Entre ironías sobre los cuadernos “quemados”, denuncias de extorsión y pedidos de nulidad absoluta, los abogados intentan demoler la base del juicio. La fiscalía se prepara para contestar en una etapa clave del debate.
Tras una semana sin actividad, continuará la etapa de planteos y objeciones de los defensores en la que no faltaron alusiones burlonas a la resurrección de cuadernos quemados, a la elección “a dedo” del juez y el fiscal de instrucción, a la extorsión a los empresarios involucrados y los pedidos de “nulidad absoluta” del expediente. La fiscal Fabiana León deberá a su turno refutar los planteos y defender la legitimidad de todo lo actuado.
Desde la primera audiencia los abogados de los imputados se concentraron en intentar demoler las bases de este juicio: Carlos Beraldi, defensor de Cristina Kirchner, manifestó su “vergüenza” por el modo en que se condujo el proceso desde su inicio, eligiendo “a dedo” al fiscal Carlos Stornelli y al entonces juez Claudio Bonadio, “sin pasar jamás por la Oficina de Sorteos de la Cámara Federal”. No dudó en argumentar que “este juicio no debió haber comenzado nunca” y pidió la nulidad del expediente. También recurrió a la figura del falso abogado Marcelo D’Alessio, condenado por extorsión, espionaje ilegal y asociación ilícita, a quien el juez Alejo Ramos Padilla había vinculado con Stornelli, cargo que quedó finalmente desvirtuado.
La defensa del ex ministro de Planificación Federal Julio de Vido ironizó sobre la naturaleza de los cuadernos del remisero Centeno, esas notas “quemadas, que luego resucitaron, eran originales, después fotocopias y se supone que están bajo siete llaves, pero ¿dónde están?”. Otros letrados destacaron la necesidad de determinar quiénes fueron imputados por anotaciones que podrían pertenecer a “terceras personas”. En este sentido es necesario recordar que la Gendarmería Nacional realizó una pericia sobre los cuadernos y determinó que la caligrafía correspondía a Oscar Centeno, chofer del ex subsecretario de Planificación, Roberto Baratta.
Tampoco faltaron las objeciones a la validez de los dichos de los “arrepentidos”, pese a que la propia Corte Suprema convalidó su constitucionalidad a partir de un planteo de la defensa de De Vido. Los abogados no se privaron de denunciar que sus clientes fueron sometidos a un auténtico chantaje, que habría consistido en admitir el pago de sobornos a cambio de no ir presos. Zenón Ceballos, defensor del ex titular de la Cámara Argentina de la Construcción, Carlos Wagner, se permitió exagerar al decir que el empresario hubiera reconocido ser miembro de la banda del “Gordo” Valor, si eso le hubiera garantizado la libertad.
Las audiencias fueron escenario de una inesperada exigencia del financista Ernesto Clarens, fundador de Inverness, “arrepentido” en la causa y responsable de una lista de nombres de empresarios que terminaron imputados. Su abogado pidió que, para mantener esa colaboración que acordó con la Justicia, no apareciera intercambiando llamadas con Julio de Vido, a quien “no conoce” y sugirió que esos cruces fueron entre el ex ministro y el empresario Angel Calcaterra, cuya abogada lo negó.
La semana pasada transcurrió sin audiencias, lo que demoró el cronograma de modo que quizás la fiscal Fabiana León no pueda comenzar antes de marzo a responder las cuestiones planteadas por los defensores, que todavía no han terminado.
