El jurista uruguayo falleció a los 73 años. Durante más de tres décadas desempeñó funciones centrales en la Organización de los Estados Americanos y fue uno de los principales especialistas en la defensa de la democracia, el Estado de derecho y la cooperación jurídica internacional.
El mundo del derecho internacional está de luto. Jean Michel Arrighi, uno de los juristas más influyentes del sistema interamericano y una figura fundamental en la construcción de los mecanismos jurídicos de defensa de la democracia en América, falleció este martes 13 de octubre, a los 73 años. Su trayectoria estuvo estrechamente vinculada con la Organización de los Estados Americanos (OEA), donde desarrolló más de tres décadas de actividad y llegó a ocupar la Secretaría de Asuntos Jurídicos.
Nacido en Montevideo el 4 de marzo de 1953, Arrighi fue mucho más que un funcionario internacional. Abogado, académico, investigador y autor de numerosas publicaciones, dedicó buena parte de su vida a fortalecer las instituciones democráticas, promover la solución pacífica de controversias y consolidar el derecho internacional como una herramienta efectiva para garantizar la convivencia entre los Estados.
Su fallecimiento generó expresiones de pesar en la comunidad jurídica internacional. Entre ellas, la del presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Rodrigo Mudrovitsch, quien lo recordó como “un jurista extraordinario, una persona entrañable y un pilar fundamental en la consolidación institucional de la OEA, cuyo legado permanecerá grabado de modo imborrable en la historia jurídica de las Américas”.
De Uruguay a la conducción jurídica de la OEA
Arrighi se formó en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República de Uruguay, donde obtuvo los títulos de abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales.
Fue discípulo de Eduardo Jiménez de Aréchaga, uno de los principales internacionalistas latinoamericanos, quien llegó a presidir la Corte Internacional de Justicia. Bajo su influencia, desarrolló una concepción del derecho internacional basada en el respeto de los tratados, la prohibición del uso de la fuerza y la articulación entre las obligaciones internacionales y los sistemas constitucionales de cada país.
Su trayectoria en la función pública comenzó antes de su incorporación a los organismos multilaterales. Entre 1985 y 1990, durante los primeros años de la recuperación democrática uruguaya, se desempeñó como director nacional de Comercio y Abastecimiento.
Desde ese cargo participó en el proceso de reorganización económica e institucional del país y promovió el estudio del derecho del consumidor, una disciplina que comenzaba a adquirir relevancia en América Latina.
En 1993 ingresó por concurso a la Secretaría General de la OEA como asesor jurídico. Allí inició una carrera que lo llevaría a ocupar algunos de los principales cargos de responsabilidad jurídica del organismo.
Entre 1996 y 2005 fue director del Departamento de Derecho Internacional; posteriormente, entre 2005 y 2008, encabezó el Departamento de Asuntos Jurídicos Internacionales. Finalmente, en 2008 asumió como secretario de Asuntos Jurídicos de la OEA, función que desempeñó hasta 2026.
Durante esos años se convirtió en una de las principales referencias técnicas de la organización, brindando asesoramiento jurídico a sus autoridades y participando en debates sobre institucionalidad democrática, cooperación internacional y resolución de controversias.
La Carta Democrática Interamericana, uno de sus principales legados
Uno de los capítulos más relevantes de su trayectoria fue su participación en el desarrollo jurídico de la Carta Democrática Interamericana, aprobada en Lima el 11 de septiembre de 2001.
El instrumento, considerado uno de los pilares del sistema interamericano, establece que los pueblos de América tienen derecho a la democracia y que sus gobiernos tienen la obligación de promoverla y defenderla.
Arrighi intervino en su elaboración e interpretación jurídica, particularmente en uno de los debates más complejos del derecho internacional: cómo compatibilizar la defensa colectiva de la democracia con el principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados.
Su posición se apoyaba en la idea de que la protección del orden democrático no debía interpretarse como una intromisión ilegítima, sino como una obligación asumida voluntariamente por los países integrantes de la organización.
Esa concepción tuvo consecuencias concretas en las discusiones de la OEA frente a las crisis institucionales que atravesaron distintos países de la región.
Durante el golpe de Estado en Honduras de 2009, Arrighi participó en la fundamentación jurídica de la aplicación de la Carta Democrática Interamericana, que derivó en la suspensión de ese país del organismo.
También intervino en el análisis de los mecanismos institucionales disponibles frente a situaciones de alteración del orden constitucional en Venezuela, Nicaragua y Perú.
Su trabajo contribuyó a precisar los límites y alcances de la actuación colectiva de la OEA, especialmente en aquellos escenarios en los que la defensa de la democracia entraba en tensión con la soberanía estatal.
