El juez brasileño Sami Storch desmintió a Quorum la versión que circuló internacionalmente sobre una supuesta prohibición en Brasil y defendió el crecimiento del derecho sistémico como herramienta para resolver conflictos.
En medio de una fuerte polémica internacional por versiones que señalaban que Brasil había prohibido las constelaciones familiares en el ámbito judicial, el juez brasileño Sami Storch -creador del concepto de Derecho Sistémico- aclaró que se trata de una información incorrecta y explicó cuál es la situación real del debate legislativo en su país.
En diálogo con Quorum, el magistrado del Tribunal de Justicia del Estado de Bahía sostuvo que no existe ninguna ley que prohíba esta práctica y que la discusión actual responde apenas a un proyecto legislativo en una etapa inicial. A partir de esa aclaración, Storch reflexiona sobre el crecimiento del derecho sistémico, las resistencias que genera y su potencial para transformar la forma en que los sistemas judiciales abordan los conflictos.
Actualidad y debate
En los últimos días circuló información sobre una supuesta ley en Brasil que prohibiría las constelaciones familiares en el ámbito judicial. ¿Qué hay de cierto en esa versión?
En primer lugar, es imperativo corregir la premisa de la pregunta: no existe ninguna ley en Brasil que prohíba las constelaciones familiares en el Poder Judicial. Lo que ha circulado internacionalmente es una fake news sensacionalista. La realidad legislativa es que un proyecto de ley fue aprobado, en una fase inicial, por una única comisión temática de la Cámara de Diputados. Y el detalle que los titulares ocultan es que fue una votación “simbólica” (sin registro nominal de votos). Es decir, en un universo de 513 diputados, la decisión fue tomada por la aquiescencia de apenas cuatro o cinco parlamentarios presentes en una sala, motivados por agendas ideológicas e intereses de mercado (principalmente ligados a ciertas reservas en el área de la salud), no por la ciencia. Cabe destacar que esto no es nuevo. Desde hace años existen intentos vigorosos, impulsados por grupos de interés poderosos y apoyados por parte de los grandes medios, para prohibir las Constelaciones. Sin embargo, nunca lo han logrado por una simple razón: la absoluta falta de fundamentos concretos. Es revelador que, en toda esta campaña de desinformación, en casi 20 años de aplicación en el Judiciario con miles de casos atendidos, no existan registros de víctimas reales, ni demandas por daños, ni condenas a profesionales. Por el contrario, tenemos innumerables estudios serios y académicos que demuestran índices de acuerdo superiores al 90%. Lamentablemente, el escándalo fabricado vende más que el éxito silencioso de la pacificación.
¿Podría convertirse en ley?
Para que este proyecto de ley se convierta en una prohibición real, tendría que subir una escalera legislativa muy larga y rigurosa: debe pasar por otras comisiones técnicas, ser votado en el Plenario de la Cámara de Diputados, pasar por el Senado Federal y, finalmente, ser sancionado por el Presidente de la República. La solidez de nuestro sistema ya ha sido probada ante estas presiones: de hecho, en 2025, un proyecto de ley muy similar fue rotundamente rechazado y archivado por el Senado Federal, precisamente por carecer de base legal y fáctica. Hoy por hoy, la realidad jurídica es una sola: las Constelaciones siguen permitidas, continúan practicándose y siguen siendo una herramienta exitosa para la resolución de conflictos en Brasil.
¿Qué implica para el futuro del derecho sistémico esta discusión?
Esta situación es un simple ruido político que, paradójicamente, confirma la fuerza y el impacto del Derecho Sistémico. Cuando una innovación tiene el poder de transformar estructuras antiguas y humanizar un sistema tan rígido como el judicial, es natural que despierte resistencias en sectores conservadores o corporativistas que temen perder el protagonismo. Para el futuro del Derecho Sistémico, esto implica un estímulo hacia una mayor madurez, rigor y unión. Seguimos en plena evolución, respaldados por resultados empíricos que los tribunales y las familias experimentan a diario. Los investigadores serios y los profesionales del Derecho seguimos acompañando los resultados y buscando la mejora permanente, con responsabilidad absoluta. A todos nuestros socios en Argentina y el mundo hispanohablante les digo: tengan tranquilidad. Sigan estudiando y practicando con la frente en alto. La mentira tiene velocidad, pero la verdad tiene resistencia.
Un nuevo paradigma para resolver conflictos
En un tribunal del estado de Bahía, Brasil, comenzó hace más de una década una transformación silenciosa que hoy está cambiando la manera de entender la justicia en América Latina. Su impulsor es el juez Sami Storch, creador del concepto de Derecho Sistémico, un paradigma que propone unir el saber jurídico con la comprensión profunda de las dinámicas humanas, inspirándose en las constelaciones familiares desarrolladas por Bert Hellinger. Lejos de plantear un reemplazo del derecho tradicional, Storch propone complementarlo con una mirada que permita resolver los conflictos en su raíz.
