Por Natasha Steinberg*
El 10 de diciembre es una fecha de trascendencia fundacional. En mi carácter de ciudadana y como funcionaria pública considero que ese día constituye un punto de encuentro ineludible entre la convicción cívica y el deber institucional en la Argentina. En esa fecha convergen el Día Internacional de los Derechos Humanos y la celebración de nuestra democracia recuperada.
La transición de 1983 fue un proceso que sentó las bases de la institucionalidad, pero fue el Juicio a las Juntas de 1985 el que forjó el carácter moral de nuestra nación al enfrentar el terrorismo de Estado con la luz inapelable de la justicia. Aquel ejercicio de soberanía estableció un precedente y nos dejó el «Nunca Más» no solo como una consigna, sino como un mandato ético inscrito en el ADN de la vida pública argentina. Este es un compromiso que se renueva cada día: el de garantizar que la impunidad quede desterrada de nuestro horizonte.
En la ciudad de Buenos Aires esta trama de memoria se hace visible. El Parque de la Memoria – Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado es el cuerpo vivo de esa conciencia cívica. Es un instrumento dinámico, un espacio público creado por la sinergia entre el Estado, los organismos de derechos humanos y la sociedad civil. En esa continuidad necesaria se inscribe la exposición «Señores jueces, Nunca Más», que recupera el hito fundamental del Juicio a las Juntas de 1985. Aquella frase, pronunciada por Julio Strassera al cierre de la acusación fiscal hace 40 años, condensó el deseo colectivo de verdad y justicia.
Hoy, el Parque de la Memoria ofrece el marco simbólico para seguir pensando las consecuencias de ese recorrido y los desafíos que aún nos plantea, brindando herramientas culturales para la construcción de un presente y un futuro con memoria. Preservar este patrimonio y asegurar el rigor de sus programas es una obligación institucional que honra nuestra historia.
Desde la Dirección General de Derechos Humanos nuestra tarea es interpretar ese legado fundacional y proyectarlo hacia las complejidades del presente y el futuro en la ciudad. Nuestra labor cotidiana abarca la continuidad de la reparación histórica, la lucha incansable contra la discriminación y la detección proactiva de toda amenaza, explícita o implícita, que menoscabe nuestra pluralidad. El Parque de la Memoria, al funcionar como plataforma de pensamiento crítico y herramienta cultural, se confirma como el mecanismo estratégico para mantener esa memoria como una fuerza viva al servicio de la consolidación democrática y de nuestra ciudadanía.
Al conmemorar este aniversario, la Ciudad reafirma su compromiso con el pacto cívico, renovando su vocación de sostener y profundizar el Estado de Derecho. Este ejercicio constante de la memoria, ejecutado con la seriedad y el rigor que exige la historia, es la única garantía de que los principios de justicia, libertad y dignidad humana sigan siendo el horizonte irrenunciable de nuestra convivencia.
* Directora General de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia de la Ciudad.
