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Marie Clare Le Chevalier: “El que no participa de la Red de Abogados de IDEA se pierde algo importante”

Directora de Legales regional en Accenture, llegó a IDEA desde el mundo tecnológico, superó prejuicios iniciales y terminó liderando la Red de Abogados de Empresa, un espacio que promueve el diálogo público-privado y que hoy incide en la agenda institucional del país. En esta entrevista hace un balance de sus dos años de gestión, repasa los desafíos de articular intereses diversos, el trabajo detrás del Coloquio, la necesidad de modernizar procesos legales y las tensiones propias del ecosistema laboral argentino. También habla de liderazgo, aprendizaje personal, conciliación familiar y del valor de construir espacios donde los abogados puedan generar impacto real.

Si bien está muy instalada la marca, ¿qué es IDEA?

IDEA es una organización empresaria que tiene la particularidad -que para mí es muy interesante- de reunir a todas las industrias. Cuando ves cómo se organizan las empresas, muchas de ellas están en cámaras, pero una cámara, en general, defiende un interés particular de esa industria, de ese sector. IDEA es única en el sentido de que reúne a todos los distintos sectores del sector privado de la Argentina, con una misión de interacción. La palabra “coloquio”, que es uno de sus eventos muy importantes del año, refleja un poco ese espíritu. Esa permanente interacción entre el sector público y el sector privado, para encontrar oportunidades de trabajar juntos, pensando siempre en la Argentina y en cómo llevarla adelante. Entonces, en ese marco, yo lidero la Red de Abogados de IDEA. Es decir, IDEA como organización lleva adelante una agenda; podríamos decir que es una organización que tiene un directorio, y muchos de esos directores son CEOs de compañía, y luego tiene redes. Y las redes son la de abogados, la de impuestos… son redes profesionales. 

¿Cómo está conformada la Red de Abogados de IDEA y cuál es su rol dentro de la agenda institucional de la organización?

La Red de Abogados de IDEA está integrada, en términos generales, por abogados cuyo ámbito natural de trabajo es el sector empresarial. Para participar, la organización a la que pertenece cada abogado -sea un estudio jurídico o una empresa- debe ser miembro de IDEA. Eso explica que la Red esté conformada por abogados in-house, como es mi caso, y por estudios jurídicos que asesoran a compañías de manera permanente. No están todos los estudios de abogados del país, sino aquellos que forman parte de IDEA y que, por su perfil, tienen una afinidad clara con el mundo corporativo. En consecuencia, cuando uno mira quiénes integran la Red, encuentra a los principales estudios de práctica empresarial, con fuerte presencia en Buenos Aires -aunque no es un criterio excluyente- y a los equipos jurídicos de empresas miembros. En términos simples: si uno hace una lista de los estudios que asesoran a empresas en Argentina y los mide por volumen profesional, la mayoría están en IDEA, y a los que aún no están siempre los invitamos a sumarse. Esa composición genera un ecosistema muy interesante. Por un lado, porque la Red trabaja permanentemente siguiendo la agenda institucional de IDEA. El Coloquio es sólo el hito más visible, pero detrás hay un trabajo anual de construcción de agenda, intercambios y actividades temáticas. Desde la Red de Abogados acompañamos ese proceso y aportamos una mirada jurídica sobre esos temas. Además, como abogados, solemos enfocarnos en la agenda legislativa y regulatoria. Un ejemplo: cuando asumió el gobierno de Javier Milei, durante el primer año mantuvimos varias reuniones con las nuevas autoridades estatales, desde la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia y la UIF, hasta las secretarías de Minería y de Trabajo. La idea es mantener un canal de diálogo activo sobre los temas que afectan al sector privado.

