Gabriela Vázquez y Alejo Ramos Padilla encabezan la Lista N°2, surgida de la fractura de uno de los espacios tradicionales de la magistratura. Cuestionan los acuerdos de “mesa chica”, proponen cambios en los concursos y plantean una defensa de la independencia judicial que no implique un blindaje corporativo.
La ruptura ya ocurrió. Ahora habrá que medir cuánto representa cada parte.
La histórica Lista Celeste llegará dividida a las elecciones del 8 de octubre para renovar los cuatro representantes de los jueces en el Consejo de la Magistratura. Una de sus expresiones estará encabezada por Walter Venditti y Paula Castro. La otra llevará como primeros candidatos a Gabriela Vázquez y Alejo Ramos Padilla, dos nombres conocidos dentro del Poder Judicial que decidieron disputar no solamente una banca, sino también la forma de ejercer la representación del estamento.
La división incluso derivó en una controversia ante la Junta Electoral de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional (AMFJN) por la utilización del nombre y los símbolos de la histórica agrupación.
Pero reducir el conflicto a una pelea por la identidad de la Celeste sería quedarse en la superficie.
La Lista N°2 intenta presentarse como una alternativa a la dinámica tradicional de construcción de poder dentro del sector. Cuestiona los acuerdos de “mesa chica”, reclama mayor rendición de cuentas y propone una participación más activa de los representantes judiciales antes de que los conflictos lleguen al Consejo.
En otras palabras, la disputa es electoral, pero también sobre cómo hacer política dentro de la Justicia.
Vázquez y Ramos Padilla, dos perfiles con peso propio
La primera candidata es Gabriela Alejandra Vázquez, integrante de la Sala VI de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo.
La acompaña Alejo Ramos Padilla, titular del Juzgado Federal N°1 de La Plata, un tribunal con competencia electoral y fuerte exposición institucional.
La lista continúa con Viviana Mariel Dobarro, jueza Nacional del Trabajo; Fernando Luis Rodolfo Poviña, juez federal de Tucumán; y Vilma Isabel Bisceglia, integrante de un Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional.
La conformación tiene una característica particular: combina una presencia importante del fuero laboral y de la Justicia Nacional con magistrados federales del interior.
Ese armado también dialoga con algunos de los ejes políticos que el sector pretende instalar, especialmente frente al debate sobre el futuro de la Justicia Nacional.
Romper con la lógica de la “mesa chica”
Una de las principales diferencias respecto del otro sector de la Celeste aparece en la concepción de la representación.
Vázquez y Ramos Padilla ponen el acento en la necesidad de desarticular los acuerdos de “mesa chica”, ampliar los mecanismos de participación interna y fortalecer la rendición de cuentas de quienes llegan al Consejo en representación de los jueces.
No es una discusión menor en un organismo cuya dinámica depende, en buena medida, de acuerdos entre representantes de jueces, abogados, académicos, legisladores y el Poder Ejecutivo.
La propuesta supone intentar modificar una lógica política profundamente instalada: que muchas de las decisiones centrales se resuelvan mediante negociaciones entre las conducciones de los distintos estamentos antes de llegar formalmente al plenario.
El desafío será demostrar hasta dónde es posible modificar esa dinámica desde adentro de un organismo en el que prácticamente ninguna decisión relevante puede construirse en soledad.
Concursos: cambiar también quién pregunta y quién corrige
Las vacantes constituyen uno de los problemas que atraviesan las propuestas de todas las listas, pero el sector de Vázquez y Ramos Padilla introduce una discusión particular sobre cómo se evalúa a los futuros jueces.
La Lista N°2 plantea modificar el funcionamiento de los jurados de los concursos, separando a quienes elaboran los casos que integran los exámenes de quienes posteriormente tienen la responsabilidad de corregirlos.
La propuesta apunta a reforzar la transparencia y reducir márgenes de discrecionalidad en una instancia determinante para establecer el orden de mérito.
También propone incorporar evaluaciones relacionadas con derechos humanos y situaciones de vulnerabilidad dentro de los procesos de selección.
