En el juicio en el que se lo juzga por presunta malversación de caudales públicos, aseguró que sólo él y Hebe de Bonafini podían decidir el destino de los fondos. “Mientras yo iba por más escuelas y viviendas, ella estaba tan cooptada por el kirchnerismo que empezamos a gastar mucho en actos y movilizaciones para toda esa runfla que el dinero se acabó”.
Seguro de sí mismo, desafiante y por momentos agresivo, Sergio Schoklender dijo que “con el programa Sueños Compartidos nosotros no queríamos solamente construir viviendas, construíamos ciudadanía”. Allí se explayó en los 6500 empleados que llegaron a tener, 450 obradores en todo el país, “siempre acompañados por trabajadores sociales surgidos de esos mismos barrios donde trabajábamos”.
Aseguró que la Fundación Madres de Plaza de Mayo contrató mitad de obreros hombres y mitad mujeres. “Antes de construir hacíamos un comedor con vestuarios, baños, que quedaran como centro comunitario cuando la obra se terminara”.
Peyorativamente, se jactó ante los integrantes del Tribunal Oral Criminal Federal 5 de que “no traíamos paraguayos indocumentados, tomábamos a la gente del lugar y la capacitábamos, la alfabetizábamos. Tuvimos las mejores capataces mujeres que construyeron sus propias escuelas y jardines maternales”.
Recordó con cierto respeto a Néstor Kirchner: “Mientras él vivó, no se metió con nosotros; robaba como todos, pero en obras grandes, pero cuando murió todo se desbarrancó”.
Consultado sobre cómo se pagaban esas obras sociales que, según aclaró, no estaban incluidas en el precio original, respondió: “Con la plata de las obras. Teníamos mucha ganancia porque nos pagaban bien y no había corrupción, entonces sobraban los fondos. ¿Por qué creen que Milei bajó el déficit? Porque cerró la obra pública. En la Argentina la obra pública es corrupción”.
Admitió que llegaron a tener “muchos problemas” para cobrar porque “la política se gastaba lo que nos tenía que dar a nosotros”. Por eso llegaron a financiarse en “cuevas” y a usar las cuentas de su hermano Pablo para poder depositar cheques porque ni la Fundación Madres de Plaza de Mayo ni ninguna de sus integrantes podía recibir cheques “de tantos que habían librado”.
El fiscal Diego Velasco quiso saber por qué se les adjudicaron obras. “Primero, porque Néstor y Cristina quisieron quedar bien con Hebe; segundo porque el proyecto de unir lo social y la construcción era muy atractivo y por último, porque era la forma que ellos tenían de interactuar con algunos distritos. Por esta razón aventuró que ‘seguramente’ los proyectos de la Fundación salían con más rapidez y facilidad que otros”.
En ese sentido, recordó que la decisión de dónde hacer obras o no, era política. Mencionó haber insistido para llevar a cabo emprendimientos en determinados sitios que fueron rechazados por la mala relación del gobierno nacional con el local.
“¿Cómo fue que la culpa de todo terminó siendo mía?”
Schoklender se esmeró en dejar claro que sólo él y Bonafini decidían hacia dónde iban los fondos. Si bien la construcción era muy rentable, tuvieron muchos inconvenientes para cobrar el dinero que se les debían por las obras realizadas y porque había “un inmenso universo de gastos” entre ellos el centro cultural de la ESMA, la Universidad de las Madres, la radio, los congresos políticos, las conferencias, las movilizaciones, las campañas, los pasacalles.
“Mientras yo reclamaba el dinero a los gritos, Hebe se acercaba más al gobierno, me reprochaba que me peleara con los funcionarios, hasta que me cansé y me fui”, resumió ante una pregunta de la fiscalía.
Recordó que llegó a tener una reunión con Amado Boudou cuando era Ministro de Economía, en la que le exigió el pago de las obras, “teníamos una deuda de cargas sociales, debíamos 70 millones que actualizados llegaron a 200”. El Ministerio de Planificación les debía 140 millones, por lo que resolvió anotarse en un plan de pago para zanjar los números y poder mantener a flote la operatoria.
Aseguró que apenas se fue de la Fundación el plan de pagos fue aprobado, pero “por alguna razón” Bonafini decidió dejar de pagar “absolutamente todo” y empezar a despedir a los profesionales que Schoklender había contratado.
“Los echaron a todos, me peleo con Hebe y con mi hermano, con quien no he vuelto a hablar”. Según recordó, en el primer mes en que no se construyó, no se certificaron obras, pero los trabajadores cobraron porque aún había fondos. La situación se mantuvo un par de meses hasta que el dinero se terminó, no se pagaron los sueldos y los obreros fueron a Plaza de Mayo a protestar.
“Desde la camioneta Hebe de Bonafini les contestó a nuestros trabajadores: vayan a reclamarles a los Schoklender, que se robaron toda la plata”, concluyó.
Los jueces Adriana Palliotti, Horacio Obligado y Ricardo Basilico pasaron a un cuarto intermedio hasta el próximo martes a las 9 de la mañana.
