Rosatti puso el foco en la Justicia de Rosario: “Hay mucho que limpiar todavía”

El Presidente de la Corte Suprema reconoció los avances contra el narcotráfico y destacó el envío de pliegos para cubrir vacantes judiciales. Sin embargo, advirtió sobre el “aspecto sombrío” que quedó expuesto al investigar las estructuras que rodean al crimen organizado en Rosario. En una jurisdicción atravesada por causas contra magistrados, habló de quienes protegen, de quienes “miran para otro lado” y reclamó castigo para los jueces que no honran su cargo.

La situación de Rosario cambió. Los indicadores vinculados con la violencia y el crimen organizado muestran una mejora y el Estado parece haber recuperado parte del terreno perdido. Pero Horacio Rosatti eligió no quedarse únicamente con esa fotografía. Frente a jueces, fiscales y funcionarios, el Presidente de la Corte Suprema y del Consejo de la Magistratura puso el foco también en aquello que todavía permanece en las sombras y, especialmente, en las responsabilidades que pueden existir dentro de las propias instituciones.

“Hay mucho que corregir, hay mucho que limpiar todavía y lo vamos a seguir haciendo”, afirmó en la Cámara Federal de Rosario.

La frase no fue pronunciada en cualquier contexto. Minutos antes, integrantes de la propia Justicia federal habían mencionado las investigaciones que alcanzaron a magistrados de la jurisdicción y habían hablado abiertamente de corrupción dentro del Poder Judicial.

Rosatti llegó a Rosario para participar de la jura del juez federal Florentino Malaponte, quien ocupará una silla que permaneció vacante durante diez años. Sin embargo, el acto terminó funcionando también como un balance sobre lo ocurrido en una jurisdicción que durante años estuvo en el centro de la crisis provocada por el narcotráfico y que ahora enfrenta otro desafío: avanzar sobre las estructuras económicas y de protección que permitieron el crecimiento del crimen organizado.

Dos jueces bajo prisión preventiva

El presidente de la Cámara Federal de Rosario, Aníbal Pineda, fue quien introdujo uno de los datos más incómodos de la jornada.

Al destacar el trabajo realizado durante los últimos años y el impulso que significó la implementación del sistema acusatorio, recordó que la jurisdicción no solamente arrastra una importante cantidad de vacantes: también tiene dos jueces que quedaron bajo prisión preventiva.

La referencia fue a Marcelo Bailaque, procesado por lavado de dinero y quien renunció antes de ser destituido, y a Gastón Salmain, procesado por presuntamente haber cobrado coimas a cambio de fallos y cuyo jury comenzará el próximo 6 de octubre.

El juez federal de Garantías Daniel Rodríguez Da Cruz también puso sobre la mesa durante el encuentro la corrupción dentro de la propia Justicia.

Ese contexto terminó dándole otro significado a las palabras que pronunciaría Rosatti algunos minutos después.

Una trama que no termina en el delincuente

El Presidente de la Corte recordó el encuentro que el máximo tribunal encabezó cuatro años atrás en Rosario, cuando la escalada de violencia vinculada al narcotráfico había convertido a la ciudad en el epicentro de una crisis que excedía largamente la cuestión de seguridad.

Aquella presencia buscó transmitir un respaldo institucional a quienes enfrentaban al crimen organizado. Cuatro años después, Rosatti reconoció que existieron avances, aunque advirtió que el problema es mucho más profundo que detener a quienes ejecutan los delitos.

Habló de “un entramado muy complejo que no se agota con el delincuente que puede hoy estar en la cárcel”.

Porque detrás de ese delincuente, explicó, aparece quien lava el dinero, quien protege al que lo lava y también aquellos que, sin integrar necesariamente la organización criminal, adoptan conductas que pueden contribuir a su supervivencia.

En palabras del titular de la Corte, también hay que mirar a quienes deciden “mirar para otro lado”.

La definición amplía el mapa de responsabilidades. El desafío ya no pasa únicamente por encarcelar a los integrantes de las organizaciones criminales, sino por avanzar sobre las estructuras económicas e institucionales capaces de garantizarles protección, financiamiento o impunidad.

“Esto no ha terminado ni mucho menos, ni mucho menos, ni mucho menos”, enfatizó.

“Las estadísticas dicen que se ha mejorado”

Rosatti reconoció que existe una diferencia respecto de la Rosario de hace cuatro años.

“Las estadísticas dicen que se ha mejorado, y se ha mejorado”, sostuvo, y atribuyó parte de esos resultados a una reacción conjunta de la comunidad y de las instituciones.

El Presidente de la Corte destacó particularmente a los fiscales provinciales, jueces provinciales, fiscales federales y jueces federales “que honraron el cargo”, además de reconocer el acompañamiento de las autoridades políticas, la Corte Suprema de Santa Fe y el municipio.

