Cuando la violencia se disfraza de amor: la carta que empezaba con “Amor mío” terminó siendo una prueba del hostigamiento

Le envió osos de peluche, golosinas y una carta en la que le pedía perdón. Para la Justicia, no fue un gesto romántico sino una nueva forma de violencia psicológica contra una mujer que ya había sido golpeada y tenía una orden de protección a su favor. El agresor fue condenado a seis meses de prisión condicional.

Amor mío: sé que no soy una persona perfecta, pero sabés que te amo con toda mi alma, y deseo que en tu corazón haya un lugar para mí y puedas perdonarme. Te amo”.

La carta estaba acompañada por un arreglo de osos de peluche y golosinas. Llegó al lugar de trabajo de una mujer de General Roca que, lejos de emocionarse, sintió miedo. Porque quien firmaba esas palabras no era un enamorado arrepentido: era el hombre que pocas semanas antes la había golpeado en el rostro, la había amenazado y tenía prohibido acercarse o contactarla por orden judicial.

Con ese contexto, la Justicia de Río Negro concluyó que el supuesto gesto romántico era, en realidad, un nuevo episodio de hostigamiento destinado a quebrar los límites impuestos para proteger a la víctima.

Cuando un regalo deja de ser un regalo

El episodio ocurrió el 27 de agosto de 2025. El acusado organizó el envío de un adorno confeccionado con peluches y golosinas junto con la carta manuscrita dirigida a su expareja.

Lo que en otra historia podría interpretarse como una reconciliación, en este caso fue leído por el tribunal como una forma de control y manipulación emocional. La mujer ya había denunciado hechos de violencia y existía una prohibición expresa que impedía cualquier tipo de contacto o acto perturbador hacia ella.

Un mes antes la había golpeado

El trasfondo del caso explica por qué aquellas palabras de amor provocaron terror.

En julio de 2025 el hombre irrumpió sin autorización en la vivienda de la víctima. Allí la insultó, le recriminó haberle “arruinado la vida”, le advirtió que “no la iba a dejar vivir en paz” y finalmente le propinó un golpe de puño en el rostro que le dejó lesiones constatadas por médicos.

La violencia también puede escribirse en una carta

Los dos episodios ocurrieron mientras estaba vigente una medida de protección dictada por un Juzgado de Familia que le prohibía acercarse a la mujer y realizar cualquier acto molesto o perturbador.

Por eso, el envío de los peluches, los dulces y la carta no fue interpretado como una muestra de afecto, sino como un incumplimiento deliberado de la orden judicial y una nueva manifestación de violencia psicológica.

Confesó y fue condenado

La causa se resolvió mediante un juicio abreviado. El imputado reconoció los hechos, aceptó la calificación legal y prestó conformidad con la pena acordada entre la Fiscalía y la Defensa.

El juez Luciano Pedro Garrido lo condenó por dos hechos de desobediencia judicial, violación de domicilio y lesiones leves agravadas por el vínculo y por haber sido cometidas contra una mujer en un contexto de violencia de género. La pena fue de seis meses de prisión de ejecución condicional, acompañada por estrictas reglas de conducta durante dos años.

Entre ellas, deberá mantener una prohibición absoluta de contacto con la víctima, someterse al control del Instituto de Asistencia a Presos y Liberados y asistir obligatoriamente a un taller sobre nuevas masculinidades y violencia de género. El incumplimiento de cualquiera de esas condiciones podría hacer efectiva la pena de prisión.

La sentencia quedó firme y deja un mensaje contundente: cuando existe un historial de violencia, una carta de amor puede convertirse en otra forma de agresión.

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