El juez Mariano Borinsky recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Palermo

La Facultad de Derecho distinguió al juez de la Cámara Federal de Casación Penal por su trayectoria judicial, académica e institucional y sus aportes al Derecho y la Justicia. Con la laudatio de Ricardo Gil Lavedra, Borinsky reivindicó el esfuerzo, el estudio y la perseverancia y llamó a fortalecer el vínculo entre Justicia, academia y Derecho frente a los nuevos desafíos.

La Universidad de Palermo distinguió a Mariano Borinsky con el título de Doctor Honoris Causa, en reconocimiento a su trayectoria judicial, académica e institucional y a su contribución al ámbito del Derecho y la Justicia.

El acto de investidura se realizó en la sede de la Universidad y reunió a autoridades, docentes, estudiantes y representantes de la comunidad jurídica. La apertura estuvo a cargo de Fulvio Santarelli, decano de la Facultad de Derecho, quien destacó el carácter excepcional de la distinción y explicó que reconoce a quienes, además de desarrollar una extensa trayectoria académica, alcanzaron méritos sobresalientes en su vida profesional e institucional.

Durante la ceremonia, Santarelli también compartió un mensaje de Diego Barroetaveña, presidente de la Cámara Federal de Casación Penal, quien felicitó a Borinsky y resaltó su trayectoria en la magistratura y la academia, su compromiso con la Justicia y la formación de nuevas generaciones, así como su integridad, vocación de trabajo y disposición para asumir nuevos desafíos.

Una trayectoria marcada por la perseverancia

La laudatio estuvo a cargo de Ricardo Gil Lavedra, quien comenzó destacando a la Universidad de Palermo por su “innovación” y su “búsqueda permanente de excelencia”, antes de repasar los principales hitos de la trayectoria del homenajeado.

“Mariano cuando se propone algo, no lo hace a medias. Siempre es en abundancia y con rigor técnico y profesional”, sostuvo.

Borinsky integra desde 2011 la Cámara Federal de Casación Penal, tribunal al que llegó con apenas 38 años, convirtiéndose en el magistrado más joven en acceder a esa instancia. Previamente se desempeñó como fiscal general y recorrió diferentes funciones dentro del Poder Judicial, institución a la que ingresó como meritorio ad honorem.

Gil Lavedra recordó que atravesó sucesivos concursos y cada uno de los escalones de la carrera judicial hasta llegar a juez. También destacó su desempeño como presidente de la Cámara Federal de Casación Penal en 2014, 2023 y 2024 y su impulso a estándares de calidad en la gestión judicial, entre ellos la certificación ISO 9001 obtenida por la Sala IV.

En el plano académico, resaltó su formación como especialista, doctor y posdoctor en Derecho, sus más de dos décadas dedicadas a la docencia y una producción que reúne alrededor de 400 publicaciones y más de veinte libros como autor o director.

También destacó su participación en diferentes procesos de reforma del sistema penal argentino, entre ellos las comisiones destinadas a la reforma del Código Penal y el Consejo Asesor Interinstitucional para la implementación de la reforma procesal penal federal.

Más allá de los antecedentes profesionales, Gil Lavedra puso especialmente el foco en la dimensión personal de Borinsky y en la perseverancia, la disciplina y el compromiso que atravesaron su carrera.

“Todos los logros tienen una enorme relevancia. Pero yo quisiera destacar otro aspecto, quizás el que más me impresiona de su carrera. No es la cantidad de sus títulos ni de sus reconocimientos, sino la pasión y el compromiso con el que fue dando cada uno de esos pasos”, señaló.

Y concluyó: “No le está reconociendo solamente a Mariano como jurista, al profesor, al autor de más de una veintena de libros; está reconociendo a aquel pibe de pelo largo que entró a trabajar como meritorio de los tribunales y supo construir su carrera en base al estudio, al esfuerzo y a la dedicación. Te lo has ganado merecidamente, Mariano”.

“Ser abogado es el comienzo”

Tras recibir la distinción, Borinsky agradeció a la Universidad, a su familia, colegas y amigos y dedicó un reconocimiento especial a Gil Lavedra, de quien destacó su trayectoria institucional y su defensa de los derechos y garantías constitucionales.

“Ser abogado es el comienzo. Ese comienzo es una profesión que uno aprende todos los días, pero que obviamente no alcanza y que es necesario especializarse, formarse permanentemente”, afirmó.

Borinsky recordó también el legado de su padre, fallecido cuando él tenía 18 años, y sintetizó en tres conceptos los valores que guiaron su trayectoria: esfuerzo, estudio y perseverancia.

Uno de los ejes centrales de su exposición fue la necesaria interconexión entre Justicia, academia y Derecho. “Yo me considero un estudiante. Aprender es un ejercicio permanente, se ejerce aun en el ámbito de poder que implica la máxima instancia federal del país”, sostuvo.

Desde esa perspectiva, reivindicó la capacitación continua, el pensamiento crítico, la escucha y el trabajo en equipo. Para Borinsky, enseñar no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino también en generar espacios donde alumnos, docentes y profesionales puedan cuestionar, debatir y poner a prueba las ideas.

Esa misma lógica, explicó, intenta trasladarla a su actividad como magistrado, incluso mediante la búsqueda deliberada de opiniones contrarias que permitan revisar y fortalecer los argumentos detrás de una decisión judicial.

Una Justicia frente a nuevos desafíos

A lo largo de su exposición, Borinsky repasó experiencias que marcaron su carrera, entre ellas su intervención en causas vinculadas con delitos de lesa humanidad y la tragedia de Cromañón, para reflexionar sobre la responsabilidad de los jueces frente a las víctimas y la sociedad.

Sostuvo que administrar Justicia exige comprender el dolor humano sin abandonar la independencia, la objetividad y el apego a la ley. En ese marco, defendió la necesidad de mejorar el funcionamiento del sistema judicial mediante protocolos de trabajo, capacitación permanente, especialización, lenguaje claro, transparencia, estadísticas y mecanismos de evaluación.

También recuperó su encuentro con el papa Francisco en el Vaticano y algunas de las ideas abordadas entonces: evitar que la Justicia se transforme en venganza, comprender que castigar no es suficiente y reconocer el papel de la educación y la reinserción en la construcción de la paz social.

Borinsky defendió, además, una concepción interdisciplinaria del Derecho. “Es fundamental equilibrar el saber normativo, el saber jurídico, que debe estar acompañado con el saber empírico”, afirmó, y mencionó los aportes de disciplinas como la sociología, la economía y la psicología para comprender fenómenos que exceden el conocimiento estrictamente jurídico.

Hacia el final, se refirió a los desafíos que enfrentan actualmente la Justicia y las instituciones frente a las redes sociales, la comunicación digital y la inteligencia artificial. En un escenario atravesado por la inmediatez y los denominados “juicios mediáticos”, remarcó que las decisiones judiciales no deben estar diseñadas para agradar ni responder a niveles de popularidad, sino para aplicar la Constitución y las leyes y garantizar la igualdad.

Como cierre, Borinsky volvió sobre una idea que atravesó toda su exposición: aprender, comprometerse y construir valor para los demás. “Hablar del futuro también me obliga a hablar del pasado”, expresó antes de concluir con una reflexión sobre el paso del tiempo: “La historia al final no la escribe quien la escribe, sino que la historia la escribe el tiempo”.

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