Para conocer los nuevos interlocutores con los que iban a tener que comunicarse…

Exacto. Agrego que tuvimos encuentros de diálogo con autoridades del Ministerio de Justicia, la CNV, la Inspección General de Justicia, Ministerio de Economía, Ministerio de Desregulación  y de varias otras dependencias del Estado con las que siempre existe la vocación de generar un espacio de diálogo: entender cómo viene su agenda y cómo podemos contribuir desde el sector privado. Porque nosotros, a su vez, dialogamos con nuestros CEOs y ayudamos a orientar sus prioridades. Se arma así una dinámica muy interesante. Este es mi segundo año liderando la Red y personalmente fue un espacio muy enriquecedor. Yo soy abogada en Accenture, llevo muchos años trabajando en una compañía del sector tecnológico y de servicios. Pero este rol me abrió muchísimo la perspectiva: me permitió salir de mi industria y observar el ecosistema completo, los intereses de distintos sectores y cómo podemos acompañarlos desde lo jurídico. Un ejemplo concreto: durante este gobierno logramos organizarnos para elaborar un paper de desregulación que IDEA presentó con el apoyo de la Red de Abogados. Fue un aporte al Ministerio de Desregulación, a cargo de Federico Sturzenegger, donde le acercamos un listado de temas que las empresas identifican como obstáculos concretos, que complejizan procesos y que -en muchos casos- no han demostrado proteger intereses relevantes. Sabemos que es un tema hiperdebatido, con posiciones encontradas sobre cuándo regular y cuándo no. Pero el objetivo fue enfocarnos en cuestiones puntuales. Fue un ejercicio interesantísimo, con una primera y una segunda ronda. Y lo más valioso es que el ministro Sturzenegger, en el Coloquio de IDEA 2025, hizo una especie de rendición de cuentas. Dijo: “De todo lo que ustedes plantearon…”, y lo fue desmenuzando por nichos: esto sí, esto no, en esto no  coincidimos, esto lo estamos trabajando. Hubo una decantación y presentó un estado de situación. Fue una interacción muy productiva entre sectores.

¿Cómo llegaste a la presidencia de la Red de Abogados?

Cuando miro para atrás, siempre cuento lo mismo. Hace muchos años, el presidente de Accenture me dijo: “Tenés que estar en IDEA”. Y yo iba con prejuicio, lo admito. Venía del mundo tecnológico, más moderno, más ágil, y veía a IDEA -injustamente, lo reconozco ahora- como algo un poco antiguo. Tuve que aprender a hacer networking, algo que no era natural para mí. Venía más del trabajo de escritorio, no de ese mundo social corporativo que algunos manejan con soltura desde chicos. Al principio lo vivía como una obligación, un “hay que estar” porque represento a una compañía que no puede no ocupar esos espacios. Siempre disentí con la idea de que uno va “si le gusta”. Si sos director de legales de una empresa relevante, parte de tu trabajo es estar donde corresponde, construir vínculos, generar confianza. Y también aparecen oportunidades para trabajar juntos en iniciativas pro bono o en temas sectoriales. Todo eso lleva tiempo y dedicación. Yendo y viniendo a esos eventos, algo empezó a cambiar. . Un año, el líder de la Red  en ese momento, Tomás Thibaud,  me pidió que lo ayudara a organizar un segmento del Encuentro  Anual de IDEA Abogados dedicado a inclusión y diversidad. Ese fue un punto de inflexión para mí. Fue un evento enorme y muy convocante. Logramos convocar a Coco Oderigo -el fundador de Espartanos-, quien dio una charla impresionante y vino acompañado por uno de los Espartanos. También invitamos a Cecilia Gandia, del Ministerio de Relaciones Exteriores, una abogada con una paraplejía severa, diploma de honor de la Facultad de Derecho de la UBA y a Constanza Orbaiz, psicopedagoga que nació con parálisis cerebral. Tuvo muchísima repercusión; lo de Coco incluso salió en los medios. Fue movilizante y profundo. Después de esa experiencia fuimos con Cecilia y un grupo a la cárcel de San Martín a conocer y acompañar a los Espartanos. Fue un impacto enorme en lo personal. Creo que ese fue el momento en que me acerqué realmente a la “mesa chica” de la Red. A partir de ahí, empecé a estar más involucrada. Colaboré en la organización del Encuentro Anual de IDEA Abogados, especialmente en el segmento vinculado a tecnología, el área que más conozco. ¿Y cómo llegué a liderar la Red? Hace dos años recibí un llamado que me tomó completamente por sorpresa. Después supe que ya estaba en una short list, porque IDEA suele identificar perfiles con potencial de liderazgo. Ese año había sido elegido para liderar Julio Cordero, abogado de Techint. Pero cuando fue convocado para ocupar la Secretaría de Trabajo, se abrió la sucesión. Yo no tenía idea de que estaba considerada para ese rol. Ni siquiera lo había imaginado. Cuando me llamaron, me asusté un poco. Pero fue una experiencia extraordinaria. Me sacó de mi zona de confort, me obligó a mirar más allá de mi industria y me puso a trabajar con los abogados de los estudios más relevantes en derecho corporativo y empresarial del país. De pronto me encontraba coordinando la agenda, decidiendo a quién invitar, quién podía aportar en temas legislativos, armando consensos, equilibrando miradas. Fue un proceso muy formativo y profundamente enriquecedor y estoy muy agradecida al grupo de abogados que me acompañó y a los coordinadores de IDEA que fueron también clave. 

