Por Jimena de la Torre*
La decisión de Rosalía Silvestre de no renovar su candidatura como miembro del Directorio del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires invita a reconocer una gestión que tuvo un valor institucional singular. Su presidencia marcó un hito en la historia del Colegio: fue la primera mujer en conducir una institución de enorme trayectoria para la vida jurídica argentina. Pero ese dato, que por sí solo merece ser destacado, adquiere todavía mayor relevancia cuando se lo observa a la luz de una forma concreta de ejercer el liderazgo: con apertura, diálogo y vocación de trabajo compartido.
Como Consejera de la Magistratura de la Nación, quiero valorar especialmente que durante su presidencia el Colegio haya abierto sus puertas a una agenda de cooperación institucional vinculada con la modernización, la ética judicial, la transparencia, la defensa de la independencia judicial y el fortalecimiento de la abogacía. Esa apertura permitió construir puentes entre instituciones que tienen responsabilidades distintas, pero que comparten una preocupación común: mejorar el funcionamiento del sistema de justicia y recuperar la confianza pública.
No se trató de un gesto meramente protocolar. La posibilidad de articular propuestas, conversar diagnósticos, compartir miradas y avanzar en iniciativas concretas demostró que la abogacía organizada puede tener un rol mucho más profundo que la defensa sectorial de sus intereses. Puede ser, también, una protagonista central en la construcción de mejores instituciones.

La experiencia de estos años confirma una idea que muchas veces se enuncia, pero que no siempre se practica: la calidad institucional no se construye desde compartimentos aislados. Requiere cooperación, consensos, responsabilidad pública y continuidad. La independencia judicial, la idoneidad de los magistrados, la transparencia en los procesos de selección, la ética en el ejercicio de la función judicial y la modernización de la justicia no son temas abstractos. Inciden directamente en la vida de los ciudadanos, en la previsibilidad de las reglas, en la inversión, en el desarrollo económico y en la confianza social.
Un país que aspira a crecer necesita instituciones serias, previsibles y confiables. Y en ese camino, la abogacía tiene una responsabilidad indelegable. Por eso, cuando el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, el Consejo de la Magistratura de la Nación y otras instituciones de la profesión encuentran espacios de diálogo y trabajo común, no sólo se fortalece la abogacía: se fortalece también la República.
El reconocimiento a Rosalía Silvestre debe leerse en ese marco. Su gestión tuvo la generosidad institucional de abrir espacios, escuchar propuestas y acompañar una agenda que excede a las personas y a las coyunturas. Ese es, quizás, uno de los legados más importantes que puede dejar quien conduce una institución: habilitar caminos que otros puedan continuar.
Por eso, junto con este reconocimiento, también quiero expresar mi confianza en que la nueva conducción del Colegio dará continuidad a esta agenda de trabajo compartida. Estoy convencida de que los vínculos construidos en estos años seguirán fortaleciéndose y proyectándose hacia adelante con pluralidad, responsabilidad y sentido institucional. Esa continuidad resulta fundamental para consolidar una abogacía más participativa, más moderna y más protagonista en los debates centrales de la justicia argentina.
Las instituciones se fortalecen cuando quienes las integran comprenden que cada etapa forma parte de una construcción más amplia. Reconocer lo realizado no implica cerrar un ciclo, sino valorar una base sobre la cual seguir trabajando. La abogacía argentina necesita unidad, diálogo y compromiso para estar a la altura de los desafíos del país.
En ese camino, la presidencia de Rosalía Silvestre deja una marca valiosa: haber demostrado que la apertura institucional, cuando está guiada por convicciones republicanas y vocación de servicio, puede convertirse en una herramienta concreta para mejorar la justicia, fortalecer la profesión y contribuir al desarrollo argentino.
* Consejera de la Magistratura de la Nación
