Magistrados, fiscales y especialistas de Argentina, Estados Unidos, España, Italia y Brasil participaron del “Debate Internacional sobre la Justicia Argentina”, organizado por Quorum. Inteligencia artificial aplicada a los tribunales, control humano, ciberdelincuencia, crimen organizado y cooperación judicial internacional fueron los ejes de una jornada atravesada por un interrogante común: cómo adaptar la Justicia a fenómenos tecnológicos y criminales que avanzan más rápido que las fronteras y las regulaciones.
El avance de la inteligencia artificial, la transformación de la criminalidad organizada y la creciente necesidad de cooperación entre países están modificando la manera de pensar y administrar Justicia. Estos desafíos fueron el eje del “Debate Internacional sobre la Justicia Argentina”, organizado por Quorum en la Legislatura porteña, que reunió a referentes nacionales e internacionales para intercambiar experiencias y analizar los cambios que atraviesan los sistemas judiciales.
El ministro de Justicia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Gabino Tapia, estuvo a cargo de las palabras de bienvenida y destacó la importancia de generar espacios de discusión sobre problemáticas que exceden las fronteras nacionales.
Durante su intervención, también se refirió a la consolidación de la autonomía porteña y sostuvo que una Justicia local permite brindar respuestas más cercanas, ágiles y efectivas a la ciudadanía.

En relación con las transformaciones tecnológicas, dejó una de las premisas que luego atravesaría buena parte de la jornada: “La tecnología no reemplaza el trabajo humano, sino que lo potencia”.
Inteligencia artificial y Justicia: entre la innovación y el control humano
El debate partió de una realidad concreta: la inteligencia artificial ya está ingresando a los sistemas judiciales. Desde la automatización de tareas administrativas y el procesamiento de grandes cantidades de información hasta la investigación criminal y la elaboración de documentos jurídicos, la discusión dejó de ser si estas herramientas serán utilizadas para concentrarse en cómo hacerlo, bajo qué reglas y con qué controles.
El primer panel, “Inteligencia Artificial y Justicia: oportunidades, riesgos y límites”, reunió a Ariel Lijo, juez federal argentino; Fabricio Guariglia, director de la Oficina de La Haya de la International Development Law Organization (IDLO); Sofía Adrogué, jueza del Texas Business Court; y George C. Hanks Jr., juez federal del Distrito Sur de Texas. La moderación estuvo a cargo del director de El Observador USA, Andrés Fidanza.

Ariel Lijo: “La inteligencia artificial es una herramienta”
Ariel Lijo sostuvo que la IA puede democratizar el acceso a la información, agilizar tareas administrativas, mejorar la gestión de causas y facilitar la búsqueda y elaboración de documentos. Sin embargo, advirtió que incorporar tecnología sobre procesos deficientes no garantiza mejores resultados.
“La inteligencia artificial es una herramienta, no es más que eso”, afirmó.
Uno de los ejes de su exposición fue la necesidad de establecer mecanismos permanentes de auditoría y verificación. Frente a errores, información falsa o las denominadas “alucinaciones” de los modelos, remarcó que la responsabilidad continúa estando en quienes administran Justicia.
En ese sentido, propuso un criterio: cuanto mayor sea el derecho o la garantía involucrada y más grave la decisión, mayor debe ser el nivel de revisión humana.
Lijo también destacó que la IA puede desafiar intelectualmente a los operadores judiciales al aportar perspectivas o alternativas no consideradas inicialmente. “No se trata de tenerle miedo, sino de convivir de la mejor manera con la inteligencia artificial”, señaló.

Sofía Adrogué: oportunidades, riesgos y acceso a Justicia
Desde la experiencia estadounidense, Sofía Adrogué describió un escenario en construcción, en el que tribunales y magistrados comienzan a definir reglas para incorporar estas tecnologías.
Explicó que la utilización de inteligencia artificial por parte de los abogados no elimina su responsabilidad sobre la exactitud y legalidad de los documentos presentados ante los tribunales. También planteó interrogantes vinculados con la confidencialidad, la protección de información sensible y el uso de plataformas externas.
Al mismo tiempo, señaló que la IA puede convertirse en una herramienta para ampliar el acceso a Justicia, especialmente en sistemas donde los elevados costos de representación legal constituyen una barrera.
“Hay oportunidad, promesa y peligro. Como jueces tenemos que saber utilizar estas herramientas de la mejor manera posible, pero sin olvidar el factor humano”, sostuvo.
Y sintetizó: “El factor humano es lo más importante”.

