Dos funcionarias expresaron que el juez civil y comercial Alejandro Maraniello era violento e infundía “miedo”; recordaron que utilizaba a un empleado de bajo rango como si fuera su chofer personal y aseguraron que las relaciones amorosas con sus subordinadas enrarecían el ambiente de trabajo.
La Comisión de Acusación del Consejo de la Magistratura escuchó durante seis horas los angustiosos testimonios de dos funcionarias contra el juez Alejandro Maraniello que podría perder su puesto si se confirmaran los cargos por maltrato laboral, acoso y abuso sexual que pesan en su contra. Estas declaraciones se suman a las que ya venían complicando al magistrado.
Daniela Mangano, prosecretaria del juzgado, afirmó entre lágrimas que le tenía “miedo” al juez y dio cuenta de un clima de terror generalizado: empleados que no querían trabajar con él, compañeros atemorizados por la cercanía de una joven con el magistrado, y una dinámica funcional dominada por los vínculos personales de Maraniello, quien, según declaró, le confesó que había tenido relaciones amorosas con dos empleadas del juzgado.
Una de ellas era P., a quien Maraniello había nombrado secretaria sin estar preparada para el cargo. Cuando la relación entre ella y el magistrado se deterioró, él le prohibió a Mangano que la asistiera y resolviera sus dudas. Al encontrarlas conversando pese a esa orden, se “puso furioso”, la citó al despacho, la tomó del brazo y ejerció violencia física contra ella mientras le reprochaba haber desobedecido.“Me zarandeó mientras me gritaba: ¿cómo puede ser que no entiendas que no es no?”, recordó la testigo.
La otra empleada era una joven que había ingresado al juzgado cursando segundo año de Derecho. Con el tiempo, pasó a gozar de “privilegios”, permanecía horas en el despacho del juez y generaba temor entre sus compañeros, que tenían miedo por “la relación tan cercana” con Maraniello porque ella amenazaba a los demás con “contarle todo”. La convivencia entre ambas mujeres era insostenible: “Casi se agarran de los pelos”, describió Mangano.
La funcionaria judicial evocó los tiempos de la pandemia, en los que recibían decenas de amparos por día. La acumulación de expedientes habría indignado a Maraniello, quien la exhortó a trabajar más porque “si caigo yo, caés vos y caen todos”.
El cuadro que trazó la testigo incluyó además desmanejos en los recursos, como el uso del despacho para actividades de la asociación civil que presidía Maraniello, empleados que trabajaban para ambas estructuras en simultáneo y el uso de un subordinado como chofer personal.
Mangano buscó y obtuvo asesoramiento y apoyo en la jueza Florencia Nallar, a cargo de la Secretaría de Bienestar Laboral de la Cámara. Fue a partir de ese momento cuando decidió hacer la denuncia contra Maraniello. Pero el denunciado reaccionó llamándola insistentemente a cualquier hora a su celular, lo que desencadenó “un ataque de ansiedad” de la mujer, que debió ser atendida por un médico. Aun así, su testimonio confirmó su decisión: “Si no denunciamos, pasamos de ser víctimas a cómplices”.
La segunda testigo fue Mariana Roger, secretaria general de la Cámara, quien expuso sobre el estado de vulnerabilidad de la empleada que denunció a Maraniello por abuso sexual. Era oriunda de Tucumán, no tenía familia en Buenos Aires y se encontraba sola cuando le ofrecieron escucharla. Confirmó también que desde la Cámara ya preocupaba el alto recambio de personal en el juzgado, y que varios empleados expresaran sentir “terror” ante el magistrado.
El expediente, que tramitó inicialmente ante la Comisión de Disciplina, fue elevado a la de Acusación, instancia que habilita sanciones más graves e, incluso, la destitución. Maraniello estuvo presente en la sede del Consejo pero siguió la audiencia por videoconferencia.
