La Comisión Pro Bono del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires celebró sus 25 años con una publicación que reúne experiencias, memoria institucional y casos emblemáticos de acceso a derechos en contextos de vulnerabilidad.
En el marco del 25° aniversario de la Comisión Pro Bono del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, se presentó el libro “Transformando vidas desde el derecho”, una obra que trasciende el formato editorial para convertirse en un recorrido colectivo por las principales problemáticas sociales que atravesaron al país -desde la violencia doméstica y el acceso a la salud hasta los desafíos surgidos durante la pandemia- y el rol del derecho como herramienta de transformación.
La presentación tuvo lugar el jueves por la noche en la sede del Colegio, en una mesa redonda que reunió a los fundadores de la Comisión Pro Bono: Martín Zapiola Guerrico, José Martínez de Hoz, María Rosa Villegas Arévalo y Roberto Crouzel. El encuentro fue moderado por la periodista y abogada Paz Rodríguez Niell, y contó con la presencia especial del juez de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz, y de Todd Crider, socio de Simpson Thacher & Bartlett LLP y una de las figuras más influyentes del desarrollo del trabajo pro bono a nivel internacional.
La jornada incluyó, además, la apertura a cargo de Carolina Zang y Ezequiel Fernández, presidenta y vicepresidente de la Comisión Pro Bono,respectivamente, junto con las palabras de bienvenida de la presidenta del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, Rosalía Silvestre.
La obra condensa memoria, desafíos y compromiso en torno a una práctica jurídica basada en la colaboración, la vocación de servicio y la excelencia profesional, donde estudios, abogados y nuevas generaciones articulan esfuerzos en favor de quienes más lo necesitan. En palabras de Carolina Zang: “Más que un libro, se trata de un crisol de voces que refleja el impacto del trabajo pro bono en Argentina y proyecta su futuro”.
Una construcción colectiva con respaldo institucional
Silvestre destacó el rol de la institución en el fortalecimiento del sistema judicial y, especialmente, el trabajo sostenido de la Comisión Pro Bono.
Recordó que esta iniciativa nació del compromiso ético de la abogacía para garantizar el acceso a la justicia a personas en situación de vulnerabilidad, consolidándose como un puente entre el conocimiento jurídico y las necesidades sociales: “La Comisión Pro Bono es un puente entre el conocimiento jurídico y quienes más lo necesitan, y un ejemplo de cómo la abogacía puede contribuir a hacer efectiva la igualdad ante la ley”.
Su impacto -subrayó- no se mide solo en cantidad de casos, sino en la calidad del acompañamiento, la formación de sus integrantes y su contribución a la ampliación de derechos.

El pro bono como vocación y trabajo colaborativo
En esa misma línea, Todd Crider, definió al libro como un reflejo del país y del rol transformador del derecho: “Este libro es historia argentina, es historia mundial y es la memoria de la Comisión”.
Destacó el valor del trabajo conjunto como uno de los pilares del pro bono: “Es un gran festejo al trabajo colaborativo, incluso entre estudios que en otros ámbitos compiten”.
Y sintetizó el espíritu de la práctica en una definición contundente: “Es amor, es entrega y es servicio de calidad”.
Además, puso el foco en las nuevas generaciones como motor de continuidad: “Nos une a los más jóvenes, que se involucran desde las universidades en problemáticas reales del territorio”.

De una idea incipiente a una red federal
Martín Zapiola Guerrico reconstruyó los inicios del movimiento pro bono en Argentina, impulsado por el contacto con experiencias internacionales que mostraban una abogacía donde la excelencia profesional y el compromiso social no eran opuestos, sino complementarios.
El desafío inicial fue cultural: instalar que el trabajo pro bono debía ser sistemático, profesional y de alta calidad. Los comienzos -marcados por la crisis de 2001- fueron difíciles, pero el proyecto creció sostenido por abogados jóvenes y el acompañamiento institucional del Colegio.
Uno de los hitos clave fue la expansión federal: la construcción de una red en todo el país permitió responder de manera articulada a demandas sociales complejas, especialmente durante la pandemia, consolidando un verdadero cambio cultural en la profesión.