“Percibí que, sin conciliar la mirada más profunda al alma de las personas, el derecho es como un ‘hacer de cuenta’, porque no se resuelve. Las personas siguen peleando. Se dicta una decisión judicial y hay un recurso, un incumplimiento, y otra pelea con la misma persona”, reflexiona.
Con una sólida formación jurídica -es abogado por la Universidad de São Paulo, con un máster en Administración Pública por la Fundação Getúlio Vargas- y una trayectoria que combina lógica y sensibilidad heredadas de su padre ingeniero y su madre artista y terapeuta junguiana, Storch ha construido un puente entre la ciencia jurídica y el autoconocimiento.
Desde 2006 es juez en el Tribunal de Justicia del Estado de Bahía y desde allí impulsa un enfoque que, según datos oficiales, ha logrado más del 90% de conciliaciones en conflictos familiares, reducciones drásticas de reincidencia en casos de niñez y la resolución de disputas sucesorias que llevaban décadas abiertas.
Percibió que el derecho tradicional no alcanzaba. ¿Cuándo comenzó a pensar que hacía falta otra mirada?
Percibí que, sin conciliar la mirada más profunda al alma de las personas, el derecho es como un “hacer de cuenta”, porque no se resuelve. Las personas siguen peleando. Se dicta una decisión judicial y hay un recurso, un incumplimiento, y otra pelea con la misma persona. Así fue que empecé a conciliar por necesidad: la necesidad de darle efectividad a mi trabajo, de servir a la pacificación y a la armonización de los vínculos. Eso es el derecho. Yo no sé en qué momento se distanció, en qué momento pasó a ser algo distinto, pero el derecho es una ciencia, la ciencia jurídica, que busca un orden que armonice los relacionamientos. Entonces no son dos cosas tan distintas. En la práctica son lo mismo.
Su historia personal también parece haber influido en esa búsqueda. ¿Cuánto tuvo que ver su familia en el camino que eligió?
Por supuesto. Yo creo que eso pasa con todos. Todos buscamos algo que tiene que ver con nuestra dinámica familiar. Y mucha gente sigue esa dinámica buscando justicia, pero de una manera distinta: de forma agresiva, vengativa. Mi manera fue pacificadora, en armonía con mi búsqueda personal de autoconocimiento. El derecho puede servir al desarrollo personal. Si alguien está en una pelea, seguramente tiene algo que aprender de ella. Si quiere salir, debe aprender la lección. Si no lo hace, se verá envuelto en otra igual o peor. El derecho puede ser un campo de pacificación y aprendizaje: que después de un conflicto se logre una mejor relación, o al menos comprender qué había detrás de la desarmonía. Incluso cuando el vínculo termina, queda un regalo. Sólo con una decisión judicial, eso no ocurre: la persona permanece igual, con la misma mirada y los mismos vínculos. Por eso es necesario encontrar ese regalo en situaciones tan dolorosas.


¿Cómo se implementa, en la práctica, este derecho sistémico?
Es necesario un estudio y una capacitación, como en cualquier profesión. Pero es más que técnica: mirar lo oculto en los vínculos exige entrenamiento práctico, y el mejor laboratorio es la propia vida y las relaciones personales. Si quiero ayudar a alguien a salir de un patrón de violencia o conflicto, debo desarrollar esa mirada. Se basa mucho en las leyes sistémicas observadas por Bert Hellinger en las constelaciones familiares. La práctica de constelaciones es muy importante para abrir los ojos, aunque en la justicia no es indispensable aplicarlas directamente. Sirven en el entrenamiento, porque ayudan a percibir claramente.
¿Eso quiere decir que constelá dentro del tribunal?
No es necesario hacerlo. Pero yo sí lo hago en el tribunal porque es más potente: ayuda a las personas a mirar, y también a los abogados. Cuando los abogados participan de una vivencia de constelaciones en el tribunal, cambian su postura, su mirada, su forma de actuar, y se convierten en ayudantes en la resolución real de conflictos. Es muy potente, pero no imprescindible.
Un camino no tradicional como este suele despertar críticas. ¿Qué resistencias encontró?
Hay una resistencia fuerte de algunos sectores. Una es la resistencia frente a lo nuevo, a lo que resulta extraño para el contexto judicial. Pero lo más fuerte es que la mirada que yo propongo implica una transformación, implica asumir una responsabilidad. Cuando aparece algo nuevo, surge una responsabilidad que antes no existía. Algo se hace consciente. Y existe resistencia de las personas a adquirir una nueva responsabilidad. Muchas veces es necesario dejar el rol de víctima. Y eso genera un gran crecimiento, un gran desarrollo personal, pero también resistencia, porque es más fácil acusar al otro y sostener que uno no tiene ninguna responsabilidad. Entonces, aparece ese tipo de resistencia. También hubo resistencia de colegios de psicólogos, porque al incorporar esta mirada se redujo la necesidad de designar peritos. Si las personas se miran en profundidad y logran ver juntas lo que necesitan, la pelea se termina. El proceso ya no requiere probar quién es bueno y quién es malo. No se trata de invadir el trabajo de ninguna otra profesión. Nuestro trabajo en la justicia es puntual, se refiere a un conflicto. Y a partir de ese conflicto, muchas cosas cambian en la vida de las personas. Sí, hay críticas que dicen que no es científico. Pero los cuestionamientos científicos se vuelven pequeños cuando miramos la práctica, los efectos, los resultados, y a cuánta gente logra liberarse de situaciones dolorosas, de dramas terribles, de relaciones violentas o del delito, y mejora su vínculo con la expareja o con sus hijos.
