Habilitar la palabra: una oportunidad para prevenir el riesgo suicida

Por Carolina Stanley*

Cuando percibimos un incremento en notificaciones por internaciones de riesgo suicida; escuchamos de los jóvenes sus preocupaciones, ansiedades y angustias, vimos un incremento de la incidencia de salud mental en jóvenes. La decisión fue muy concreta: contar con información que nos permitiera conocer mejor una problemática sumamente sensible, dimensionarla, identificar tendencias y, sobre todo, contar con evidencia para pensar y fortalecer las políticas públicas de prevención y abordaje integral de la salud mental.

El primer informe anual evidenció un dato preocupante: en el año 2023 se realizaba más de una internación por día por riesgo suicida de NNYA en la ciudad.

Información clave para fortalecer las acciones de prevención, optimizar los factores de cuidado y promover la restitución efectiva de derechos mediante prácticas basadas en evidencia.

Este año, desde el Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires, presentamos tres nuevos trabajos que dan continuidad a ese objetivo: los informes anuarios correspondientes a 2024 y 2025, y un análisis que permite mirar la información en una perspectiva más amplia, a lo largo de tres años: un informe trianual.

Este último informe nos permitió saber que:

– En relación con la evolución de las internaciones por riesgo suicida, se registra un aumento del 15,5%.

– Respecto de la distribución por sexo/género, el 74,4% de las internaciones por riesgo suicida corresponde a mujeres.

– En relación con la edad, el 49% de las internaciones corresponde a adolescentes de entre 13 y 15 años.

– En cuanto a los motivos de internación por intentos de suicidio, 6 de cada 10 se relacionan con sobreingesta de medicamentos.

– Respecto de los centros hospitalarios, 6 de cada 10 internaciones por riesgo suicida se realizan en hospitales públicos.

–1 de cada 10 vuelve a internarse dos veces o más.

Es importante que nos preguntemos qué representan realmente estos números. Una niña, un niño o un adolescente atravesando una situación de enorme sufrimiento. Niños que muchas veces no pueden poner en palabras específicas. Familias y referentes que muchas veces no saben cómo acompañar. Y la primera escucha es importante. No hace falta tener respuestas, hace falta habilitar la palabra con una escucha atenta y comprometida. Y pedir ayuda.

Y este pedido de ayuda, de protección de un adulto que escuchó a un niño, nos interpela como sociedad y, especialmente, a quienes tenemos responsabilidades en su cuidado y protección.

Necesitamos mirar trayectorias de vida porque una internación no es un hecho aislado. Es un momento dentro de una historia más amplia. Y por eso, además de preguntarnos qué sucede cuando una niña, un niño o un adolescente llega a una internación, tenemos que preguntarnos qué sucedió antes:

¿Qué tuvo que pasar para que llegara hasta ahí? ¿Qué señales pudieron haber aparecido? ¿Qué situaciones atravesó? ¿Con quién pudo hablar? ¿Quién pudo advertir que algo estaba pasando?

Pensar el riesgo suicida desde esta perspectiva nos permite entender que estamos frente a una problemática compleja y multicausal, en la que las situaciones personales se relacionan con los vínculos, las familias, las escuelas, los entornos y las condiciones en las que niñas, niños y adolescentes desarrollan su vida.

Si la internación es un momento de un proceso más amplio, también significa que existen oportunidades para intervenir antes. La prevención es posible.

Hablar de prevención del suicidio en adolescentes es hablar de una responsabilidad colectiva. Necesitamos construir una sociedad y, especialmente, instituciones capaces de escuchar antes, de detectar las señales, de acompañar sin juzgar y de garantizar que ningún adolescente quede solo frente a aquello que no puede expresar o atravesar.

La escucha es una herramienta concreta de prevención y una forma de garantizar derechos. Por eso, prevenir exige fortalecer las redes familiares, comunitarias, educativas y sanitarias; formar a los adultos que están cerca de los chicos; generar dispositivos accesibles de orientación y acompañamiento; y articular tempranamente las respuestas del Estado.

Frente al riesgo suicida, llegar a tiempo puede cambiar una historia. Y escuchar no es solamente estar presentes. Es poder reconocer las señales, registrar cambios, silencios, aislamiento o malestar, tomar en serio aquello que niñas, niños y adolescentes expresan y transformar esa escucha en acciones concretas de cuidado y protección.

Porque la prevención también empieza por habilitar la palabra: generar espacios de confianza donde niñas, niños y adolescentes puedan expresar lo que les pasa y encontrar adultos capaces de escuchar, comprender y acompañar.

* Asesora General. Ministerio Público Tutelar del Poder Judicial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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