Fueron condenados a seis y tres años de prisión, respectivamente, tras irrumpir armados en una financiera de Belgrano para recuperar 10.000 dólares que les habían transferido desde Rusia y la oficina les negaba. El tribunal descartó el delito de robo al confirmar que los imputados solo exigían la devolución de sus ahorros familiares y ordenó investigar a la “cueva” por estafa.
Dos profesionales rusos radicados en Argentina desde 2007 -él ingeniero en automatización y ella especialista en economía ferroviaria-, decidieron pedir la colaboración de la familia de ella, residente en su país natal, para ayudar a su hija a comprar un departamento a través de una hipoteca.
Los abuelos enviaron en rublos cerca de 10 mil dólares, casi todos los ahorros de sus vidas. El ex marido de ella le mencionó una financiera ubicada en una galería de Cabildo al 2000 en Belgrano, con vínculos con la creciente comunidad rusa de Buenos Aires.
La mujer hizo un primer intento para comprobar si podía confiar en la oficina: le enviaron el equivalente a 500 dólares en rublos, los fue a buscar, se los dieron. Todo parecía lícito, pero cuando mandaron los casi 10 mil dólares, el dinero no llegó y, cuando ella quiso hablar con el responsable nuevamente vía Telegram, descubrió que la cuenta había sido borrada.
El Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°5, integrado por los jueces Juan Manuel Grangeat, Adrián Pérez Lance y Cinthia Oberlander, destacó que los condenados son personas de trabajo y que “no se trata de personas que hayan hecho de la delincuencia su medio de vida”. Ninguno de los dos tenía antecedentes penales.
El video del asalto y la condena
A pesar de que las cámaras de seguridad registraron al ingeniero apuntando con una pistola .380 a los empleados de la «cueva» para ingresar a la tesorería y recuperar su dinero, los jueces determinaron que no hubo intención de robo.
En sus últimas palabras antes del veredicto, el acusado fue tajante: “No quisimos robar. Si nos condenan por robo sería el colmo de la desgracia. Solo fuimos a buscar lo nuestro”. El tribunal validó este argumento señalando que el dinero que ambos “fueron a buscar era de ellos y no de un tercero”.
La sentencia concluyó que la conducta de los ciudadanos rusos fue una “vía de hecho para recuperar lo propio” ante la desesperación por la estafa sufrida. Aunque los jueces Grangeat, Pérez Lance y Oberlander fueron claros al sostener que “lo que aquí se juzga no es el derecho a reclamar su dinero, sino el empleo de un arma de guerra cargada para hacerlo”, el fallo reconoce que ambos actuaron en busca de la restitución de su patrimonio.
Mientras el ingeniero recibió una pena de seis años de prisión y ella una de tres años en suspenso, el tribunal ordenó investigar a los responsables de la financiera de Belgrano por la estafa que originó el conflicto.