¿Este rol te gusta por la visibilidad o por la sensación de que podés marcar una diferencia?

La visibilidad no es mi ámbito natural. No le escapo, pero no es lo que me mueve. Obviamente, hay algo atractivo en los roles de liderazgo -si no, nadie los aceptaría-, pero para mí el sentido está en lo que podemos hacer colectivamente. Tengo una visión muy colaborativa del liderazgo: “hagamos esto juntos y logremos resultados”. Lo personal, el protagonismo individual, no es lo central. Lo que sí me importa es que, cuando termine una gestión, hayamos dejado algo concreto. Además, soy un poco tímida, así que la exposición me incomoda, pero lo disfruté un montón. Creo que es porque me permitió salir de mi mundo y aprender. Mi fortaleza profesional está más asociada a lo que hacemos los abogados de empresas de servicios y tecnología: contratos relacionados con software, implementación de sistemas, actualmente inteligencia artificial, todo lo que tiene que ver con aplicación de programas de compliance en múltiples países de  una región, temas de privacidad de datos, muchos temas laborales, migratorios, pero el mundo judicial es totalmente ajeno para mí. Estoy más en la parte estratégica y decisiones sobre cómo administrar riesgos que en el litigio. El derecho procesal, la dinámica de tribunales, todo eso es otro ecosistema. Dentro de las actividades de la Red,  Invitamos, por ejemplo, a Alberto Garay -constitucionalista y entonces presidente del Colegio de la Ciudad- y a Leonardo Cippitelli, especialista en procesal del estudio Abeledo Gottheil, para hablar sobre el fallo Levinas. Yo tenía que entender bien el tema, prepararme, formular preguntas y ayudar a conducir esas conversaciones. Y lo mismo pasó con cada Encuentro Anual. 

Dijiste que te resulta ajeno el Poder Judicial y demás, pero noté que hay una diferencia entre el Encuentro Anual del año pasado y el de este año, más presencia judicial…

