Romina Monzón, la madre que da una batalla tras otra….

Hace dos meses, Romina Monzón recibió la peor noticia que una madre puede escuchar: el asesinato de su único hijo. Es una de las principales impulsoras de la baja de edad de imputabilidad y promotora de la reforma de la Ley Penal Juvenil. Por qué cuestiona la prensa “garantista” y cómo continúa la lucha luego de enterrar a su único hijo.

Por Luis Gasulla

Romina Monzón habla pausado pero con fuerza. Sesenta días atrás perdió a su único hijo luego de que tres chicos, conocidos de Jeremías, lo torturaron hasta quitarle la vida. Por ser menores de edad, sus nombres permanecen guardados bajo siete llaves. No tendrán antecedentes penales ni pasarán por un reformatorio. En redes sociales, dos de ellos, se jactan de lo que hicieron y la familia de la víctima tiene que leer las amenazas que escriben los asesinos de Jeremías. Milagros, la integrante femenina de la banda de asesinos, es la única presa de esta historia por tener más de 16 años y fue quien instigó a que torturasen hasta la muerte a Jeremías Monzón, un joven de clase media de Santo Tomé, provincia de Santa Fe, que hacía deportes, estudiaba inglés y soñaba en grande. Lo acusaron falsamente de grabar un video íntimo de la asesina. “Planearon el asesinato, grabaron el video torturando a mi hijo con sadismo, veían videos violentos estilo ‘gore’ y jamás mostraron algún tipo de arrepentimiento por lo que hicieron”, intenta explicar con envidiable serenidad, la mamá de Jeremías. 

Con sus 32 años, Romina se convirtió en el símbolo de la defensa de la baja de imputabilidad. La artista plástica que, hace dos años, abrió un local de eventos con su hermana Virginia y que se especializaba en cerámica, cuidó de su pequeño hijo desde la adolescencia cuando quedó embarazada soltera y, junto con sus padres, le garantizaron educación, salud y amor a su hijo. “Los asesinos de Jeremías también estaban alfabetizados, tenían educación y no pasaban necesidades pero hay una insistente romantización de la delincuencia que es insoportable y que escuché en la televisión y en la discusión en el Congreso”, recuerda Romina que participó de la discusión por la reforma de la Ley Penal Juvenil. 

Romina Monzón (de negro), la mamá de Jeremías, siguió el debate por la baja de edad de imputabilidad desde uno de los balcones del Congreso.

El primer acercamiento con la política fue en Santa Fe. Allí Romina Monzón fue recibida por autoridades locales que la terminaron derivando con la ex Ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich: “No quiero ni pienso en meterme en política. Siento una necesidad de encontrar paz y justicia, que salga la ley, a los que me critican les pregunto, ¿cómo se aprueba una ley? Hablando con políticos o cortando una calle quemando gomas?”, se pregunta irónicamente Romina en diálogo con Quorum

De forma personal, llevó cajas repletas con firmas de ciudadanos comunes que pedían por el protocolo Jeremías para discutir una ley que lleve su nombre. Monzón se convirtió en un símbolo para familiares de víctimas que perdieron a sus hijos por menores de edad. “El nombre de Jeremías es simbólico como en su momento fue Ley Blumberg o la Ley Micaela”, explica la madre que teme por el silencio de los medios cuando otro caso tape al de su pequeño hijo. “Hoy el sistema le garantiza a los delincuentes un abogado, vivienda, comida, derechos de todo tipo y los familiares de víctimas no tienen nada de eso, el sistema está pensando para cuidar al que mata y no a las víctimas“, explica Romina con moderación y alejada de exabruptos: “Yo no busco venganza, soy católica, si quisiese matar a los que mataron a mi hijo me convertiría en el mismo mostruo que fueron ellos que eran conscientes de lo que estaban haciéndole a Jere”. Desde que perdió a su hijo, Romina conoció decenas de historias con características similares al suyo como el caso de Delfina Pérez que sus padres tuvieron que vender rifas para poder comprar los pañales de su hija que quedó en estado vegetativo tras un ataque casi mortal. 

Jeremías Monzón tenía 15 años. El 18 de diciembre del año pasado fue emboscado y asesinado a puñaladas en Santo Tomé, provincia de Santa Fe.

Fue tal el nivel de sadismo que el cuerpo de Jeremías quedó irreconocible para su madre: “No lo pude reconocer en la morgue, pero a los que viven de la muerte no les importó, en Santa Fe se ofrecía mucha plata por el video de las torturas”, cuenta Romina sin quebrar su voz. “Cuando la ley salga, cuando todo pase, tendré que bajar, caer en lo que pasó y llorarlo a Jere, temo el día en que se deje de hablar del tema, temo al silencio, no tengo idea de cómo seguiré con mi vida pero necesito sanar“, se confiesa Romina: “Las Madres del Dolor me hablaron de la angustia que viven ellas pero que soy una privilegiada porque tengo una tumba donde llorar a mi hijo y que pude tener justicia rápidamente”.

La reforma del Código Penal Juvenil obtuvo 140 votos en la Cámara de Diputados y deberá ser tratada en los próximos días en el Senado de la Nación. Si se aprueba, la edad de imputabilidad pasará a ser de 14 años. Los asesinos de Jeremías Monzón no pasarán un día en prisión pues la ley no es retroactiva. Tampoco figurará el hecho en sus antecedentes penales. Podrán participar activamente de la vida ciudadana y deambular por las calles como si nada hubiese pasado. La ley que tuvo media sanción en Diputados estuvo dormida durante más de 15 años. Por prejuicios ideológicos se mantuvo cajoneada durante años. Romina Monzón podría haber encontrado algo más de justicia si ese cajón no hubiese estado cerrado por una década y media. 

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