Cuadernos: la ex pareja de Centeno dijo que el chofer los escribía como reaseguro “por si lo dejaban sin trabajo”

Hilda Horovitz, en un testimonio cargado de rencor, dijo que fue testaferro de Oscar Centeno, que sufrió “insultos y trompadas” de su parte, aunque reconoció que a lo largo de los diez años del vínculo le consiguió trabajo, le compró un departamento y sufragó los gastos de ambos.

La mujer declaró que se presentó como testigo el primero de noviembre de 2017 ante el fiscal Carlos Stornelli en el marco de la causa de “Gas licuado”, donde estaban por entonces detenidos Julio De Vido y Roberto Baratta, para que trascendiera que el chofer de ambos, Oscar Centeno, tenía autos, casas, que se supiera cómo era él realmente, porque todos lo tenían como un señor”.

Para apoyar esa denuncia, llevó documentación de los autos y de las propiedades de su ex pareja, que se guardaban cerca de los cuadernos que aseguró no haber leído nunca. En esa misma ocasión le dijo a Stornelli que Centeno acompañaba a veces a Baratta a una «cueva» de la calle Corrientes para cambiar dinero. Según la mujer, “cuando estaba picadito”, su pareja narraba que había llevado a su jefe a cambiar dinero negro y que a cambio, se lamentaba, “me tiró migajas”.

Horovitz denunció una relación de diez años signada por el maltrato y los menosprecios, aunque, paralelamente, relató que el chofer le compró un departamento en la calle Catamarca al 500, le consiguió un empleo en Yacimientos Carboníferos Fiscales (YCF) y luego en la secretaría de “Minería y Energía”, de donde fue echada tras haberse presentado a denunciar a Centeno en los tribunales de Comodoro Py.

Ante los jueces Enrique Méndez Signori, Fernando Canero y Germán Castelli, describió a Centeno como una persona violenta, prepotente, que “tomaba demasiado” durante los fines de semana, al extremo de que en una ocasión estuvo a punto de chocar en la Panamericana por el exceso de alcohol y que tuvo que abandonar el Ejército “porque le tiró una granada a un mayor y se hizo pasar por loco para no ir preso”.

Reconociendo como su único motor el deseo “de que todos supieran quién era realmente Centeno”, su ex pareja recordó que tuvo contactos con diversos periodistas para contarles sobre el crecimiento patrimonial del chofer del Ministerio de Planificación, de quien se definió como “testaferro”. Según describió, su pareja le indicó que firmara varios 08 de diversos vehículos que figuraban como si fuera de ella y que se usaban al servicio de la cartera de De Vido.

Consultada acerca de por qué el chofer utilizaba testaferros, ya que declaró que no fue la única, Horovitz explicó que “seguramente era porque con su trabajo no podía justificar los departamentos y la flota de autos que se compró”.

Entre los periodistas a los que se acercó, mencionó a Mauro Viale, Jorge Lanata y también a Diego Cabot, a quien le preguntó por qué había devuelto los cuadernos. “Si yo hubiera sido vos, no los devolvía así se acababa toda esa historia de si eran los originales, o las copias”, señaló.

Horovitz admitió que “aprovechando que se había ido a duchar” tomó de su celular los números de Baratta y de su secretaria y que comenzó a reclamarle al funcionario que presionara a su chofer para que “me consiguiera un departamento y después que me lo pusiera en condiciones”. Baratta nunca respondió pero Centeno le compró un departamento en el barrio porteño de Once, en la calle Catamarca.

La testigo dijo reiteradamente que sabía de la existencia de los cuadernos, que estaban cerca de los documentos que ella fotocopió, pero negó haberlos leído ni tener conocimiento de su contenido. Horovitz definió a su ex pareja como una persona metódica que “anotaba lo que les compraba a sus hijos, lo que gastaba con la tajeta, los kilómetros que hacía con el auto”. Ante una consulta, recordó que él le dijo que anotaba todo lo que hacía en el Ministerio de Planificación “por si alguna vez, cuando terminara la gestión (Kirchner) lo dejaban sin trabajo”.

La mujer recordó su declaración ante Stornelli en la causa de “Gas licuado” donde mencionó el crecimiento patrimonial de Centeno, señaló que el fiscal se mostró interesado y que antes de irse le leyeron su declaración y la firmó. La respuesta importa porque la semana pasada el encargado del edificio de la familia Kirchner aseguró que el acta de su declaración no era reflejo de sus dichos.

Horovitz aprovechó un viaje a Salta de Centeno para sacar copias de los papeles de los vehículos y los inmuebles “para cubrirme, porque yo ya veía que la relación se iba a terminar”, les sacó copias y se las entregó a Miriam Quiroga, ex secretaria de Néstor Kirchner, “para que me las cuidara”. Horovitz se quejó de que, impulsada por Baratta, Quiroga “las rompió, las quemó, las desapareció, no sé, yo no las vi más”.

La testigo recordó haber declarado ante el fiscal Stornelli cuando fue a denunciar a Centeno con toda la documentación de autos y propiedades, cuando le allanaron su casa y una tercera vez, cuando decidió entregarle al funcionario un par de bolsos que pertenecían al chofer y que “ya no quería tener en mi casa”. Según ella, cuando su pareja estaba alcoholizada, le contaba cómo se acomodaban allí dentro los billetes.

Consultada acerca de si se le había ofrecido en algún momento incorporarse al programa de testigos protegidos, respondió afirmativamente pero dijo que lo rechazó porque implicaba restricciones a su libertad que no estaba dispuesta a afrontar “sobre todo porque tenía que separarme de mi perro ´Choco´ y yo no voy a ninguna parte sin él”.

El Tribunal Oral Criminal Federal 7 juzga la presunta asociación ilícita integrada por empresarios y funcionarios del kirchnerismo entre 2003 y 2015, por la cual los primeros les pagaban sobornos a los segundos para obtener contratos de obra pública.

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