Un defensor de la solución pacífica de los conflictos
A lo largo de su carrera, Arrighi sostuvo una posición firme respecto de los límites jurídicos al uso de la fuerza en las relaciones internacionales.
Sus estudios abordaron, entre otras cuestiones, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), los mecanismos de seguridad colectiva y la relación entre las organizaciones regionales y las Naciones Unidas.
Defendía que las herramientas de cooperación y defensa hemisférica debían ejercerse dentro de los límites establecidos por el derecho internacional y sin desconocer las competencias del Consejo de Seguridad de la ONU.
En esa línea, subrayaba que la OEA no disponía de fuerzas armadas propias y que su función central debía orientarse a la prevención de conflictos, la diplomacia y la búsqueda de soluciones pacíficas.
También desempeñó un papel importante en los procesos de armonización normativa impulsados por las Conferencias Especializadas Interamericanas sobre Derecho Internacional Privado, que promovieron instrumentos vinculados con el arbitraje comercial, los contratos internacionales, las garantías mobiliarias y el acceso a la información pública.
Una extensa trayectoria académica internacional
La actividad institucional de Arrighi estuvo acompañada por una intensa labor académica.
Fue profesor agregado de Derecho Internacional Público en la Universidad de la República y docente de la Universidad Católica del Uruguay. Además, participó durante años en el Curso de Derecho Internacional organizado en Río de Janeiro bajo el patrocinio del Comité Jurídico Interamericano.
Su prestigio lo llevó a dictar conferencias y seminarios en algunas de las principales universidades de América y Europa, entre ellas Georgetown University, la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad de Ottawa, la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad París II Panthéon-Assas.
Uno de los reconocimientos académicos más importantes de su carrera llegó en 2011, cuando fue convocado a dictar un curso en la prestigiosa Academia de Derecho Internacional de La Haya.
Sus exposiciones fueron publicadas en el volumen 355 del Recueil des Cours, bajo el título L’Organisation des États Américains et le droit international.
En ese trabajo examinó el papel del continente americano en la construcción del derecho internacional contemporáneo y destacó la influencia que tuvieron las conferencias panamericanas en la formulación de principios como la igualdad soberana de los Estados, la prohibición de la conquista territorial y la solución pacífica de controversias.
Entre sus publicaciones también se destacan Derecho internacional público y telecomunicaciones, La OEA y el derecho internacional y diversos trabajos sobre los mecanismos interamericanos de protección de la democracia y las relaciones entre el derecho internacional y los ordenamientos jurídicos nacionales.
Reconocimientos y participación en instituciones jurídicas
A lo largo de su trayectoria, Arrighi recibió numerosas distinciones y formó parte de importantes instituciones académicas y científicas.
En 2007 fue elegido miembro del Institut de Droit International, una de las organizaciones de mayor prestigio en la especialidad, distinguida con el Premio Nobel de la Paz en 1904.
También integró el Instituto Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional, la Asociación Uruguaya de Derecho Internacional y la Sociedad Latinoamericana de Derecho Internacional, donde ejerció funciones directivas.
Fue miembro correspondiente de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Argentina y participó en instituciones como la Société Française pour le Droit International y la American Society of International Law.
En 2015, la Universidad Helénica Internacional le otorgó el título de doctor honoris causa en reconocimiento a su trayectoria profesional, su producción académica y su compromiso con el Estado de derecho.
El legado de un jurista que dedicó su vida a la democracia
La muerte de Jean Michel Arrighi representa una pérdida significativa para el derecho internacional y para el sistema interamericano.
Su trayectoria atravesó algunas de las transformaciones institucionales más importantes del continente durante las últimas décadas: desde los procesos de consolidación democrática hasta las crisis constitucionales que pusieron a prueba la capacidad de respuesta de los organismos multilaterales.
Pero su aporte no se limitó al ejercicio de cargos institucionales. También contribuyó a construir una doctrina jurídica que buscó establecer límites al poder estatal y fortalecer los mecanismos internacionales de protección de la democracia.
Su principal legado fue haber contribuido a transformar la defensa de la democracia de una aspiración política en un compromiso jurídico asumido por los Estados.
Desde las aulas universitarias hasta los despachos de la OEA, Arrighi dedicó su vida a una convicción: que el derecho internacional no debía quedar reducido a declaraciones de principios, sino convertirse en una herramienta concreta para preservar la paz, garantizar la vigencia de las instituciones y proteger los derechos fundamentales.
Con su fallecimiento, el sistema interamericano pierde a uno de sus principales arquitectos jurídicos y a un académico cuya influencia trascendió las fronteras de Uruguay para proyectarse sobre todo el continente.
