La evidencia médica confirma la existencia de la EVALI, una lesión pulmonar asociada al vapeo. A pesar de la prohibición vigente, los dispositivos circulan sin control y se consolidan como puerta de entrada a la adicción a la nicotina.
La evidencia médica ya no deja margen a la duda: el uso de cigarrillos electrónicos puede provocar lesiones pulmonares agudas graves, incluso fatales. Así lo advirtió el neumonólogo Daniel Buljubasich en declaraciones radiales recientes, donde confirmó la existencia de una entidad clínica reconocida –EVALI (Electronic Vaping-Associated Lung Injury)– directamente asociada al vapeo y ya diagnosticada en hospitales. El avance del fenómeno abre, además, interrogantes jurídicos sobre la responsabilidad del Estado frente a una actividad prohibida por ley pero ampliamente comercializada.
Buljubasich explicó que, si bien los efectos del consumo crónico aún no se conocen en su totalidad -por tratarse de un hábito relativamente reciente-, ya se observan cuadros de deterioro pulmonar gravísimo. El especialista comparó el escenario actual con las primeras décadas del cigarrillo tradicional, cuando el daño se minimizaba o se desconocía, y recordó patologías irreversibles como la bronquiolitis obliterante, conocida como “pulmón de pochoclo”.
EVALI: una enfermedad reconocida y notificada
Desde fines de 2019, la comunidad médica internacional describe la EVALI como una inflamación pulmonar severa vinculada al uso de cigarrillos electrónicos. El cuadro suele presentarse con síntomas respiratorios agudos similares a una neumonía grave y, en muchos casos, requiere internación en terapia intensiva y asistencia respiratoria mecánica. Se han reportado decenas de muertes asociadas.
En la Argentina, el Ministerio de Salud de la Nación emitió alertas sanitarias y estableció que los casos sospechosos deben ser notificados a las autoridades, lo que refuerza la relevancia institucional del problema.
Sustancias tóxicas y riesgo penal
Los dispositivos de vapeo funcionan mediante el calentamiento de líquidos que contienen nicotina y múltiples compuestos químicos: propilenglicol, glicerina vegetal, diacetilo, acroleína, formaldehído, nitrosaminas, metales pesados, entre otros. Varios de ellos son cancerígenos o altamente tóxicos cuando se inhalan.
Un documento técnico de la Sociedad Argentina de Pediatría detalla que el calentamiento a altas temperaturas genera sustancias capaces de producir inflamación de las vías aéreas, daño del ADN, neurotoxicidad y alteraciones cardiovasculares, además de asociarse con neumonías, crisis asmáticas y bronquiolitis obliterante.
Desde una perspectiva jurídica, la combinación de sustancias peligrosas, falta de control sanitario, venta clandestina y daños graves a la salud plantea escenarios de eventual responsabilidad penal y civil, especialmente cuando las víctimas son menores de edad.
Vapeo y adolescentes: una población especialmente vulnerable
El foco de preocupación se centra en los adolescentes. Datos recientes muestran un crecimiento sostenido del consumo en jóvenes, impulsado por estrategias de marketing con saborizantes dulces, envases atractivos e influencers en redes sociales.
La nicotina -sustancia adictiva por excelencia- tiene un impacto particular en el cerebro adolescente, que continúa en desarrollo hasta alrededor de los 25 años. La exposición temprana puede generar cambios irreversibles en la memoria, la atención y el aprendizaje, además de favorecer la adicción rápida y el llamado uso dual (vapeo más cigarrillo convencional).
Contrario al discurso comercial, los especialistas advierten que los adolescentes no utilizan el vapeo para dejar de fumar, sino como puerta de entrada al consumo de nicotina y, en algunos casos, de otras sustancias. En el mercado ilegal también circulan líquidos con CBD o THC, cuyos efectos incluyen alteraciones del comportamiento, ansiedad, depresión y riesgo de dependencia.
Prohibido por ley, tolerado en la práctica
La legislación nacional prohíbe la promoción, venta y distribución de los cigarrillos electrónicos. Sin embargo, el acceso es sencillo a través de canales digitales y comercio informal, sin controles de origen, composición ni edad del comprador.
Este desfasaje entre la norma y la realidad plantea un déficit de fiscalización que podría derivar en responsabilidades estatales por omisión, además de eventuales acciones contra comercializadores y plataformas.
Un problema sanitario con impacto judicial
Además del daño pulmonar, se registran quemaduras por explosión de baterías, intoxicaciones por ingesta accidental de líquidos -especialmente en niños pequeños- y exposición pasiva a vapores residuales. También se advierte un impacto ambiental negativo por los desechos químicos y electrónicos.
Frente a este escenario, los especialistas insisten en la prevención temprana, el interrogatorio activo en las consultas médicas y la información clara a familias y escuelas. Más del 47% de los adolescentes reconoce que probaría el vapeo si tuviera la oportunidad.
La advertencia médica ya es contundente. El desafío ahora es institucional y jurídico: hacer cumplir la ley, proteger a la población más vulnerable y evitar que el vapeo repita, con décadas de atraso, la historia sanitaria y judicial del cigarrillo tradicional.
