El Juzgado Federal N° 3 de Córdoba confirmó las identidades tras los trabajos del Equipo Argentino de Antropología Forense. Los restos habían sido encontrados en 2025 en la guarnición militar de La Calera.
Durante años fue un lugar de encierro, tortura y muerte. Allí, a la vera de la ruta, casi invisible para quienes pasaban, funcionó uno de los centros clandestinos de detención más grandes del interior del país. A medio siglo del golpe militar, el Juzgado Federal N°3 de Córdoba dio a conocer la identidad de once de las doce personas cuyos restos óseos fueron hallados el año pasado en el predio de la guarnición militar de La Calera, en una zona vinculada al ex Centro Clandestino de Detención “La Perla”.
El trabajo fue realizado por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que llevó adelante trabajos de excavación arqueológica en el marco de una investigación orientada a localizar los restos de los desaparecidos en la última dictadura. En la causa interviene la Unidad Fiscal de Derechos Humanos de Córdoba, con la participación de los auxiliares fiscales María Laura Bazo Queirolo y Facundo Trotta.
De acuerdo con lo informado por el juez Miguel Vaca Narvaja, los restos corresponden a Carlos Alberto D’Ambra Villares, José Nicolás Brizuela, Raúl Oscar Ceballos Cantón, Mario Alberto Nivoli Gauchat, Jorge Alejandro Monjeau López, Ramiro Sergio Bustillo Rubio, Adriana María Carranza Gamberale o Cecilia María Carranza Gamberale, Oscar Omar Reyes, Eduardo Jorge Valverde Suárez, Sergio Julio Tissera Pizzi y Elsa Mónica “Kelly” Pardo. En uno de los casos, la familia solicitó que se mantuviera la confidencialidad de la identidad.
Los análisis permitieron establecer la antigüedad de los restos y confirmar su vinculación con personas detenidas y desaparecidas que habrían pasado por ese centro clandestino, que funcionó entre 1976 y 1978 bajo la órbita del Tercer Cuerpo de Ejército. Se estima que por allí pasaron entre 2.000 y 2.500 personas, la mayoría de las cuales continúa desaparecida.
Veinte años
Durante más de dos décadas, el EAAF trabajó en distintos sectores del predio en base a testimonios de sobrevivientes y análisis de imágenes satelitales históricas. Las zonas más investigadas incluyeron la Loma del Torito y los potreros conocidos como El Triángulo y El Durazno.

En los últimos años, la investigación incorporó nuevas herramientas tecnológicas, como el sistema LiDAR (Light Detection and Ranging), que permite generar modelos tridimensionales del terreno a partir de pulsos láser, y el análisis de fotografías aéreas de 1979 aportadas por el Catastro de la Municipalidad de Córdoba. Estos insumos, combinados con estudios del Equipo de Geología Forense de la Universidad Nacional de Río Cuarto, permitieron delimitar áreas de interés y reconstruir posibles movimientos de tierra vinculados a exhumaciones clandestinas.
En 2024 se identificaron 23 puntos relevantes y, en la intervención más reciente, se excavó parcialmente una superficie de aproximadamente una hectárea. Fue allí donde se detectaron indicios de actividad humana compatibles con enterramientos, lo que finalmente derivó en el hallazgo de los restos.
El infierno en Córdoba
La Perla no fue un centro clandestino más. Considerado uno de los mayores del interior del país, formó parte de la estructura represiva del III Cuerpo de Ejército, que operaba sobre diez provincias bajo el mando de Luciano Benjamín Menéndez. En ese circuito, articulaba su funcionamiento con otros espacios como Campo de la Ribera, el D2 y distintas dependencias de fuerzas de seguridad e inteligencia.
En ese predio, ubicado a pocos kilómetros de la ciudad de Córdoba, operaba una estructura diseñada para el secuestro, interrogatorio bajo tormentos y desaparición de personas. Los detenidos eran trasladados desde distintos puntos del país y permanecían allí en condiciones de clandestinidad absoluta. Muchos fueron asesinados y sus cuerpos ocultados o trasladados en operativos que buscaban borrar cualquier rastro.