El planteo introduce así una diferencia respecto de las propuestas centradas fundamentalmente en acelerar los concursos: para este sector, no alcanza con discutir cuánto tardan, sino que también hay que revisar cómo se desarrollan.
Defender las sentencias sin defender cualquier conducta
Otro punto permite observar con mayor claridad la identidad que intenta construir la lista.
Vázquez y Ramos Padilla reivindican que un juez no puede ser perseguido disciplinariamente por el contenido de sus sentencias. Las diferencias jurídicas deben resolverse mediante los mecanismos de revisión previstos por el sistema y no a través de una denuncia ante el Consejo.
Pero esa protección encuentra un límite.
La propuesta rechaza que la defensa de la independencia judicial se transforme en una respuesta corporativa automática frente a faltas disciplinarias que puedan ser acreditadas.
La distinción toca uno de los debates permanentes dentro de la representación judicial: hasta dónde debe llegar la solidaridad del estamento cuando uno de sus integrantes es investigado.
El equilibrio que propone la lista es proteger al juez cuando lo que está cuestionado es su decisión jurisdiccional, pero no convertir esa protección en inmunidad frente a su conducta.
El traspaso y una discusión que toca de cerca a la lista
La situación de la Justicia Nacional tiene un peso particular en esta nómina. Vázquez y Dobarro provienen del fuero del Trabajo y Bisceglia de la Justicia Nacional penal.
La Lista N°2 cuestiona el avance del traspaso de competencias a la Ciudad de Buenos Aires y pone especialmente el foco en las consecuencias que una transformación de esas características tendría sobre magistrados, funcionarios y trabajadores judiciales.
Su planteo cuestiona además la falta de participación de quienes integran esos fueros en una discusión que afecta directamente sus condiciones laborales, su carrera y el funcionamiento futuro de los tribunales.
La diferencia con el otro sector Celeste aparece también en la respuesta: mientras Venditti y Castro impulsan explícitamente la federalización de los fueros nacionales, Vázquez y Ramos Padilla concentran su posición en la defensa funcional y laboral de las estructuras afectadas.
Tecnología, pero primero gestión
La incorporación de nuevas tecnologías y de inteligencia artificial también forma parte de la plataforma.
La propuesta plantea establecer protocolos de trazabilidad de datos, ciberseguridad y control sobre la utilización de estas herramientas, pero introduce una advertencia: la tecnología por sí sola no resuelve los problemas estructurales de los tribunales.
La inversión debe estar acompañada por planes de reingeniería de gestión, de manera que la digitalización no termine reproduciendo con herramientas nuevas los mismos procedimientos burocráticos.
Es una discusión que probablemente gane peso dentro del próximo Consejo a medida que la inteligencia artificial avance sobre tareas que hasta ahora eran realizadas exclusivamente por funcionarios y empleados judiciales.
Una elección para medir la ruptura
Pero el principal desafío de la Lista N°2 quizás sea anterior a cualquiera de sus propuestas.
Primero deberá demostrar cuánto representa la ruptura que protagonizó.
El sistema D’Hondt convierte esa pregunta en algo más que una discusión interna. La división de la Celeste puede dispersar los votos de un electorado que anteriormente encontraba una única opción dentro de ese espacio y alterar la distribución de las cuatro bancas judiciales.
Por eso, Vázquez y Ramos Padilla disputarán varias elecciones simultáneamente.
Competirán contra la Bordó y Compromiso Judicial por ingresar al Consejo. Pero también medirán fuerzas con Venditti y Castro para determinar cuál de los dos sectores consigue representar a una porción mayor del histórico electorado Celeste.
En esa competencia hay además una discusión generacional sobre las formas de construcción política dentro del Poder Judicial.
La Lista N°2 no propone recuperar una Celeste que quedó atrás, sino discutir cómo debería funcionar hacia adelante.
El 8 de octubre, las urnas dirán si la fractura fue solamente una división de dirigentes o si detrás de ella existe un sector de la magistratura dispuesto a acompañar ese cambio.