Sí, es una buena pregunta. La decisión sobre qué temas llevar a nuestro encuentro -que para nosotros es como nuestro pequeño Coloquio- se empieza a discutir varios meses antes. Y sí: es cierto que el encuentro del año pasado estuvo mucho más alineado con mi ecosistema natural. No tuvimos tanta presencia de temas que, por ponerlo en un término amplio, podríamos llamar “institucionalidad”. Fue una decisión deliberada. Habíamos puesto mucho foco en tecnología y transformación digital. Pero este año sentimos que era importante darle centralidad a esa otra dimensión, y creo que estuvo bien. Era un tema que, por la coyuntura, se volvió imposible de esquivar. Porque hoy, 2025, hay un debate público muy fuerte sobre institucionalidad. Es curioso: por un lado, tenés un Gobierno cuyo rumbo económico en algunos aspectos es muy valorado por el sector empresario -déficit cero, ciertas reformas- y, por otro, tuvimos episodios relevantes en materia institucional: la discusión por la designación de miembros de la Corte, ciertas tensiones institucionales entre distintos poderes del Estado que atravesaron todo el año. Eso impacta directamente en nosotros como abogados y en nuestra agenda de reflexión. En el Encuentro Anual de IDEA Abogados estuvieron como speakers el fiscal Diego Luciani; el Dr. Mario Fera, juez de la Cámara Nacional de Trabajo; Jimena de la Torre, consejera de la Magistratura; Bernardo Saravia Frías, ex procurador del Tesoro y el Dr. Juan Carlos Maqueda, como ex miembro de la Corte Suprema, para ayudarnos a reflexionar en estos temas. Además, armar un encuentro es mucho más difícil de lo que parece. Yo ahora valoro cada evento al que voy. Este año, además, tuvimos la oportunidad de alinearnos más con el Coloquio. De hecho, desde la Red de Abogados contribuimos con contenido para uno de los segmentos del Coloquio vinculado a empleo y educación para el trabajo, con temas como la reducción de la informalidad laboral, modernización de marcos laborales y relaciones sindicales así como los desafíos y la eficacia de la justicia  laboral. Entonces, al pensar nuestro propio encuentro, tratamos de acompañar esa línea. Por eso, cuando mirás el contenido, se ven dos grandes ejes. Por un lado, lo inevitable: en 2025 no existe un evento de abogados que no hable del impacto de la tecnología en la profesión. La inteligencia artificial es un tema ineludible. Intentamos -con mayor o menor éxito- ofrecer una visión general de tendencias, y luego abrir el juego para que estudios jurídicos contaran cómo se están transformando. El año pasado el foco estuvo en departamentos legales; esta vez quisimos escuchar a los estudios: ¿están viendo el cambio?, ¿cómo se están preparando en un contexto donde cada vez más empresas evalúan nuevos modelos de contratación de servicios legales? Y, por otro lado, acompañamos la agenda del Coloquio con el tema laboral. Hoy hay un debate enorme sobre productividad, informalidad y empleo. Los números son elocuentes: el empleo formal prácticamente no creció en los últimos 15 años, salvo en el sector público, y la informalidad tiene un peso enorme en el mercado laboral. Ese tema tiene múltiples dimensiones, pero nosotros somos abogados. Entonces optamos por hablar de uno de los aspectos de incidencia, por supuesto no es el principal, que es la justicia laboral, que también era un eje del Coloquio. Y ahí surge una preocupación concreta desde el sector empresario: existe una enorme imprevisibilidad en la Justicia del Trabajo. Hay más de 300.000 juicios en trámite, con demoras crónicas, vacancias estructurales y enormes problemas de procedimiento. Algunos tribunales aplican tasas de interés consideradas abusivas por algunos, y no hay unanimidad de criterios en los tribunales laborales. Dependiendo de la Sala de la Cámara, el monto de condena puede variar sustancialmente. Para las empresas -más allá de si el resultado final es justo o no- esta disparidad genera incertidumbre.  

Sí, depende de qué índice se tome, es que te va a calcular el interés de forma groseramente diferente.

Yo no soy laboralista, pero en términos generales puedo comentar que el tema llegó a la Corte Suprema, pero no se logró una solución definitiva. Hoy hay un debate sobre si debería incluirse un criterio único en una reforma laboral sobre los intereses en créditos laborales. El resultado, muchas veces, son cifras que directamente llevan a la quiebra a una PyME o generan distorsiones enormes para empresas de cualquier tamaño. La pregunta de fondo es si un sistema judicial con esta imprevisibilidad y estos plazos termina fomentando o desincentivando el empleo en Argentina. También es cierto que una parte importante del problema no está en los jueces ni en el Poder Judicial, sino en el volumen inmanejable de casos  que llega a los tribunales. Argentina tiene una litigiosidad laboral extremadamente alta, unas 20 veces mayor que en Chile y 12 veces mayor que en España, mientras que la siniestralidad en accidentes, por ejemplo, es parecida. Eso obliga a preguntarse por qué tantos conflictos desembocan en un juicio y por qué no hemos podido desarrollar mecanismos de conciliación previos que realmente funcionen.