El origen: hacer algo, aunque sea pequeño
José Martínez de Hoz aportó una mirada fundacional, situando el nacimiento de la Comisión en un contexto de crisis: “No teníamos capacidad de cambiar todo, pero sí de hacer algo. Y siempre es mejor hacer algo que perdure”.
Desde el inicio, explicó, el foco estuvo puesto en casos de interés público: “Buscábamos generar impacto y dejar una huella más allá de cada caso individual”.
Con el tiempo, ese trabajo dio lugar a una red colaborativa: “Esto funciona como una colonia de abejas: cada uno aporta desde su lugar”.
La pandemia marcó un punto de inflexión: “Ahí vimos la verdadera dimensión de lo que habíamos construido: una red federal capaz de dar respuestas concretas”.
Y dejó planteado el desafío hacia adelante: “Este libro no es un cierre, es una invitación. Hoy somos más, pero podemos ser muchos más”.

Transformación social y compromiso ético
María Rosa Villegas Arévalo amplió la mirada sobre el impacto del pro bono, destacando su dimensión humana: “La verdadera satisfacción es lograr que el ser humano acceda a sus derechos. Esa transformación no tiene precio”.
Subrayó que el desafío excede lo jurídico y requiere una construcción cultural: “Esto tiene que incorporarse desde la educación, como un deber moral de contribuir”.
Y reafirmó el rol central del derecho en ese proceso: “Una sociedad que se pretende justa no puede abandonar a quienes más lo necesitan”.

Acceso a la justicia y desigualdad estructural
Desde la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz planteó el pro bono como una respuesta concreta frente a las desigualdades: Antes incluso de la militancia, hay que hacer algo”-
Advirtió que el problema no es solo el acceso a la justicia, sino la calidad de la representación: “El acceso a una defensa jurídica de alta calidad no puede depender del dinero”.
En ese sentido, destacó el valor del compromiso profesional: “Que abogados técnicamente sobresalientes dediquen parte de su tiempo a estos casos ayuda a equilibrar el sistema”.

Una nueva cultura profesional
Roberto Crouzel, por su parte, vinculó el pro bono con la esencia de la abogacía: “Nuestra vocación nace del amor por el orden y la justicia”.
Señaló que el gran aprendizaje fue el paso de la competencia a la colaboración: “La universidad nos enseñó a confrontar; acá aprendimos que hay que trabajar juntos”.
Y definió el horizonte de la práctica: “Queremos que la cultura pro bono forme parte del ADN de todos los abogados”.
En los estudios jurídicos, destacó su impacto transformador: “A los más jóvenes les abre oportunidades, y a los más grandes nos reconecta con la vocación”.

El impacto del litigio estratégico
El propio Zapiola Guerrico ilustró ese potencial con un ejemplo concreto: “Litigar casos individuales es como vaciar el océano con una cucharita”.
Frente a eso, el litigio colectivo permite generar cambios estructurales. En el caso del cupo laboral para personas con discapacidad en la ciudad de Buenos Aires, una acción colectiva logró modificar prácticas estatales: “Hoy no se puede contratar sin considerar a personas con discapacidad registradas”.
Aunque el objetivo aún no se alcanzó plenamente, el avance fue significativo: “Triplicamos el acceso”.

Un cierre abierto
En el cierre, Carolina Zang y Ezequiel Fernández reforzaron el espíritu colectivo del proyecto y convocaron a sostenerlo: “Cada aporte nos permite seguir trabajando y ampliando el alcance de la Comisión”.
Con agradecimientos al equipo y a quienes acompañan la iniciativa, dejaron una idea que atraviesa toda la jornada: “Esto continúa, y cada uno puede ser parte”.

