Del liderazgo individual al poder del enjambre

En una nueva edición de Mujeres Influyentes de la Justicia, Quorum reunió a referentes del ámbito jurídico para reflexionar sobre liderazgo, inteligencia artificial, ética profesional, maternidad y los desafíos de una profesión en transformación. Un encuentro donde la colaboración volvió a consolidarse como una herramienta para impulsar cambios dentro y fuera del sistema de justicia.

La transformación de la Justicia no depende únicamente de reformas normativas, nuevas tecnologías o cambios institucionales. También se construye a partir de los vínculos, de los espacios de intercambio y de las conversaciones capaces de generar nuevas miradas sobre el ejercicio profesional. Ese fue el espíritu de una nueva edición de Mujeres Influyentes de la Justicia, el ciclo organizado por Quorum que reunió a magistradas, abogadas, referentes institucionales, profesionales del ámbito corporativo y representantes de nuevas generaciones para compartir experiencias y pensar, en conjunto, el presente y el futuro del derecho.

Al abrir el encuentro, Florencia Abramzon, fundadora de Quorum, recordó el propósito que dio origen a este espacio: construir un ámbito federal, plural y colaborativo donde las mujeres puedan encontrarse desde las personas y no únicamente desde los cargos que ocupan.

La idea que volvió a sintetizar el espíritu del ciclo fue la del “enjambre”, una comunidad viva en la que cada integrante aporta su experiencia para fortalecer a las demás, generar oportunidades y construir una red basada en la confianza, el aprendizaje y la colaboración.

A partir de esa premisa, la conversación recorrió algunos de los principales desafíos que hoy atraviesan a la profesión jurídica.

Uno de los ejes centrales fue el liderazgo femenino y la necesidad de seguir ampliando la presencia de mujeres en espacios de decisión. Lejos de entender el liderazgo únicamente como la llegada a un cargo, las participantes coincidieron en que implica transformar culturas organizacionales, construir equipos, abrir puertas a otras mujeres y ejercer el poder desde una lógica más colaborativa.

La conversación también puso el foco en la transformación del ejercicio profesional. Se destacó que el derecho ya no demanda solamente excelencia técnica, sino también habilidades vinculadas con la conducción de equipos, la comunicación, la negociación, la gestión emocional y la resolución de conflictos complejos.

En ese contexto, la inteligencia artificial apareció como uno de los grandes desafíos para la profesión. Si bien su incorporación promete modificar buena parte de las tareas tradicionales de la abogacía, el consenso fue que existen capacidades que seguirán siendo irremplazables: el criterio jurídico, la empatía, la escucha activa, la comprensión del conflicto humano y la responsabilidad ética en la toma de decisiones.

Precisamente, la ética profesional atravesó buena parte del intercambio. Se reflexionó sobre el rol del abogado frente a conflictos de alta sensibilidad, la responsabilidad de orientar adecuadamente a los clientes y la importancia de que el proceso judicial no profundice disputas que podrían abordarse desde otros lugares. En especial, se remarcó la necesidad de proteger a niños y adolescentes en los conflictos familiares y de recuperar una mirada centrada en las personas detrás de cada expediente.

Otro de los temas que generó mayor identificación fue la conciliación entre desarrollo profesional y vida personal. La maternidad, las exigencias del ejercicio de la profesión y las dificultades para acceder a posiciones de liderazgo sin resignar otros proyectos de vida dieron lugar a un intercambio sincero sobre los costos, los desafíos y las decisiones que muchas mujeres enfrentan a lo largo de sus carreras.

El encuentro también permitió reflexionar sobre los cambios que atraviesan las nuevas generaciones de abogados. Se debatió acerca de las dificultades de inserción laboral, la evolución del mercado jurídico y la aparición de trayectorias profesionales mucho más diversas, que combinan el ejercicio tradicional con el trabajo en empresas, organizaciones civiles, tecnología, innovación y emprendimientos propios.

En ese escenario, las participantes coincidieron en que el futuro exigirá profesionales con pensamiento estratégico, creatividad, capacidad de adaptación y una sólida formación humana, además del conocimiento jurídico.

A medida que avanzó la conversación fue tomando fuerza una idea compartida: la colaboración entre mujeres no puede quedarse en un discurso, sino traducirse en acciones concretas, vínculos genuinos y espacios donde compartir experiencias, oportunidades y aprendizajes.

Más que hablar de networking, el encuentro propuso pensar en la construcción de una verdadera comunidad profesional, donde el crecimiento individual contribuya también al crecimiento colectivo.

Así, la metáfora del enjambre volvió a cobrar sentido como una forma distinta de ejercer el liderazgo: menos competitiva, más colaborativa y orientada a potenciar el recorrido de otras mujeres.

Una vez más, Mujeres Influyentes de la Justicia demostró que estos encuentros trascienden el intercambio de ideas. Son espacios donde nacen proyectos, se fortalecen vínculos y se construyen nuevas formas de pensar la profesión. Porque transformar la Justicia también implica transformar la manera en que quienes la integran se escuchan, trabajan y construyen futuro, entendiendo que el verdadero liderazgo se multiplica cuando deja de ser individual para convertirse en una construcción colectiva.

