El Ministerio de Justicia y UNICEF elaboraron “Cuando las pantallas hablan”, un documento para detectar y actuar frente al ciberacoso, el grooming, la sextorsión y la difusión de imágenes sin consentimiento.
Un chico que de repente esconde la pantalla cuando entra un adulto a la habitación. Otro que comienza a conectarse durante la madrugada. Regalos, dinero en billeteras virtuales o créditos para videojuegos cuyo origen no puede explicar. Un cambio abrupto en el rendimiento escolar o el cierre repentino de todas las redes sociales. Detrás de esas conductas puede no haber nada extraordinario. Pero también pueden ser señales de que un adolescente atraviesa una situación de violencia digital.
De eso precisamente trata “Cuando las pantallas hablan”, la guía que fue presentada por UNICEF junto al Ministerio de Justicia de la Nación, encabezado por Juan Bautista Mahiques, para detectar y abordar distintas formas de violencia en entornos virtuales.
El documento fue elaborado por el Ministerio, a través de la Subsecretaría de Acceso a la Justicia, y UNICEF. Está dirigido a familias, personas cuidadoras y equipos que trabajan con niñas, niños y adolescentes, y busca ofrecer herramientas para reconocer situaciones de riesgo, saber cómo intervenir y conocer dónde pedir asistencia o realizar una denuncia.
Al presentar el trabajo, UNICEF señaló que la iniciativa apunta a brindar información accesible, desmitificar conceptos y ofrecer recursos de orientación y denuncia frente al ciberacoso, el grooming y la difusión no consentida de imágenes, entre otras vulneraciones de derechos.
Cuando el problema atraviesa la pantalla
El informe resalta que las experiencias digitales no quedan confinadas al teléfono o la computadora: pueden repercutir sobre los vínculos, las emociones, la autoestima, la privacidad y el bienestar, especialmente durante la infancia y la adolescencia.
La guía identifica además características que potencian esas violencias, como el alcance masivo de los contenidos, su persistencia en Internet, la velocidad con la que pueden difundirse y la dificultad para identificar a un agresor que utiliza perfiles falsos o se escuda en el anonimato.
Entre las problemáticas abordadas aparecen el ciberbullying, la difusión no consentida de imágenes íntimas, el grooming y el material de abuso sexual de niñas, niños y adolescentes. También dedica un apartado a prácticas que aumentan la vulnerabilidad, como exponer datos personales, mantener activa la geolocalización, utilizar perfiles públicos o compartir contraseñas.

El grooming recibe una atención particular. Es definido como una forma de violencia sexual en la que una persona adulta contacta a un menor mediante tecnologías digitales y puede recurrir a perfiles falsos, engaños o manipulación emocional para construir una relación de confianza con fines sexuales.
El informe describe una secuencia posible: acercamiento y recolección de información sobre la víctima; generación de confianza y secretos; introducción progresiva de conversaciones sexuales y pedidos de imágenes; y, finalmente, amenazas o chantajes cuando el agresor ya posee ese material.
Las señales que pueden advertir los adultos
Uno de los capítulos de la guía de UNICEF enumera comportamientos que deberían llamar la atención de las familias y docentes, aunque aclara que ninguno de ellos demuestra por sí mismo la existencia de violencia digital.
Entre los indicadores aparecen cambios repentinos de ánimo, retraimiento, tristeza, episodios de angustia al utilizar dispositivos y comportamientos sexuales que no se corresponden con la etapa de desarrollo.
También menciona un “hermetismo extremo” con las pantallas, como bloquear rápidamente el teléfono cuando alguien entra a una habitación; el temor a concurrir a la escuela; la aparición de regalos, ropa, dinero virtual o créditos para videojuegos sin una explicación clara; el uso compulsivo del celular y los sobresaltos ante las notificaciones.
A eso se agregan conexiones durante horarios inusuales, especialmente de madrugada, amenazas o mensajes extorsivos y el cierre repentino de las cuentas de redes sociales.
Sacarle el celular puede ser un error
La guía también cuestiona una reacción habitual de los adultos: quitar inmediatamente el teléfono cuando descubren una situación de riesgo.
“No minimizar lo sucedido” es una de sus recomendaciones. Frases como “no es para tanto”, “apagá el celular” o “eso pasa por estar mucho en Internet” pueden profundizar el aislamiento de quien está atravesando la situación.
Tampoco recomienda retirar abruptamente el dispositivo como primera respuesta. Hacerlo puede interrumpir el canal por el que ocurre la agresión, pero también dificultar la preservación de pruebas o provocar que la víctima deje de contar lo que sucede.
La recomendación es escuchar sin juzgar, transmitir que el adulto está allí para ayudar y no para castigar, preservar la intimidad y buscar asistencia especializada cuando existen amenazas, extorsiones, difusión de imágenes o indicios de grooming.
Antes de bloquear, guardar las pruebas
El documento introduce además una advertencia directamente relacionada con una eventual investigación judicial: ante una situación de violencia digital, no siempre conviene bloquear inmediatamente al agresor.
Antes de realizar acciones que puedan alertarlo y llevarlo a eliminar evidencias, recomienda preservar la prueba: capturas de pantalla de mensajes o contenidos, números telefónicos, nombres de usuario, enlaces de los perfiles y fecha y hora de los registros. También aconseja no borrar chats ni archivos que puedan resultar relevantes.
La denuncia, señala la guía, puede realizarse ante una fiscalía, una unidad especializada en ciberdelitos o una comisaría. Además, están disponibles la Línea 137, opción 1, que funciona las 24 horas durante todo el año, y la Línea 102, destinada a la promoción y protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes.
