En una entrevista de más de una hora y media con Tomás Rebord, el juez de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti habló de “reformas institucionales para ajustar la democracia”, cuestionó el funcionamiento del Poder Judicial y describió un “fin de ciclo” de la dirigencia. También recordó su mala relación con el macrismo y los ataques de Elisa Carrió.
Que un juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación se siente a conversar en un streaming es una rareza. Ricardo Lorenzetti lo reconoció en la extensa entrevista que mantuvo con Tomás Rebord, en el programa de Blender “Hay algo ahí”, donde planteó que “hay que reaccionar y fortalecer la democracia” y se mostró muy “crítico del Poder Judicial”.
“Siempre fui más persona que cargo”, contó remarcando que para él los jueces son “personas comunes que estamos ocasionalmente ocupando un cargo, pero somos personas con ideas”.
Desde ese lugar trazó un mapa del momento político e institucional. No sólo habló del funcionamiento del Poder Judicial, sino que lo situó en una crisis más amplia de la democracia occidental. “Una de las grandes reformas que yo digo que hay que hacer en esta época son reformas institucionales para ajustar la democracia. ¿Por qué? Porque la democracia no está funcionando bien”, sostuvo, antes de desplegar su tesis del “fin de ciclo” de la cultura del siglo XX.
Lorenzetti describió al viejo Estado de bienestar como “un padre protector” que, con el tiempo, se transformó en “un padre fracasado”, paralizado por una “multiplicidad de cambios” y por una lógica de vetos cruzados.
La “vetocracia”
Lorenzetti habló de una “vetocracia” donde “es más importante la capacidad de veto que la de gobernar” y advirtió que, frente a esa parálisis, la sociedad se volcó hacia un “padre enojado”. En su lectura, el clima global es el de “la era de la desilusión”, con democracias que se vacían por dentro mientras crece el autoritarismo.
En ese contexto, el juez insistió en que no se trata de abandonar la democracia sino de defenderla. “Yo lo que digo es hay que reaccionar y fortalecer la democracia y redimensionarla para hacerla más fuerte”, planteó, al tiempo que reivindicó la idea de una “democracia ampliada”, donde los movimientos sociales –ambientales, feministas, de derechos humanos– forman parte del contrato básico de la sociedad y no pueden ser revisados “cada vez que hay un cambio de gobierno”.
Cuando Rebord lo llevó al presente argentino y le preguntó por Javier Milei, Lorenzetti relativizó la personalización del fenómeno: “No, yo no creo que sea tan así en el sentido de que es un problema global esto. Hemos visto mucho de esto en la historia. Yo no creo que sea algo permanente. Si creo que la sociedad está enojada, no Milei, la sociedad”.

El juez de la Corte también realizó una autocrítica del Poder Judicial. Ante la pregunta sobre el peso de los tribunales en la disputa política, Lorenzetti aseguró que es “un crítico de cómo está funcionando el poder judicial” y enseguida marcó una diferencia entre las sentencias de la Corte y la maquinaria judicial en su conjunto. Insistió en que “gran parte del poder judicial es una expresión creada por los demás poderes” y que “la selección de los jueces siempre es de la política”. Por eso, llamó a discutir “cómo se seleccionan los jueces y juezas” y a evitar la “partidización” en los nombramientos.
A su entender, “el poder judicial es un servicio a la población”. Pero ese servicio está fallando. “Las demoras, las faltas de cargos” y la incapacidad para responder a los conflictos cotidianos construyen una justicia lejana, pensada “en función del poder y no en función del servicio, en función de la oferta y no en función de la demanda”.
Sobre la judicialización de la política, reivindicó una lectura estructural. Recordó que la agenda judicial ya no se agota en lo penal y que hoy hay “una judicialización muy grande en el área de la salud, de la economía, en el funcionamiento de la política, en todo”. Para él, eso se conecta con la misma lógica de vetos que paraliza la democracia.
Su relación con el ex presidente Macri: “Me persiguieron”
El tramo más caliente de la charla llegó cuando Rebord le preguntó por el macrismo, el lawfare y las presiones del poder político. Lorenzetti no convalidó la etiqueta, pero sí la intención de controlar los tribunales. “Yo creo que existe la idea de algunos gobiernos de manejar el poder judicial. Eso existe en todos los países del mundo”, afirmó. Pero cuando el periodista le preguntó por su vínculo con el ex presidente Mauricio Macri, no dudó. “Mala. Porque me persiguieron”, dijo.
Enseguida recordó el papel de Elisa Carrió en esa etapa. “¿Vos acordate de Carrió? Todas las semanas me atacó durante dos años seguidos, todas las semanas hasta que logró voltear la presidencia de la corte. Entonces, eso fue un ataque terrible”. También evocó los fallos de coparticipación que, según dijo, “lograron sostener a las provincias” y alimentaron la idea de que la Corte había condicionado al gobierno.
Otro capítulo aparte fue el de los nombramientos por decreto de Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz. Lorenzetti sostuvo que, ante el decreto de Macri, en la Corte tomaron una decisión inmediata. Contó que se reunió con Juan Carlos Maqueda y Elena Highton y acordaron que “no corresponde tomarle juramento” porque era “un mecanismo excepcional” que podía “afectar la corte”. Y reivindicó su propia línea de conducta. “Yo he mantenido la coherencia, estoy muy tranquilo, no tomé juramento a un juez que es designado por decreto. No me voté a mí mismo nunca, cosa que también es importante”.

La crisis por el fallo del 2×1 en causas de lesa humanidad apareció como el punto más crítico de la relación entre la Corte y la sociedad. “Fue una tragedia eso. Yo voté en disidencia. Fue la peor crisis que tuvo la Corte en su historia”, reconoció recordando que hubo “una manifestación” masiva, una “movilización gigante” y una ley del Congreso en respuesta a la decisión de la mayoría integrada por Rosenkrantz, Rosatti y Highton de Nolasco. Esa experiencia lo llevó a insistir en que “la institución no puede estar desconectada de la sociedad en esos grandes cuestiones constitucionales”, aun cuando la función del Poder Judicial sea, por definición, “contramayoritaria”.
Por último, Lorenzetti defendió su propio recorrido dentro del tribunal. Reivindicó haber sostenido durante dos décadas la misma línea en materia de derechos humanos, sociales, de género y ambientales. “Hemos mantenido a lo largo de cinco presidencias” esa jurisprudencia, subrayó, y remató: “He firmado las sentencias en 20 años que volvería a firmar ahora si tuviera que hacerlo, porque creo en eso, no tengo mucha tranquilidad con lo que afirmo”.