Pero está claro que el tema está en la agenda de ustedes como abogados vinculados a empresas.

Totalmente. IDEA tiene este tema en agenda, entre muchos otros. La problemática laboral es muy amplia. Pero nosotros, desde el sector privado, podemos aportar una mirada práctica que ayude a generar ideas para el Congreso, para reformas que mejoren el funcionamiento del sistema. Y también podemos ayudar a despejar algunos prejuicios. Hay una idea instalada de que el empleador quiere perjudicar al empleado. Puede haber desacuerdos sobre salarios -eso es obvio-, pero en compañías donde el principal capital es el capital humano, dañarlo no tiene ningún sentido. Retener talento es una prioridad, no un beneficio accesorio. Obviamente, hay muchos tipos de empleadores en la economía argentina. Hay de todo. Pero en mi experiencia dentro de IDEA, el planteo de la mayoría es criterioso: “Esto no funciona bien. No es para perjudicar al trabajador, pero genera distorsiones”. Y esas distorsiones terminan influyendo en decisiones de inversión. En muchos países, la legislación laboral es un factor que facilita la expansión de operaciones; en Argentina, muchas empresas sienten que les genera incertidumbre. Es complejo, porque todos los sectores tienen razones atendibles. Pero para que exista un debate real -no uno discursivo- hay que poder poner sobre la mesa el diagnóstico: el empleo formal no crece y la informalidad viene creciendo a tasas altísimas. Algo pasa.

Hablamos de temas laborales, hablamos de la tecnología. ¿Cuáles otros son los temas de agenda que tiene la Red?

Bueno, como te decía, la transformación del mundo legal y el impacto de la tecnología son un tema enorme. Y dentro de ese gran tema aparece otro que es central: la preparación de los abogados. En este momento el debate no pasa por posibles pérdidas de empleos o de la desaparición de la profesión. Hay interrogantes, claro, pero lo que sí está claro es que los abogados van a tener que adaptarse y abrazar estas tecnologías. Por eso, uno de los desafíos más importantes es el entrenamiento: cómo formamos a los abogados en nuevas herramientas, especialmente en inteligencia artificial aplicada al derecho. Ese es un punto clave de la agenda: la transformación de la profesión. Y, en paralelo, aparece otro eje: el de los estudios jurídicos y los servicios legales que las empresas van a dejar de tercerizar porque pueden absorberlos internamente con tecnología. Ya lo vemos en varios servicios legales como redacción de contratos, de actas o parte del trabajo societario: con dos o tres datos bien puestos en un prompt, la tecnología te arma mucho más que un buen primer borrador. Los estudios también están haciendo evaluaciones internas para transformarse. Nadie duda de que la profesión legal continúa; el valor humano del asesor sigue siendo irremplazable, y ni hablar de todo el ámbito judicial. La pregunta es cómo nos transformamos. 

Y en países como el nuestro hay una complejidad adicional: la volatilidad regulatoria… 

Eso puede jugar a favor de la  necesidad de los abogados. Tiendo a pensar que la IA se maneja mejor con contextos regulatorios predecibles, por ejemplo, para interpretar las normas. En la Argentina que todo cambia, con gobiernos que modifican las reglas del juego cada cuatro años, se requerirán abogados ágiles, con sentido del contexto, oportunidad y riesgo que son cualidades humanas difíciles de sistematizar. Los abogados en Argentina debemos aprender a usar la inteligencia artificial para aplicar el derecho en ese contexto volátil. En este momento, pero todo va a cambiar, el uso más extendido de estas herramientas en el mundo jurídico de  abogados de empresa es para generar primeros bocetos, hacer research,  memos, contratos, y muchas cosas más, que luego requieren verificación punto por punto con extremo cuidado. La inteligencia artificial agéntica está a la vuelta de la esquina y también impactará. En otras áreas uno puede relajarse y dejar que la tecnología escriba un discurso hermoso; en el mundo legal, eso sería imprudente. Ya vimos ejemplos negativos: no sé si siguieron lo que pasó en Chubut, la Cámara en lo Penal de Esquel, que anuló una sentencia de primera instancia por el uso indebido de inteligencia artificial que se utilizó aparentemente para redactar una parte central de la resolución sin la debida revisión. Son casos inaceptables que muestran claramente el riesgo. El buen uso de la tecnología es el que reduce tiempos, sí, pero siempre con una verificación extrema. Y, como decís, en un país tan volátil es muy difícil predecir exactamente cómo vamos a trabajar en unos años. Pero creo que en un plazo relativamente corto -cinco años, que hoy es una eternidad- vamos a ver cambios muy significativos. Estamos en un momento de transición en el que todavía es difícil proyectar, pero el impacto es enorme. En mi organización, que es del mundo de la tecnología, lo vemos todos los días, no sólo en lo legal sino en todas las áreas. 

