Violencia de género: a juicio por daños, golpes, amenazas y abusos sexuales reiterados

La Sala I de la Cámara del Crimen rechazó el recurso de la defensa y confirmó el procesamiento de un hombre acusado de someter a su pareja a un cuadro de violencia de género con episodios de extrema sordidez. Ya había recibido una condena en 2022 por agresiones contra la misma mujer. La víctima no se separaba “porque no tenía donde ir”.

La Sala I de la Cámara del Crimen confirmó el procesamiento de L.N.E., señalado como autor de lesiones agravadas por violencia de género, abuso sexual con acceso carnal y privación ilegítima de la libertad en perjuicio de su pareja, L.F., con quien mantenía una relación de aproximadamente seis años. Con el rechazo de la apelación el caso se encamina al juicio oral y público.

Según reconstruyó el tribunal a partir del relato de la víctima, E. la sometía de forma reiterada a un régimen de violencia física, psicológica y sexual de extrema sordidez, que incluía agresiones, insultos, destrucción de sus pertenencias y prácticas sexuales impuestas bajo coacción, en las que últimamente había incluido a terceras personas. Los jueces destacaron que el relato de la damnificada, prestado ante la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema y ante profesionales que la asistieron, resultó “preciso, circunstanciado y congruente”. La mujer llegó a declarar que creía a su pareja “capaz de lastimarme o matarme”.

Un antecedente que pesó en el fallo

El tribunal recordó que E. ya había sido condenado en 2022 por hechos ocurridos contra la misma víctima: dos años de prisión en suspenso por amenazas simples, lesiones leves agravadas por el vínculo y por violencia de género, y amenazas coactivas. Para los camaristas, ese antecedente se integró “armónicamente” al cuadro probatorio y reforzó la hipótesis acusatoria, al mostrar que los hechos investigados no eran aislados sino parte de un patrón sostenido en el tiempo.

Lo que declararon los vecinos

Una vecina relató que el imputado “ejercía una manipulación” sobre la víctima y que “no la dejaba relacionarse”. Otro vecino describió la dinámica como “una situación cíclica en la que peleaban y volvían a estar juntos como si nada” y notó que cuando estaban juntos “ella bajaba la mirada” y tenía “una actitud sumisa”.

El testimonio más elocuente fue el del encargado del edificio, quien contó que, tras un episodio en el que la mujer había sido golpeada, le preguntó por qué no se separaba. Su respuesta quedó registrada en el fallo: “No se separaba porque no tenía donde ir”.

Los argumentos de la defensa, rechazados

La defensa había planteado que su asistido debía ser considerado inimputable por el consumo de alcohol y cocaína la noche en que la mujer lo denunció ante policías que recorrían el barrio en patrullero, tras haber huido del edificio. También cuestionó la falta de pruebas testimoniales o físicas para dos de los tres episodios imputados.

Los camaristas Pablo Lucero y Yamile Bernan desestimaron ambos planteos: consideró que el consumo de sustancias no anuló por sí solo su capacidad de culpabilidad, y remarcó que en delitos de esta naturaleza, que suelen ocurrir sin testigos presenciales, el testimonio de la víctima constituye prueba suficiente cuando resulta coherente y verosímil.

Noticias relacionadas

Suscribite a nuestro newsletter

Para estar actualizado de las últimas noticias, informes especiales y recibir las ediciones digitales antes que nadie!

Últimas noticias