Fabricio Guariglia: una revolución en el análisis de información
Fabricio Guariglia llevó el debate al terreno de la Justicia penal internacional y el crimen organizado. Allí, explicó, la inteligencia artificial permite analizar enormes volúmenes de información, identificar patrones, reconstruir redes, cruzar bases de datos y procesar documentación en distintos idiomas a una velocidad imposible para equipos humanos.
Pero esa capacidad también presenta riesgos: falsos positivos, sesgos, errores de identificación, problemas de privacidad y dificultades para garantizar la seguridad de información sensible.
Guariglia advirtió además sobre la concentración de datos en manos de grandes compañías tecnológicas y recordó que las organizaciones criminales también pueden utilizar estas herramientas para perfeccionar sus actividades.
“No se puede tomar un modelo de inteligencia artificial e insertarlo sin más en el sistema”, señaló.
Por eso, propuso avanzar hacia un modelo de gobernabilidad digital que acompañe la incorporación tecnológica con salvaguardas, niveles de riesgo, auditorías y reglas claras.

George C. Hanks Jr.: transparencia en los tribunales
George C. Hanks Jr. puso el foco en la transparencia. Desde la experiencia de la Justicia federal estadounidense, sostuvo que las partes deben poder conocer cuándo y de qué manera un tribunal utiliza inteligencia artificial, especialmente cuando interviene en búsquedas o análisis capaces de influir sobre una decisión.
“Las partes tienen derecho a saber cómo los tribunales están utilizando esa información”, afirmó.
También advirtió sobre los riesgos de incorporar documentos confidenciales en plataformas abiertas y explicó que, ante la ausencia de una regulación uniforme, diferentes tribunales estadounidenses están avanzando con protocolos propios.
Su conclusión reforzó uno de los principales consensos del panel: “La inteligencia artificial es una herramienta, pero no puede reemplazar el juicio humano”.

Justicia sin fronteras: el desafío del crimen organizado transnacional
El segundo panel trasladó la discusión hacia el crimen organizado, la ciberdelincuencia y la cooperación judicial internacional.
Participaron María Elvira Tejada de la Fuente, fiscal de Sala contra la Criminalidad Informática de España; Giovanni Melillo, fiscal nacional Antimafia y Antiterrorismo de Italia; William Terra, fiscal de Justicia de São Paulo, Brasil; y Javier Zaragoza, fiscal de Sala del Tribunal Supremo de España.
El punto de partida fue una tensión cada vez más evidente: las organizaciones criminales operan globalmente, mientras las investigaciones continúan sujetas a fronteras, jurisdicciones y procedimientos nacionales.

María Elvira Tejada: “Hemos trasladado nuestra vida a la red”
María Elvira Tejada de la Fuente advirtió sobre el crecimiento de la ciberdelincuencia y explicó que la digitalización trasladó al entorno virtual muchas conductas criminales que anteriormente se desarrollaban en el mundo físico.
“Hemos trasladado nuestra vida a la red y, con ella, se han trasladado también las patologías que se producen en las relaciones entre las personas, entre ellas la delincuencia”, explicó.
Fraudes, ataques informáticos, vulneraciones de la privacidad, delitos sexuales contra menores, terrorismo, trata de personas y tráfico de armas y drogas encontraron en las nuevas tecnologías mayores posibilidades de expansión.
La inteligencia artificial, además, permite sofisticar modalidades tradicionales. Los fraudes pueden personalizarse a partir de información recopilada sobre las víctimas y los ataques informáticos pueden explotar vulnerabilidades con mayor precisión.
Tejada también alertó sobre el crecimiento del Crime as a Service, mediante el cual se comercializan herramientas y servicios destinados a cometer delitos incluso entre personas sin conocimientos técnicos avanzados.
“Se está generando un comercio internacional del crimen absolutamente peligroso”, advirtió.
El desafío, señaló, consiste en aprovechar las mismas tecnologías para investigar sin vulnerar derechos fundamentales: “¿Cómo aprovechamos toda esa potencialidad para actuar frente a los delincuentes sin afectar los valores esenciales de los Estados de derecho?”