¿Qué habilidades de gestión, liderazgo y negocio son imprescindibles para que un abogado de empresa pase de ser un mitigador de riesgos a un motor de crecimiento estratégico?

Sí, es una pregunta que aparece siempre. Llevo muchos años viendo abogados dentro de un departamento legal, observando quiénes son exitosos y quiénes no, y por qué. Y, aunque suene obvio, lo primero es entender el negocio. Pero no solo “entenderlo” en abstracto: es ponerse realmente en el lugar de la gente de negocio, luchar contra nuestra aversión al riesgo y ayudarlos en la toma de decisión más criteriosa e informada en la circunstancia particular, aceptando que el riesgo es parte inescindible. Por supuesto, siempre respetando el marco legal y aplicando la ética y el sencillo dogma de “haz lo correcto” y en los casos donde hay zonas grises. Porque a veces podemos estar en veredas distintas. El abogado de empresa está para cuidar a la organización y, cuando se trata de una multinacional tiene a su cliente local, por ejemplo el presidente de la filial, pero también debe velar por el cumplimiento de políticas globales que a veces, aplicadas al caso particular y local una decisión puede resultar irrazonable o innecesariamente conservadora. Y ahí pueden aparecer tensiones. A veces, los criterios globales tienen un apetito de riesgo muy bajo, y en un país como Argentina, para sobrevivir, a veces hay que asumir ciertos riesgos calculados. Ese equilibrio -entre proteger a la compañía y entender las dinámicas locales- es clave. En esas situaciones, lo que marca la diferencia es la relación de confianza con los clientes internos. Que sepan que estamos para acompañarlos, pero también para representar a la organización. Eso es esencial para poder resolver situaciones difíciles de manera eficaz y colaborativa. El otro factor diferencial es la comunicación. Los abogados de empresa estamos muy entrenados para explicar temas jurídicos complejos en lenguaje claro, a personas que no son abogados. Y creo que ahí los in-house se destacan especialmente. Los estudios, en cambio, a veces tienen un mayor desafío en este aspecto. Sus informes requieren precisión técnica y detalle, porque explican la lógica jurídica que sostiene una posición- muchas veces son memos de 20 páginas. Y desde lo comunicacional eso puede ser un desafío enorme. Hoy no suele existir tanta interacción directa entre el abogado del estudio y el presidente de una compañía. El interlocutor natural suele ser el abogado interno, que es quien traduce, sintetiza, contextualiza y ayuda en la toma de decisiones. Por eso, para mí hay dos roles muy distintos y complementarios. El abogado del estudio es el especialista: conoce el detalle técnico, los antecedentes jurisprudenciales, el marco doctrinario. El abogado interno -y hablo de “el abogado” como figura profesional, no como género- es quien acompaña el proceso de decisión, explica los riesgos de manera llana, y facilita que la organización tome decisiones informadas. Y ese rol comunicacional y estratégico no es menor: es central.

¿Cuál es tu balance de estos dos años?

