La caída del capo narco Nemesio Oseguera Cervantes alias «El Mencho» reavivó investigaciones sobre líderes del crimen organizado en nuestro país. La ruta del líder de Nueva Generación, uno de los carteles más temidos de México, llegó a Puerto Madero, ciudad de Buenos Aires. Su cuñado, Gerardo González Valencia, vivió en la Argentina, adquirió propiedades y lavó miles de dólares antes de ser detenido en los Estados Unidos. No es la única investigación que realizó la justicia argentina contra el narcotráfico.
Por Luis Gasulla
- Olor a Pescado
Argentina descubrió que el narcotráfico estaba instalado en el país con la Operación Langostinos Blancos. El martes 12 de julio de 1988, a finales del gobierno de Raúl Alfonsín, la Policía Federal, la justicia con la colaboración de la DEA encontraron en el Puerto de Buenos Aires 587 kilos de cocaína en su máxima pureza en cajas de langostinos y de mariscos congelados preparados para la exportación. El informante se llamaba Carlos Savignon Belgrano y falleció en el año 2023 mientras se dirigía a su lugar de trabajo en la Aduana donde siguió colaborando durante tres décadas. El destino final de la droga era Estados Unidos y llegaba desde los carteles de Colombia donde Pablo Escobar Gaviria estaba por conquistar el mundo.
Por la operación fueron condenados el ciudadano colombiano John Alberto Arroyabe Arias, enviado por el cartel de Medellín para manejar el envío de la droga envuelta en langostinos. La justicia le dio 13 años de prisión. Pero los narcos colombianos no operaban solos. Tenían su brazo local vinculado al sindicalismo. La justicia demostró que Emilio José Puerto, dirigente del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos –SOMU– había participado de la operación resguardando la droga que llegaba desde Bolivia. El sindicalista fue condenado a 12 años de prisión. Era propietario de una agencia de seguridad vip en el puerto vinculada al histórico empresario Jorge Antonio que denunciaría, años después, sin éxito, a Elisa Carrió.

La empresa pantalla era Estrella de Mar. Allí se camuflaba la droga. La responsabilidad del histórico empresario no se probó en la justicia pero el íntimo amigo de Juan Domingo Perón jamás pudo sacarse de encima la sombra de la sospecha. Gabriel Pasquini y Eduardo De Miguel escribieron, a mediados de los noventa, «Blanca y Radiante. Mafias, poder y narcotráfico en Argentina», una obra fundamental para entender la dimensión de la llamada Operación Langostino.
- Carbón Blanco
Sin lugar a dudas, el norte argentino fue noticia cuando infiltrados de servicios de inteligencia internacionales encontraron en las costas portuguesas casi 1000 kilos de cocaína que habían llegado en barco desde el Puerto de Buenos Aires. La ruta de la cocaína nunca quedó clara pero la droga había pasado por depósitos fiscales desde Santiago del Estero, Barranqueras en Chaco y recorrido medio país hasta llegar a la capital argentina bajo la absoluta pasividad de las autoridades locales y nacionales. Jorge Capitanich, gobernador en aquel entonces de la provincia de Chaco, tuvo severos inconvenientes con el periodismo por el hallazgo. La justicia condenó a los responsables materiales del hecho en el que aparecía involucrado el fallecido ex presidente del club de fútbol, Patricio Gorosito.

La investigación estuvo a cargo de la jueza federal de Resistencia, Zunilda Niremperger y los fiscales Federico Carniel y Carlos Amhad. El difunto abogado del dirigente del fútbol, Carlos Salvatore, fue otro de los condenados. En varias ocasiones entrevisté a los protagonistas que negaron sistemáticamente sus responsabilidades y aseguraban que eran infiltrados de la Policía Federal. La justicia nunca los escuchó. Los hechos ocurridos en el 2012 demostraron que el narcotráfico era un negocio sin límites y que las fronteras argentinas eran un colador.
- Avionetas blancas
El 2 de enero de 2011, la sociedad argentina, confirmó que el negocio del narctráfico no distinguía entre gente común y ciudadanos ilustres. Esa tarde, la Guardia Civil española, detectó a un lujoso Jet Bombardier Challenger 604 que aterrizaba en el aeropuerto de El Prat, en Barcelona, transportando algo más que a los reconocidos empresarios Juliá que llevaban 944 kilos de cocaína.
Los hermanos eran hijos del Brigadier José Julia, uno apellido reconocido en las Fuerzas Armadas, muy vinculado al gobierno menemista.

El avión había sido alquilado en el aeropuerto de Morón, pasaba por Cabo Verde y terminaba en España. En vez de maletas, llegaban droga escondida entre los paneles del avión y su piso. La justicia argentina colaboró con España que los condenó, a 13 años de prisión mientras que absolvió al tercer tripulante, Matías Miret.
El caso instaló en agenda los vuelos narcos y las rutas del narcotráfico que se volvían cada vez más sofisticadas. La Argentina tuvo que reformular sus protocolos en seguridad e inspección aeroportuaria.
- Frutillas blancas
La Operación Strawberry, durante el segundo gobierno de Carlos Menem, marcó otro nuevo récord en la lucha contra el narcotráfico. Se trataba de 2200 kilos de cocaína.
El caso estalló en abril de 1997 y fue el mayor golpe contra el narcotráfico en la Argentina, hasta ese momento. Todo comenzó en General Pacheco con el hallazgo de la droga colombiana escondida en tambores llenos de pulpa de fruta, preparados para viajar a Alemania.

Esta vez, la justicia, representada por el tribunal Oral Federal N 3 de San Martín absolvió a los pocos imputados que quedaban, anuló la causa, y mandó investigar al juez y a los policías que trabajaron en ella. Se cuestionó a la justicia, a la policía bonaerense y hasta a los Servicios de Inteligencia.
El caso terminó en un verdadero escándalo.
- Viñas, bobinas, veleros y café blanco
En los siguientes años, el narcotráfico continuó mejorando sus estrategias. Utilizaron desde elementos mecánicos, partes de autos, comestibles, frutos naturales y hasta café para tapar el envío del polvo blanco a Europa y a Estados Unidos.

La justicia federal ordenó allanamientos, secuestro toneladas de droga e incautó bienes del narcotráfico. Pero la batalla es desigual. Se estima que la droga encontrada representa ssolo el 10 por ciento de la droga circulante.
El negocio no tiene límites.