A su entender, esa coordinación institucional fue determinante para comenzar a revertir una situación que parecía difícil de controlar.

Pero el reconocimiento no terminó allí.

Rosatti destacó el envío de pliegos para cubrir vacantes

La jura de Malaponte también le permitió al presidente de la Corte detenerse en uno de los problemas estructurales que atraviesa a la Justicia federal: la cantidad de cargos sin cubrir.

En ese punto, Rosatti hizo un reconocimiento explícito a la gestión del ministerio de Justicia Juan Bautista Mahiques por la cantidad de pliegos enviados para avanzar con nuevas designaciones.

“El reconocimiento tiene que extenderse también a la gestión del Ministro de Justicia, porque la verdad es que nos ha sorprendido con el envío de tantos pliegos, y estamos todas las semanas recorriendo distintas jurisdicciones para que asuman nuevos magistrados”, señaló.

La definición tuvo especial peso en Rosario: Malaponte llega para ocupar una silla que llevaba una década vacante y su asunción se produce en una jurisdicción que intenta completar su estructura mientras, paralelamente, enfrenta investigaciones que pusieron bajo sospecha el comportamiento de algunos de sus propios integrantes.

Fue justamente allí donde Rosatti cambió el tono de su discurso.

El “aspecto sombrío” de Rosario

“Pero más allá de todo esto, también debemos ver el aspecto sombrío”, advirtió.

Rosatti volvió entonces sobre aquella visita realizada cuatro años atrás y recordó una decisión que, según explicó, tuvo consecuencias que excedieron la lucha directa contra el narcotráfico.

“Dijimos: ‘Vamos a poner el reflector’. Cuando uno pone el reflector, cuando uno ilumina algo, lo que está claro se hace más claro y lo que es oscuro queda más oscuro”, sostuvo.

Y completó con la frase más fuerte de su intervención: “Hay mucho que corregir, hay mucho que limpiar todavía y lo vamos a seguir haciendo. Ese es nuestro compromiso, porque ahora también sabemos que hay muchísimo acompañamiento institucional y eso hace que podamos redoblar nuestros esfuerzos en ese camino”.

La secuencia del discurso no fue menor. Rosatti puso en una misma escena la cobertura de vacantes y el fortalecimiento de la estructura judicial, pero también la necesidad de avanzar sobre las zonas oscuras que comenzaron a quedar expuestas cuando la lupa se posó sobre Rosario.

Un mensaje hacia adentro de la Justicia

Las palabras adquirieron todavía más peso cuando el presidente de la Corte diferenció a quienes “honraron el cargo” de aquellos que no lo hicieron.

Sobre estos últimos sostuvo que deben recibir “el condigno castigo”.

El mensaje tuvo una evidente lectura interna en una jurisdicción en la que las investigaciones por corrupción llegaron hasta los propios despachos judiciales.

La definición cobra además un significado institucional particular porque Rosatti no solamente preside la Corte Suprema. También encabeza el Consejo de la Magistratura de la Nación, organismo encargado de intervenir en los procesos disciplinarios contra jueces nacionales y federales y, cuando corresponde, impulsar su acusación ante el Jurado de Enjuiciamiento.

“Humildad y honestidad”

En ese escenario asumió Florentino Malaponte, quien llega para ocupar una vacante que llevaba una década sin cubrirse.

Rosatti aclaró públicamente que no conocía previamente al flamante magistrado y aprovechó la ceremonia para dejarle dos recomendaciones que, a la luz de lo ocurrido en la Justicia federal rosarina, trascendieron el carácter protocolar de una jura.

“Hay muchas tentaciones en esta ciudad. Le pido que no pierda la ‘doble H’: humildad y honestidad”, le dijo.

Y recordó que la responsabilidad de un magistrado no termina cuando abandona su despacho: “Se es juez las 24 horas del día, los 365 días del año”.

Por su parte, Juan Bautista Mahiques destacó la cantidad de vacantes cubiertas durante la gestión de Javier Milei y resumió el escenario con otra definición: “El crimen está organizado, pero ahora el Estado también está más organizado” para combatirlo.

De la jornada participaron además integrantes de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe y miembros del Consejo de la Magistratura, entre otros.

La visita de Rosatti dejó así una imagen menos complaciente que la de un simple balance sobre la reducción de la violencia en Rosario. Si el crimen organizado necesitó durante años de dinero, protección y silencios para crecer, el desafío que ahora enfrenta la Justicia es determinar hasta dónde llegaron esas redes y qué ocurrió dentro de las propias instituciones.

Porque el reflector que hace cuatro años se decidió encender sobre el narcotráfico terminó iluminando algo más. Y, según reconoció el propio presidente de la Corte, todavía “hay mucho que limpiar”.

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