¿Cuándo comenzó a aplicar esta metodología?
En 2012. Antes lo hacía de manera discreta, pero ese año empecé colectivamente, recibí premios y reconocimientos, y se popularizó. Desde entonces, por ejemplo, redujo la necesidad de peritos: psicólogos o asistentes sociales que investigaban quién era más apto para quedarse con un hijo. Si las personas se miran con profundidad, muchas veces la pelea termina sin necesidad de probar quién es “bueno” o “malo”.


¿Y los resultados acompañaron?
Sí. Otros jueces y mediadores en Brasil han practicado derecho sistémico y los resultados son evidentes: más del 90% de conciliaciones en familia, reducción drástica de reincidencias en niñez, solución de conflictos sucesorios muy antiguos. Hay tesis de doctorado, maestrías, artículos, un material ya significativo.
Cuando llega un caso a tu tribunal, ¿cómo decide si usar este camino o uno más tradicional?
Depende de las personas. En Brasil no se puede obligar y no sería bueno hacerlo. Pero cuando alguien quiere salir de una situación dolorosa, busca recursos. Una decisión judicial muchas veces no cambia la vida. A veces es necesaria una prisión o una obligación, no hay problema. Pero cuando el conflicto es un patrón en la vida o involucra a familiares, ex parejas, hijos, hermanos, o incluso en empresas con múltiples juicios laborales, ahí sirve mirar el patrón. El derecho sistémico ayuda a liberar esas dinámicas.
Eso requiere mayor compromiso de todos los operadores judiciales…
Claro. Con el derecho sistémico, el juez o abogado no hacen el movimiento por el cliente: la persona debe hacerlo. Nosotros sólo facilitamos la mirada. Con ejercicios y frases, la persona percibe en su propio cuerpo el alivio de asumir responsabilidad. Al aceptar el pasado, toma el aprendizaje y puede cambiar. Así, los acuerdos surgen de manera natural, y a veces hasta mejoran vínculos.

Fue expositor en el Primer Seminario Internacional sobre Derecho Sistémico en Argentina. ¿Qué significó esa experiencia?
Un gran honor. Yo ya tenía alumnos desde hace tiempo y, antes de introducir el concepto de derecho sistémico, ya había personas que utilizaban las constelaciones para resolver conflictos que normalmente se tratan en la justicia. Al final, son conflictos humanos, no muy distintos de los que enfrentamos en la vida cotidiana. La diferencia es que, cuando llegan a los tribunales, adquieren un tinte más dramático: las personas esperan una solución, muchas veces están desesperadas, y los profesionales sienten el peso de tener que resolver por sus clientes, lo que también les genera sufrimiento e incluso enfermedad. Hace tiempo que sé del interés creciente en Argentina, pero ahora, con este seminario, es para mí un honor comprobarlo. Es una oportunidad de reencontrarme con algunos alumnos de años anteriores y de ver que hay todavía más gente interesada, incluso colegios de abogados. Para mí es una gran alegría.
¿Cómo evaluá el crecimiento del derecho sistémico en Latinoamérica?
Creo que no es un proceso rápido, ni debería serlo. Es bueno que avance de manera pausada, porque la práctica del derecho sistémico exige responsabilidad y una capacitación adecuada. En Brasil tuvimos la experiencia de un crecimiento muy veloz. Al principio pareció algo positivo, con gran cobertura en los medios y mucho interés de la gente, pero eso derivó en profesionales apresurados y mal preparados. Y eso es peligroso, porque se trata de temas muy sensibles en la vida de las personas. Por eso considero que lo mejor es un crecimiento lento, sostenido y saludable, con una formación sólida que garantice un desarrollo permanente y que realmente pueda ayudar a más gente.
¿Debería incluirse en la formación en derecho?
Sí. No necesariamente para constelar, pero sí nociones básicas, porque aportan mucho a la práctica profesional. Hay herramientas que requieren entrenamiento largo, pero hay conocimientos teóricos valiosos que pueden enseñarse en la facultad.
¿Cree que se va a afianzar en los próximos años?
No lo sé. En Brasil ya hay universidades que incluyen disciplinas, cursos de posgrado y especialización. Es un camino natural.
¿Cuál es el mayor desafío por delante?
El mismo de obtener paz en la tierra: que las personas asuman responsabilidad, dejen el rol de víctima, reconozcan lo bueno en el malo y lo malo en el bueno. Reconocer al adversario como semejante es difícil, pero necesario. No depende solo de mí, es un camino de la humanidad.
