Durante 30 minutos, el documental de Lucía Salinas desarma el mito del contrabando menor y muestra cómo el tráfico ilegal de cigarrillos se convirtió en una infraestructura clave del crimen organizado transnacional.
En las sombras de las rutas argentinas, donde el asfalto se funde con el monte y el río Paraguay parece una frontera más imaginaria que real, circula una mercadería que no deja rastro en los libros contables pero sí en la arquitectura global del miedo. Ese circuito opaco -silencioso, altamente rentable y de bajo riesgo penal- es el corazón de Humo: el delito invisible, el documental de investigación de Lucía Salinas, estrenado recientemente en Flow.
Durante 30 minutos de una narrativa cruda y necesaria, Salinas pone luz sobre una de las economías ilegales más prósperas y menos comprendidas de Sudamérica: el contrabando de cigarrillos. El recorrido es tan simple como inquietante. Desde las factorías tabacaleras de Paraguay hasta los quioscos informales de la Patagonia, la mercadería ilegal atraviesa más de 3.500 kilómetros de territorio argentino con una impunidad que desnuda el fracaso de los controles estatales.
“¿Cuántas manos intervinieron para que este cigarrillo llegara hasta aquí?”, se pregunta Salinas en uno de los pasajes del filme. La pregunta funciona como síntesis y acusación.
El fin del contrabandista romántico
El documental derriba una imagen persistente: la del contrabandista de frontera como figura marginal o folclórica. En Humo no hay épica ni romanticismo, sino una cadena de explotación perfectamente aceitada. En ella, el productor tabacalero de Misiones aparece como el eslabón más débil: presionado por los costos, la carga fiscal y la falta de alternativas, termina vendiendo su cosecha al circuito ilegal -muchas veces con destino a Brasil- para poder sobrevivir.
Mientras tanto, los grandes dividendos quedan en manos de organizaciones criminales de escala regional y global, como el Primer Comando Capital o Hezbollah, que utilizan el tabaco como fuente de financiamiento. En la Argentina, donde la carga impositiva sobre los cigarrillos supera el 80%, el mercado ilegal encontró un ecosistema perfecto: precios más bajos, controles sanitarios inexistentes y un marco penal laxo que rara vez se traduce en condenas efectivas.


Una ruta invisible que sostiene delitos visibles
La preferencia de estas redes por el contrabando de cigarrillos no es casual. A diferencia del narcotráfico, que implica penas severas y mayor exposición, el tabaco suele tramitarse como infracción aduanera, con multas que representan apenas una fracción de las ganancias. Esa ecuación -alta rentabilidad, bajo castigo- convirtió al cigarrillo en una moneda de cambio estratégica para financiar otras actividades criminales más violentas.
Salinas documenta, además, una asimetría tecnológica alarmante: drones, comunicaciones encriptadas y logística de contrainteligencia que superan con frecuencia la capacidad de respuesta del Estado. El “delito invisible” no lo es por falta de indicios, sino por falta de decisión estructural para enfrentarlo.
El otro humo: ambiente, justicia y territorio
El estreno de Humo coincide con un momento clave en la justicia argentina. Mientras el documental denuncia la economía ilegal del tabaco, los tribunales avanzan sobre otro tipo de humo: el de los incendios intencionales en los humedales del Delta del Paraná. En diciembre de 2025, la Corte Suprema de Justicia de la Nación dictó un fallo histórico que marcó un punto de inflexión en la protección ambiental y abrió la puerta a las primeras condenas por ecocidio.
Ambas realidades -el contrabando y el fuego- son caras de una misma moneda. En los dos casos, la ausencia o debilidad del Estado es rápidamente ocupada por intereses económicos que operan en la penumbra. El humo, ya sea del cigarrillo ilegal o de los pastizales incendiados, funciona como cortina: oculta rutas, responsabilidades y daños que se vuelven estructurales.
Lucía Salinas, periodismo desde los bordes
Acostumbrada a los pasillos de Comodoro Py y a la investigación judicial de alto impacto, Lucía Salinas lleva en este trabajo su método a otro terreno. Recorre zonas peligrosas, habla con fuentes que conocen el funcionamiento interno de las redes ilegales y reconstruye una trama que rara vez ocupa la agenda central. Humo no es sólo un documental: es una advertencia.
La investigación de Salinas y la reciente jurisprudencia ambiental revelan una Argentina en una encrucijada institucional. El contrabando de cigarrillos dejó de ser un delito menor para consolidarse como infraestructura financiera del crimen organizado y del terrorismo, aprovechando vacíos jurídicos y una brecha tecnológica que urge cerrar.
En definitiva, Humo: el delito invisible es un llamado a la transparencia y a la vigilancia soberana. El delito invisible sólo se combate con luz, datos y presencia estatal. Y el humo -en todas sus formas- debe dejar de ser una cortina que oculte la degradación del país para convertirse en el punto de partida de una reforma estructural y ética.