Giovanni Melillo: compartir conocimiento para combatir al crimen organizado
Giovanni Melillo sostuvo que el crimen organizado no puede ser entendido únicamente como una expresión de marginalidad. Las grandes organizaciones desarrollan estrategias económicas y financieras, penetran circuitos legales y utilizan la tecnología para mover recursos y construir redes internacionales.
“Las tecnologías son multiplicadores de la capacidad del crimen organizado”, afirmó.
Para el fiscal italiano, esta transformación demuestra la insuficiencia de respuestas exclusivamente nacionales. La cooperación ya no puede reducirse al intercambio de exhortos, testimonios o medidas procesales: requiere compartir conocimiento sobre estructuras criminales, movimientos económicos y estrategias.
“Hoy necesitamos, sobre todo, compartir el conocimiento sobre los fenómenos criminales”, señaló.
Melillo destacó que las redes criminales latinoamericanas también tienen presencia, inversiones e intereses en Europa y remarcó la necesidad de profundizar la cooperación entre democracias.
“El único mecanismo que conozco para reducir el peso de este desafío es la colaboración entre Estados, entre sistemas jurídicos diversos y entre hombres provenientes de experiencias distintas”, sostuvo.
Y dejó una advertencia sobre la velocidad que exige el fenómeno: “No es tiempo de esperar épocas mejores. Perder tiempo y dudar son decisiones suicidas”.

William Terra: prevenir antes que reaccionar
William Terra realizó un recorrido por las transformaciones que obligaron al Derecho Penal a adaptarse durante el último siglo: criminalidad empresarial, narcotráfico, lavado de activos, terrorismo, internet y, actualmente, inteligencia artificial.
Para el fiscal brasileño, la experiencia demuestra que frente al terrorismo y el crimen organizado no alcanza con reaccionar una vez consumados los hechos.
“Lo más importante es prevenir. Después de que ocurre, ya perdimos”, aseguró.
Ante una criminalidad transnacional, Terra consideró indispensable profundizar la coordinación entre fiscales, jueces e instituciones de diferentes países.
“Tenemos que tener unión y estrategia para cooperar y construir una respuesta adaptada a nuestra realidad, pero sin dejar de tener como enfoque principal al ser humano”, señaló.
En un escenario cada vez más atravesado por la tecnología, reivindicó además el contacto directo entre operadores judiciales para construir confianza: “Nada sustituye al ser humano”.

Javier Zaragoza: una estrategia común contra un crimen sin fronteras
Javier Zaragoza recuperó la experiencia española en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo y destacó especialmente la cooperación desarrollada con Francia frente a ETA.
Uno de los principales aprendizajes, explicó, fue la necesidad de pasar de una política criminal exclusivamente reactiva a una estrategia preventiva, capaz de actuar antes de que las organizaciones concreten sus acciones.
“Combatimos un fenómeno criminal que no tiene fronteras. Para el crimen organizado las fronteras no existen”, afirmó.

Frente a esa realidad, propuso una estrategia sustentada en varios pilares: especialización judicial, armonización de las respuestas penales, cooperaciónreforzada, criterios compatibles para la obtención de pruebas e investigaciones patrimoniales eficaces.
“El crimen organizado tiene una estrategia clara. Si ellos tienen una estrategia, nosotros también tenemos que tenerla”, remarcó.
Zaragoza destacó además la necesidad de seguir el dinero y profundizar los mecanismos de decomiso, dado que la obtención de beneficios económicos constituye uno de los principales objetivos de estas organizaciones.
Su conclusión resumió otro de los consensos del encuentro: “Sin información no vamos a hacer nada”.

Tecnología global, crimen global y una Justicia obligada a transformarse
Los dos paneles del Debate Internacional confluyeron en un mismo diagnóstico: la Justicia enfrenta fenómenos que avanzan más rápido que las estructuras tradicionales diseñadas para abordarlos.
La inteligencia artificial ofrece oportunidades para agilizar procesos, analizar grandes cantidades de información, mejorar investigaciones y ampliar el acceso a Justicia. Pero su incorporación también exige transparencia, protección de datos, auditorías y responsabilidad humana.
Al mismo tiempo, el crimen organizado utiliza esas mismas tecnologías para operar globalmente, sofisticar fraudes, ocultar activos y superar fronteras jurisdiccionales.
Frente a ese escenario, la cooperación internacional dejó de ser un recurso accesorio. Compartir información, generar confianza entre instituciones, armonizar procedimientos y construir mecanismos de prevención aparecen como condiciones indispensables para una Justicia capaz de responder a desafíos globales.
Y, pese al protagonismo creciente de la tecnología, una idea atravesó ambas discusiones: innovar no significa desplazar a las personas. Tanto en el uso judicial de la inteligencia artificial como en la cooperación contra el crimen organizado, la responsabilidad, el criterio y la decisión final continúan teniendo un componente esencialmente humano.
