golpear las puertas de la justicia encontrando el silencio más absoluto.
Al terminar aquella declaración, los investigadores le mostraron las imágenes de los cuadernos, a los que reconoció. “También agregó que los cuadernos, de marca “Gloria” los había guardado en un ropero situado en frente de la cama que compartían», siguieron los fiscales. Luego, cuando las cosas se pusieron mal con su mujer, llevó los cuadernos a una caja cerrada con cinta.
