La segunda edición del espacio impulsado por Quorum volvió a reunir a referentes del ámbito jurídico en una conversación íntima, donde el foco estuvo puesto en el liderazgo femenino, los desafíos estructurales y la construcción de redes reales de apoyo dentro del sistema de justicia.
Tras la experiencia fundacional del primer encuentro -definido como un “enjambre” por su lógica horizontal, orgánica y colaborativa-, la segunda edición del Té de Mujeres Influyentes de la Justicia Argentina confirmó que aquella intuición inicial no solo tenía sentido, sino proyección: la necesidad de pensar la justicia también en clave de comunidad.
La propuesta se sostiene sobre una premisa clara: generar un espacio federal, plural y sin jerarquías rígidas, donde mujeres provenientes del Poder Judicial, el Ministerio Público, la academia y el ejercicio profesional puedan compartir experiencias reales, construir vínculos de confianza y fortalecer una voz colectiva dentro del sistema.
En esta nueva edición, que volvió a elegir el Recoleta Grand Hotel como escenario, ese espíritu no sólo se mantuvo, sino que se profundizó.
Lejos de los formatos tradicionales, la conversación volvió a correrse del rol para centrarse en la persona. En ese registro más íntimo, emergieron con fuerza los desafíos que atraviesan las trayectorias femeninas en el derecho: las dificultades para acceder a cargos de decisión, los límites de los procesos de selección, las tensiones entre mérito y política, y la persistencia de lógicas informales de poder que muchas veces condicionan los resultados.
A lo largo del intercambio, se puso en evidencia que, incluso en contextos de alta formación y experiencia, las barreras no siempre son explícitas, pero sí efectivas. En ese sentido, varias participantes coincidieron en la importancia de que las mujeres que ocupan espacios de decisión asuman también un rol activo en la promoción de otras trayectorias, impulsando cambios desde adentro de las instituciones.
Pero el encuentro no se limitó al plano estructural. Una de sus mayores riquezas fue haber habilitado una conversación profundamente humana.

A través de relatos personales, aparecieron experiencias atravesadas por la maternidad, la culpa, las renuncias, los cambios de rumbo y la búsqueda de sentido en el ejercicio profesional. La pregunta por el propósito -qué se hace, para qué y desde dónde- atravesó gran parte del diálogo, evidenciando que el liderazgo no se construye únicamente desde los cargos, sino también desde las decisiones vitales.
En ese recorrido, emergió una tensión compartida: cómo sostener carreras exigentes sin resignar completamente la vida personal. No hubo respuestas únicas, pero sí una certeza común: cada trayectoria es distinta, aunque los dilemas suelen repetirse.
Otro de los ejes más intensos fue el de los vínculos entre mujeres dentro del propio ámbito profesional. Con una mirada autocrítica, se reconoció que las dinámicas de competencia siguen presentes, muchas veces potenciadas por la escasez de espacios de poder. Frente a esto, surgió con fuerza la necesidad de construir redes basadas en la colaboración, el acompañamiento y la confianza.


Voces del enjambre
La metáfora del “enjambre”, que había dado identidad al primer encuentro, volvió a aparecer, pero esta vez con un sentido más concreto: ya no como idea, sino como práctica en construcción.
El Té de Mujeres Influyentes de la Justicia Argentina volvió a reunir voces diversas que, desde la experiencia y la honestidad, pusieron en palabras los desafíos reales del ejercicio profesional, las tensiones del poder y las búsquedas personales que atraviesan las trayectorias en el derecho.
Entre anécdotas, reflexiones y momentos de identificación, emergieron nuevas capas de sentido: la necesidad de redes más activas, el valor del acompañamiento entre pares, la autocrítica sobre las dinámicas de competencia y la importancia de construir liderazgo desde lo humano, no solo desde el rol.

Rosalía Silvestre, titular del Colegio de Abogados de la ciudad de Buenos Aires, expresó:
Esta iniciativa de Quórum, la disfruté mucho al encontrarme con mujeres que ocupan espacios de relevancia en el ejercicio de la profesión, de abogadas, esto es siempre enriquecedor, compartir experiencias, ver como las distintas generaciones van dando su propia impronta, no tengo duda que superadora a la de otros tiempos. Es también muy alentador. Todavía hay camino para andar, pero este encuentro donde, además nos divertimos, hace más amable el recorrido

Jimena de la Torre, consejera de la Magistratura de la Nación, sostuvo:
Celebro la construcción de un espacio plural, transversal y diverso de mujeres dentro de la Justicia. La idea de enjambre tiene una potencia enorme, porque habla de trabajo, esfuerzo y movimiento; pero también creo en la fuerza de la red: una red con nudos firmes, que sostiene, contiene y abraza. El desafío es justamente ese: transformar esa energía en una trama sólida de mujeres capaces de influir, acompañarse e impulsar cambios reales en el sistema judicial

Marcela De Langhe, jueza del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad, señaló:
Gracias por el encuentro. Fue una buena oportunidad para fortalecer vínculos y compartir experiencias que nos enriquecen a todas

María Elena López, jueza laboral, destacó:
La sensación que me dejó la reunión de ayer fue de absoluta empatía, enorme calidez, diversión e identidad en el camino recorrido

Luciana Bernardini, funcionaria de la Defensoría General de la Nación, manifestó:
Fue un encuentro enriquecedor que permitió compartir experiencias, desafíos y emociones entre mujeres del ámbito judicial. Se generó un espacio genuino de escucha y acompañamiento, clave para fortalecer redes y liderazgos. También fue un momento humano y catártico, donde pudieron visibilizarse vivencias muchas veces silenciadas.
Sin dudas, este tipo de encuentros nos potencia y nos impulsa a seguir transformando la justicia. Gracias Flor, gracias Quórum por ser un espacio de encuentro seguro y potente

Valeria Elfman, titular del Estudio Jurídico Integral Elfman Barsky Benarroch, afirmó:
Fue una reunión muy enriquecedora desde lo personal con mujeres del mundo judicial en el cual todas tenemos en común que elegimos la profesión como una forma de vida cada una desde su lugar, función o cargo

Marcela Losardo, ex ministra de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, resaltó:
Fue un placer compartir un encuentro tan agradable en el que pudimos intercambiar ideas, experiencias y desafíos , encontrando espacio para el humor también. Gracias Flor por fomentar la conexión y el diálogo

Lejos de agotarse, el espíritu del “enjambre” se expande. Ya no es solo una idea: empieza a ser práctica, vínculo y proyección.
El clima del encuentro fue, en sí mismo, uno de sus rasgos más distintivos. Hubo risas, anécdotas, momentos de catarsis y escenas de identificación inmediata. La conversación osciló con naturalidad entre lo institucional y lo personal, entre la crítica al sistema y la revisión de las propias prácticas.
Esa combinación le dio al encuentro una densidad particular: la de un espacio donde no solo se analizan problemas, sino donde también se ensayan formas posibles de transformación.
Si el primer encuentro planteó la idea de un enjambre, este segundo confirmó que esa construcción no es solo conceptual, sino concreta. Una red -o, más precisamente, una comunidad- que empieza a tomar forma a partir del intercambio, la escucha y la decisión de acompañarse.
En un escenario donde el debate sobre género y justicia suele quedar encapsulado en cifras o consignas, estas experiencias abren otra dimensión: la de una transformación que no solo se disputa en las instituciones, sino también en los vínculos.
