La fiscal Fabiana León pidió un careo entre el encargado del edificio de Juncal y Uruguay y el comisario que encabezó el allanamiento: “Sólo uno puede estar diciendo la verdad”. Antes, volvió a cruzarse con Carlos Beraldi por la exhibición del video del procedimiento. El defensor de Cristina Kirchner reclamó resguardar su intimidad, mientras León sostuvo que se trata de prueba ofrecida y admitida antes del juicio.
La declaración del testigo Juan Carlos Barrales, jefe de la División Operaciones Federales el 23 de agosto de 2018 cuando se allanó el domicilio de entonces de Cristina Kirchner, transcurría con normalidad, hasta que la fiscal León solicitó la exhibición del video del procedimiento.
En ese momento y tras haberse visto el interior del domicilio, la cocina, el baño, documentos que estaban sobre el escritorio de la ex presidente y la circunstancia en la que el abogado Beraldi, presente en el operativo “fue invitado” a abandonar el lugar por una indicación del juez federal Claudio Bonadio, a cargo de la instrucción de la causa.
El defensor de Cristina Kirchner señaló que se estaba perdiendo demasiado tiempo de la audiencia sin que fuera claro el objetivo de la fiscal al exhibir las imágenes, sin dar cuenta de qué minuto o qué cuadros de la filmación son de interés y para qué, con especial énfasis en la violación de la intimidad de su defendida, cuyo domicilio de entonces estaba siendo expuesto de manera pública.
Tras un intercambio entre ambos, Beraldi insistió en que se le pidieran precisiones a la fiscalía, por lo que los jueces Enrique Méndez Signori, Germán Castelli y Fernando Canero, pasaron a un cuarto intermedio para consensura una respuesta, que fue, por mayoría, concederle a León el permiso para continuar con el video.

Según la acusación, en ese inmueble se llevaron a cabo 87 entregas por casi 70 millones de dólares. De hecho, Barrales declaró que “detrás de la habitación matrimonial, había una puerta blindada que daba aun vestidor o un placard”.
El policía manifestó que la casa era muy grande, por eso preguntó qué autonomía tenía la cámara filmadora a quien registraba el allanamiento para saber si habría que interrumpirla. Según Barrales, siempre que hubo que cortar la grabación, se hizo delante de testigos, para evitar objeciones y nulidades y, ante preguntas de la fiscalía, negó haber recibido órdenes del juez Bonadio de seguir allanando hasta “que encontraran algo en particular”.
El comisario recordó que el primero que ingresó en Uruguay y Juncal fue un perro que detecta drogas y divisas, marcó un cajón, no se encontró nada, pero el adiestrador explicó que el animal pudo haber marcado el sitio porque en otro momento “hubo drogas o divisas, porque el animal es dual”.
Barrales tuvo mucha dificultades para recordar horarios, nombres y orden de prelación para el ingreso de funcionarios en el departamento, “porque ya pasaron ocho años del procedimiento”. No obstante, recordó que el encargado del edificio, quien fue un testigo «estrella» de este juicio, les informó de la existencia de una baulera que también, según instrucciones, tenían que revisada.
La fiscal estaba obviamente interesada en derribar el testimonio del portero, quien en el juicio y bajo juramento dijo que había mentido en la instrucción, que jamás había visto trasiego de bolsos en el matrimonio presidencial y que faltó a la verdad porque lo habían amenazado en el juzgado.
León no se sorprendió ante las dificultades de Barrales de recordar los hechos con horarios precisos, al haber transcurrido ocho años de los hechos, sin embargo, Silva, el encargado, declaró con ese grado de minuciosidad ante el TOCF 7, en mayo de este año. También dijo que escuchó gritos de Bonadio hacia Barrales, pero éste negó que el juez le hubiera gritado y no recordó que el encargado hubiera estado cerca cuando habló con el tribunal pidiendo instrucciones.
