La fiscalía Criminal y Correccional 21, que tiene delegada la investigación, informó que se procurará determinar el origen de los fármacos y se volcarán los tres celulares encontrados en la vivienda de Eduardo Betancourt.
El fiscal Carlos Alberto Vasser dio a conocer los primeros avances de la investigación sobre las circunstancias del fallecimiento de Eduardo Alejandro Bentancourt, el enfermero de 44 años hallado sin vida el 3 de abril en su departamento de la calle Fray Justo Santa María de Oro al 2400, en el barrio porteño de Palermo.
Según el adelanto de autopsia remitido por el Cuerpo Médico Forense, la muerte se produjo como consecuencia de una cardiopatía hipertrófica y dilatada, que el enfermero ya padecía, con congestión pulmonar. Los estudios histopatológicos y toxicológicos se encuentran pendientes y se espera que sus resultados permitirán profundizar el análisis médico-legal.
El informe forense señala que el cuerpo presentaba una marca de punción en la vena del pliegue del codo derecho, rodeada por una pequeña mancha amoratada —detalle que los peritos consignaron como «signo de vitalidad», dado que esa reacción solo se produce cuando la persona aún está con vida—, sin otras lesiones traumáticas ni indicios de heridas defensivas. Se estableció además que Bentancourt estaba sentado al momento de su muerte y que el deceso ocurrió entre tres y cinco días antes de la autopsia, practicada el 4 de abril.
Según el informe fiscal, los peritos de la Unidad Criminalística Móvil de la Policía de la Ciudad que relevaron el lugar no hallaron, hasta el momento, indicios que permitan suponer la participación de terceras personas.
Personal policial de la comisaría vecinal ingresó al departamento el 3 de abril pasado, alrededor de las 13.40, junto con familiares del fallecido. A las 13.53, el médico del SAME constató el fallecimiento. En la cocina del inmueble se encontraron una caja de cartón con ampollas —dos parcialmente rotas y llenas, y una tercera vacía en el cesto de basura—, una jeringa y un guante de látex. También se secuestraron tres teléfonos celulares —marcas iPhone, Samsung y Xiaomi— reconocidos por los familiares como pertenecientes a Bentancourt, cuya peritación está en curso.
Entre las sustancias halladas se identificaron propofol 10 mg., fentanilo 0,5 mg. y lidocaína, entre otras. El contenido de las ampollas abiertas fue remitido al Laboratorio Químico de la Policía Federal Argentina, donde será analizado el próximo 13 de mayo. Los resultados preliminares se esperan en un plazo de siete días hábiles, prorrogable si fuera necesario repetir las pruebas. La fiscalía dispuso además medidas para determinar la trazabilidad y el origen de las sustancias, así como las eventuales responsabilidades vinculadas a su forma de obtención.

La investigación está delegada en la fiscalía por no haberse individualizado hasta el momento a posibles responsables, e interviene el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional 39, a cargo de Santiago Bignone.
La investigación determinará si la muerte de Betancourt se inscribe en un contexto judicial más amplio que comenzó el 20 de febrero pasado, cuando el anestesista Alejandro Salazar, quien se desempeñaba en el Hospital de Niños «Ricardo Gutiérrez» y había sido residente en el Hospital Rivadavia, fue hallado muerto en su departamento, como resultado del consumo de propofol y fentanilo procedente del Hospital Italiano.
El descubrimiento motivó una investigación interna que derivó en la imputación de un anestesista jefe, Hernán Boveri, y una residente de tercer año, Delfina Lanusse, como presuntos responsables del robo y la posterior distribución de las drogas. En ese marco emergió además la figura de las llamadas «Propofest»: supuestas reuniones privadas en las que un grupo reducido de profesionales de la salud consumía anestésicos con fines recreativos.
