Silvina Racigh, a cargo del Juzgado de Familia, Niñez y Adolescencia Nº 1 de Goya, resolvió declarar en estado de adoptabilidad a un menor tras concluir que la grave patología psíquica de su madre impedía garantizar un entorno seguro. En el fallo, la magistrada afirmó que la decisión no es un castigo, sino una medida de protección, y le dedicó unas líneas tanto a la mamá como a su hijo.
En un fallo con un fuerte contenido emocional, el Juzgado de Familia, Niñez y Adolescencia Nº 1 de Goya declaró la adoptabilidad a un niño de seis años al considerar agotadas todas las alternativas para que permaneciera bajo el cuidado de su madre biológica. “Hay decisiones que no pueden tomarse sin dolor”, explicó la jueza Silvina Racigh, al describir el conflicto entre el amor materno y la imposibilidad concreta de cuidado.
La resolución fue adoptada después de más de tres años de intervenciones judiciales, evaluaciones interdisciplinarias y medidas que no lograron revertir una situación de riesgo sostenido en el tiempo.
En la sentencia, Racigh sostuvo que el caso colocó al sistema judicial frente a “una de sus decisiones más difíciles”, al advertir que el padecimiento mental de la madre era “estructural, persistente y resistente al tratamiento”, y que la ausencia de redes de apoyo tornaba inviable la protección del niño.
Los informes
El caso se inició en mayo de 2022, a partir de una denuncia que activó la intervención de los organismos de protección. Si bien nunca se acreditó el abuso que dio origen a las actuaciones, el proceso dejó expuesta una situación de extrema vulnerabilidad. Informes psicológicos y psiquiátricos describieron episodios reiterados de desorientación, abandono de tratamientos, conductas violentas y falta de conciencia de enfermedad, que derivaron en internaciones y en medidas excepcionales de protección.
Con el paso del tiempo, el niño alternó entre cuidados transitorios de familiares, supervisiones informales de vecinos y hasta períodos alojado en instituciones de menores. En enero de 2025, tras un episodio de extrema gravedad, se dispuso su ingreso al Hogar San Vicente de Paul. Desde entonces, los organismos estatales informaron que se encontraba agotada la búsqueda de familia extensa (abuelos, tíos, hermanos o primos mayores de edad) o referentes afectivos que pudieran asumir su cuidado de manera estable.
En los fundamentos, la jueza dejó en claro que la enfermedad mental “no configura por sí sola un motivo de descalificación moral”, pero advirtió que, en este caso, el cuadro psicopatológico comprometía de manera directa la capacidad de ejercer la responsabilidad parental. “La responsabilidad parental no puede exigirse a quien no tiene capacidad para ejercerla”, afirmó, y subrayó que su limitación “es un instrumento de protección, no de castigo”.
El fallo puso el acento en el interés superior del niño y en su derecho a desarrollarse en un entorno estable. “Su derecho a desarrollarse en un ambiente sano no puede quedar subordinado a los tiempos de recuperación materna, que son inciertos”, señaló. También advirtió que sostener el vínculo “a toda costa” podía derivar en una forma de revictimización y en la consolidación de un sufrimiento crónico.
La sentencia no solo declaró la adoptabilidad, sino que también instó a los poderes del Estado a implementar políticas públicas integrales en materia de salud mental y reclamó una reglamentación específica en Corrientes para la registración de nacimientos por técnicas de reproducción humana asistida.
En un tramo inusual, la jueza decidió incorporar dos textos dirigidos directamente al niño y a su madre. Allí explicó las razones de la decisión con un lenguaje que trasciende lo jurídico. A continuación, las dos cartas completas incluidas en el fallo:
Carta dirigida a M.
M.: naciste del deseo profundo de Julia (tu mamá biológica). No fue un embarazo casual ni una maternidad impuesta; fuiste buscado, esperado, deseado. Tu madre atravesó tratamientos médicos y esperas difíciles para poder tenerte en sus brazos. Durante tus primeros años, te cuidó con amor y dedicación. Sin embargo, con el tiempo, su salud mental comenzó a deteriorarse. Su padecimiento la aisló de todos, le quitó fuerzas y la posibilidad de tomar decisiones certeras en cuanto a sus tratamientos, creyó en curas imaginarias alejadas de la ciencia que no hicieron más que agravar su estado hasta el punto de no poder garantizarte un entorno protector y estable que todo niño necesita para crecer.
Quiero que sepas que mi decisión no fue por su falta de amor, sino por falta de recursos psíquicos, familiares y sociales. Intentamos que pudiera restablecerse, buscamos quien la acompañe, pero su enfermedad la tenía perdida y te ponía en peligro.
Este informe quiere resguardar la memoria de ese amor inicial, del deseo que te trajo al mundo, y también dar cuenta de las circunstancias que hicieron necesario buscarte otra familia que pudiera brindarte lo que tu madre, en este momento de su vida, no puede.
Espero que esta nueva familia sea una nueva historia también de amor, que no borre la anterior, sino que la abrace, la integre y te haga un hombre íntegro, de bien y, sobre todo, feliz.
Carta dirigida a L.
L.: quiero que sepas que para resolver esto leí más allá de los diagnósticos, más allá de los informes. Pude conocerte, entender tu historia. Pude ver a una mujer que luchó con todo lo que tenía para ser madre, que deseó profundamente a su hijo, que lo buscó, que lo esperó y que, durante un tiempo, pudo brindarle amor y cuidado. Reconozco tu dolor. Sé que convivir con padecimientos de salud mental es muy difícil.
Quiero decirte que mi decisión no implica un juicio de valor sobre tu persona ni sobre tus capacidades como madre, sino que responde a la necesidad concreta de garantizar a M. un proyecto de vida en condiciones adecuadas. Esta decisión no busca suprimir el lazo afectivo, sino resguardarlo para que tu vínculo con él pueda tener otras formas, un contacto sano si el tiempo, tu salud y los cuidados lo permiten.
Y para que cuando sea grande, comprenda como yo tu dolor, tu lucha, y te abrace, y te ame. Ruego encuentres, con el acompañamiento adecuado, la calma y la fuerza que necesitas.