El impacto del encuentro, en primera persona

Más allá de los temas abordados, quienes participaron coincidieron en destacar el valor del espacio generado por Quorum para compartir experiencias, construir vínculos y fortalecer una comunidad profesional basada en la colaboración.

Abramzon destacó: “Lo importante es ver que empezó el cambio de sororidad entre mujeres, que ya no es pasado, es presente y futuro. Estamos todas convencidas de que juntas y acompañándonos,  entendiéndonos y entendiendo que somos muy diferentes pero que tenemos un objetivo en común, vamos a llegar a buen puerto, alegrándonos el alma. Aspiramos a ver hacia donde vamos las mujeres como equipo”.

Agustina Atlante, socia fundadora de FinLawArg con doble maestría en Derecho y Economía, señaló que el encuentro fue “inspirador” por la posibilidad de conocer a mujeres con amplia trayectoria y liderazgo.

Y agregó: “Me encantó conocer a estas mujeres tan influyentes, poderosas y de trayectoria. Con el apoyo de ellas para crecer, de sus familias, realmente es inspirador escucharlas y compartir con ellas. Se trata de mujeres que realmente hicieron y dan un paso adelante y te dan ganas de seguir y ser parte de esta red de contención. Mis felicitaciones a Quórum y a Flor, y gracias por invitarme”.

En la misma línea, Alejandra García, primera mujer en presidir el Colegio Público de la Abogacía de la Capital Federal, valoró el intercambio sobre los múltiples desafíos que atraviesan hoy las mujeres en el ejercicio profesional.

“Tuvimos un encuentro divino donde muchas mujeres abogadas charlamos sobre los desafíos de la profesión, las distintas formas de ejercer la abogacía, cómo nos sentimos con nuestra profesión y nuestro rol de mujeres, como madres, como esposas, compañeras. Compartimos experiencias desde todos los puntos de vista y realmente fue muy enriquecedor”, afirmó.

Para Elba Marcovecchio, abogada especializada en derecho de familia y del trabajo, el concepto que mejor sintetizó la jornada fue el del “enjambre”, entendido como una forma de crecimiento colectivo:

“Me quedo con el enjambre entre mujeres, el crecimiento que podemos tener todas juntas, la colaboración, romper los techos de cristal, romper todo y tener una nueva generación de abogadas mujeres en todos los ámbitos donde podamos desarrollarnos”, sostuvo.

Bay Filgueira, ex fiscal y actualmente dedicada al acompañamiento estratégico de abogados, jueces y líderes del sector jurídico, destacó la posibilidad de construir alianzas para transformar el ejercicio profesional.

“Fue un gran encuentro de mujeres profesionales con mucha perspectiva de generar alianzas, de transformar el ámbito en el que trabajamos, de volver a una abogacía más humana y de conocernos. Me quedo con cada una de las historias que trajeron, con las posibilidades y con el talento detrás de cada tarea, de cada función y del desarrollo profesional de cada una de las mujeres presentes”, resaltó.

Alexia Rosenthal, socia fundadora de un estudio especializado en mercado de capitales y referente en gobierno corporativo, resaltó tanto el nivel profesional de las exposiciones como el valor del networking generado durante la jornada.

“Me pareció un encuentro súper potente. Me interesó mucho la parte profesional y la parte que complementa la vida de todas las personas. Me parecieron mujeres absolutamente admirables y me quedo con un gran networking”, manifestó.

Desde el ámbito corporativo, María Eugenia Montero, Directora de Legales LATAM – Hewlett Packard Enterprise, definió el encuentro como una oportunidad para aprender e intercambiar experiencias entre pares.

“Es espectacular un enjambre de mujeres de las cuales una tiene tanto que aprender y, a la vez, intercambiar experiencias que son mucho más ricas de lo que una piensa”, señaló.

Por su parte, Mariana Gallego, abogada especializada en derecho de familia, destacó especialmente el enfoque interdisciplinario y la mirada puesta en la resolución de conflictos con perspectiva humana.

En ese sentido, afirmó: “Fue un encuentro prometedor y enriquecedor por las distintas aristas desde donde abordamos las soluciones que nacen del derecho y de la interdisciplina. Como abogada litigante y apasionada por la resolución de conflictos, me fui con muchas ganas de seguir conociendo nuevas herramientas para nutrir mi especialidad y ayudar a la gente, a los niños, niñas y adolescentes, pero también entre nosotras: mujeres, abogadas y luchadoras”.

Con estos testimonios, la idea que atravesó toda la jornada volvió a hacerse visible: el verdadero valor del encuentro no estuvo únicamente en los temas debatidos, sino en la posibilidad de construir una red de confianza, colaboración y aprendizaje mutuo. El “enjambre” al que hizo referencia Florencia Abramzon dejó de ser una metáfora para convertirse en una práctica concreta, donde el crecimiento individual encuentra su mayor potencia cuando se pone al servicio del crecimiento colectivo.

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