Estoy muy contenta con muchos aspectos y, como siempre, hay cosas que una siente que hubiera querido hacer más. Empiezo por eso último: todos los que llevamos adelante la Red de Abogados tenemos un trabajo full time en nuestras organizaciones, y eso marca un límite natural. A veces queda la sensación de que podríamos haber hecho más actividades o impulsado más encuentros. Otro desafío es la presencialidad. Hoy a la gente le cuesta mucho encontrarse físicamente: vivimos lejos, los tiempos son complicados, y eso pasa en todas las profesiones. Entonces, sostener una frecuencia alta de reuniones presenciales es difícil, y te queda esa sensación de “podríamos habernos visto más”. Pero, dicho eso, creo que en términos de posicionamiento de la Red dentro del ecosistema legal, avanzamos muchísimo. Construimos una relación muy sólida con el directorio de IDEA y este año tuvimos un rol especialmente relevante en la agenda del Coloquio y en la generación de contenido para uno de sus segmentos. Para mí, eso es un hito importante. También destaco el grupo humano. Tenemos un equipo impulsor -esa “mesa chica” que motoriza la Red- que funciona muy bien, y las relaciones dentro de la Red son muy buenas. Se generó un ambiente de colaboración genuina. Y después está mi pregunta permanente, que forma parte del balance: ¿por qué hay estudios de abogados que todavía no están? ¿Y por qué hay directores legales in-house que aún no se suman? Me lo pregunto mucho. ¿Qué nos falta? ¿Qué tenemos que hacer para que quieran estar con nosotros? Esa pregunta quedó abierta y es, de algún modo, una invitación para lo que viene.

¿Y se los preguntás?

Una parte importante de mi trabajo fue justamente conversar con directores de legales de empresas que hoy no están activos en la Red. Y ahí encontrás respuestas muy diversas: muchas veces son cuestiones de agenda, de tiempos, de prioridades internas. No siempre es falta de interés. Pero creo que, más allá de esas razones puntuales, es un interrogante que tiene que estar siempre sobre la mesa. La aspiración es que todos sientan que tienen que estar en la Red, que es un espacio valioso, que si no participás te perdés algo importante. Y para llegar a eso todavía tenemos mucho por hacer. Aun así, me voy muy contenta. No sólo por lo que logramos como Red, sino también por el aprendizaje personal. Fue un año de muchísima exposición a temas nuevos, de interacción con gente muy diversa y de salir de mi zona de confort. Y eso, para mí, ya justifica todo el esfuerzo.

Dijiste “tengo un trabajo full time”, no mencionaste el tema familiar…

Sí, bueno… también hay algo de contexto personal. Hoy tengo hijos grandes -tienen 22 y 20 años- y eso me da más tiempo para dedicarle a mi profesión. Si me hubieras hecho esta misma pregunta hace diez años, probablemente te habría respondido otra cosa. Igual, aun con hijos adultos, lo familiar siempre implica un nivel de estrés y de organización. El tema de género sigue siendo central. Las mujeres seguimos teniendo un rol muy fuerte en las responsabilidades familiares: el cuidado de los hijos, pero también el de nuestros padres. Esa carga existe y pesa. Recuerdo que cuando me embaracé de mi primer hijo, Mateo, le planteé este dilema a mi obstetra, y él me dijo algo que nunca olvidé: “Esto es muy fácil: vas a tener momentos buenos y momentos malos”. Y así fue mi vida profesional. Hubo etapas que parecían directamente incompatibles con el trabajo, pero las atravesé. Y también hubo momentos muy buenos, en los que pensaba: “Qué suerte que puedo hacer esto, qué bueno que mis hijos vean que su mamá es independiente, que disfruta su trabajo y que es feliz con lo que hace”. Creo que eso también es un mensaje muy valioso hacia adentro de una familia. Así que, al final, es una vida construida entre equilibrios. Sí, me perdí muchas cosas, pero también pude hacer otras. Y tengo que decirlo: Accenture me acompañó muchísimo. Fue clave. Por eso sigo ahí. Tiene una estructura de trabajo que, para mí, fue determinante para poder sostener esta carrera. No sé si en otro ámbito hubiera resistido de la misma manera. Tuve suerte.

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