Cuando todo tiene precio: los dilemas que deja el nuevo episodio del podcast de Ricardo Lorenzetti

La pregunta no es nueva, pero nunca había sido tan incómoda: ¿qué pasa cuando la lógica del mercado deja de organizar sólo la economía y empieza a colonizar la vida cotidiana? ¿Qué ocurre cuando el dinero entra en territorios que antes estaban regulados por valores sociales, políticos o morales? Desde ese punto de inquietud se despliega el episodio 27 de El podcast de Ricardo Lorenzetti, una reflexión profunda sobre gobernabilidad, poder y límites en las sociedades contemporáneas.

“Uno de los temas trascendentes de la gobernabilidad del siglo XXI”, plantea el juez de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti al iniciar el episodio, es cómo administrar conflictos en sociedades complejas, atravesadas por intereses múltiples, hiperespecializados y horizontales. El problema, advierte, no es solo social: muchas tensiones se agravan por una dirigencia que mezcla criterios incompatibles y pierde claridad conceptual. Cuando no se distingue qué regla corresponde a cada esfera, la gobernabilidad deja de ordenar y empieza a producir conflicto.

El eje del episodio es una distinción central: no es lo mismo una economía de mercado que una sociedad de mercado. La primera regula intercambios económicos; la segunda extiende criterios mercantiles a ámbitos donde antes predominaban otros valores. Para pensar ese límite, Lorenzetti retoma a The Moral Limits of Markets, de Michael Sandel, y resume su tesis con una frase tan simple como perturbadora: hay cosas que el dinero no puede -y no debería- comprar, pero las compra igual.

Los ejemplos son deliberadamente incómodos. Desde cárceles en California donde un detenido puede pagar por una celda “mejorada”, hasta la propuesta de pagar por esterilizaciones en contextos de extrema vulnerabilidad. La pregunta no es solo si esas prácticas son legales, sino qué tipo de coerción aparece cuando la necesidad económica empuja decisiones que no serían libres en condiciones de igualdad. El mercado, sugiere Lorenzetti, no siempre amplía la libertad: a veces la deforma.

Ese desplazamiento se vuelve todavía más áspero cuando toca el cuerpo y la reproducción. El alquiler de vientres aparece como un caso paradigmático: el deseo legítimo de tener hijos choca con el riesgo de explotación de mujeres en situaciones de necesidad extrema y con dilemas jurídicos que el lenguaje contractual no logra resolver. “¿Qué pasa si no quiere devolver al hijo?”, pregunta Lorenzetti, para mostrar el límite de importar categorías de mercado a experiencias humanas que resisten ese marco.

La lógica se repite en otros planos: estudiantes que cobran por llevar publicidad en la frente, libros con anuncios encubiertos, vínculos humanos que se alquilan por encargo. En todos los casos, la inquietud es la misma: hasta dónde esta naturalización no implica una degradación de lo humano. Para ilustrarlo, el episodio se detiene en un capítulo de Black Mirror, donde una empresa salva la vida de una mujer a cambio de un abono mensual y termina insertando publicidad en su propia conciencia. La tecnología no es el problema; el problema es el criterio con el que se la gobierna.

La expansión del mercado también impacta en el corazón de la democracia. Sandel -recuerda Lorenzetti- plantea el caso de comunidades que aceptan residuos nucleares a cambio de dinero, aun contra decisiones plebiscitarias previas. El incentivo económico no compra solo voluntades individuales: puede alterar la deliberación colectiva y vaciar de sentido los mecanismos democráticos.

En el tramo final, el episodio suma otros focos de tensión contemporánea: la discriminación positiva y sus efectos cuando se extrapola sin cuidado; el llamado “olvido sanitario”, que permite borrar antecedentes médicos para evitar discriminaciones; y, en general, la proliferación de derechos y principios que chocan entre sí de manera horizontal. No hay soluciones universales, insiste Lorenzetti, sino conflictos entre valores que exigen una respuesta situada.

La conclusión vuelve a la idea rectora: no se puede trasladar automáticamente el criterio de una esfera a otra sin distorsionar. “Para esto se necesita inteligencia, lectura y comprensión de cuáles son los criterios adecuados”, afirma. En sociedades complejas, el desafío del liderazgo no es simplificar, sino distinguir. Gobernar, sugiere el episodio, es poner límites antes de que todo -incluso lo más humano- termine teniendo precio.

Todos los lunes a las 9, un nuevo episodio de El podcast de Ricardo Lorenzetti en Infobae y Spotify.

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