En una nueva edición del ciclo impulsado por Quorum, mujeres provenientes de distintos ámbitos del ecosistema jurídico y judicial compartieron experiencias, desafíos y miradas sobre el presente de la profesión. El liderazgo femenino, la construcción de redes, la conciliación entre la vida personal y profesional, las nuevas demandas de la Justicia y la necesidad de incorporar una dimensión más humana al ejercicio del Derecho marcaron la conversación.
Desde diciembre de 2025 Quorum lleva adelante “Mujeres Influyentes de la Justicia”, un espacio que reúne mensualmente a referentes del ámbito judicial, jurídico, académico y de la gestión pública con un objetivo que trasciende el intercambio profesional: generar vínculos, compartir experiencias y fortalecer una red de mujeres capaces de acompañarse y potenciarse.
De esos encuentros surgió el “Enjambre”, una comunidad que continúa creciendo y que busca consolidarse como un espacio federal, plural, horizontal y colaborativo. La propuesta apunta a conectar a las participantes desde la persona y no solamente desde el cargo o la función que desempeñan.
En esta nueva edición, la diversidad de trayectorias y especialidades volvió a enriquecer una conversación en la que aparecieron preocupaciones comunes y, fundamentalmente, una misma convicción: la transformación de la Justicia también requiere nuevas formas de vincularse, liderar y construir comunidad.
“Como siempre digo, es importante quienes vienen: son mujeres de todos los sectores, abogadas, juezas, fiscales, miembros de alguna organización; de todas las edades también, necesitamos tener todas las miradas para construir un espacio donde las mujeres podamos hacer pie, tener una voz influyente, donde podamos tomar decisiones y revertir esta situación en la que estamos hoy donde ocupamos un 30% de cargos de poder y llegar a un número más equitativo como corresponde”, explicó Florencia Abramzon, abogada penalista y fundadora de revista Quorum.

El desafío de construir nuevos liderazgos
Uno de los grandes ejes del encuentro fue el liderazgo femenino dentro del mundo jurídico y judicial. Las participantes reflexionaron sobre las transformaciones que atravesó la profesión durante las últimas décadas y sobre los desafíos que todavía persisten para que más mujeres accedan a espacios de decisión.
La conversación permitió poner sobre la mesa distintas generaciones y experiencias profesionales, desde quienes comenzaron sus carreras en ámbitos donde la presencia femenina era considerablemente menor hasta aquellas que hoy ingresan a un escenario más diverso, aunque todavía atravesado por desigualdades y barreras.
Para Clarisa Galán, abogada penalista y defensora pública oficial, uno de los valores del encuentro reside justamente en convertir esa experiencia compartida en una herramienta para ampliar la participación femenina en ámbitos estratégicos. “Este encuentro me dejó una gran alegría del encuentro en sí entre mujeres que buscamos más espacio para que otras mujeres estén en lugares de cambio y toma de decisiones. Estoy contenta de formar parte de este grupo y ojalá que logremos nuestro objetivo”, sostuvo.
Una mirada que también apareció en las palabras de Milagros Ruiz, abogada penalista, asesora del Ministerio de Seguridad Nacional, docente, autora y conductora de “El fallo es nuestro”, quien puso el foco en la capacidad de incidir desde esos espacios: “Las influencias significan mucho más que estar. Las personas tienen voz y esa voz tiene peso y hoy muchas mujeres, por lo menos todas las que estuvimos hoy acá, estamos levantando y uniendo nuestra voz en el derecho”.
También se debatió acerca de qué significa liderar en la actualidad. Ya no alcanza únicamente con una sólida formación técnica: la capacidad de comunicar, gestionar equipos, escuchar, construir buenos ambientes laborales y comprender las necesidades de quienes integran una organización aparece cada vez con mayor fuerza.


Redes que acompañan y abren caminos
La importancia de las redes profesionales entre mujeres atravesó buena parte del encuentro. Compartir oportunidades, recomendar a otras profesionales, acompañar proyectos, abrir puertas y celebrar los logros ajenos fueron algunas de las ideas que aparecieron durante la conversación.
Frente a la histórica representación de los vínculos entre mujeres desde la competencia, el Enjambre propone una lógica diferente: transformar la experiencia individual en conocimiento compartido y entender que el crecimiento de una integrante de la red puede generar nuevas oportunidades para muchas otras.
Sheila Szpira, abogada especialista en Escalamiento y Blindaje de Negocios Digitales, destacó precisamente la posibilidad de encontrarse incluso desde las diferencias. “Fue muy enriquecedor, me encontré con mujeres maravillosas que vienen luchando hace un montón de tiempo. Aunque no coincidíamos en todo, todas llegamos a lo mismo en cosas a cambiar, modificar y otras para sostener. Súper nutritivo este encuentro y se tiene que repetir más”, afirmó.
En la misma línea, María Emilia Ferraro, subinspectora general de la Inspección General de Justicia (IGJ), celebró la posibilidad de generar vínculos entre mujeres provenientes de diferentes ámbitos profesionales: “Es sumamente lindo para todos el compartir experiencias desde distintos ámbitos, dentro y fuera de la Justicia, en la profesión, en el ámbito de la administración pública. Suma el poder tener vínculos con todas estas mujeres, enriquece y nos hace más fuertes y envalentona para que podamos allanar el camino para todas”.
Mujeres Influyentes de la Justicia busca, justamente, que ese vínculo no termine cuando finaliza cada encuentro. La comunidad continúa a través de reuniones, actividades y proyectos en los que las propias integrantes acompañan las iniciativas de otras mujeres.


La vida profesional y personal, una conversación necesaria
Otro de los temas centrales fue la convivencia entre la carrera profesional y la vida personal.
Las exigencias propias del ejercicio del Derecho, la maternidad, la familia, las relaciones personales y el tiempo dedicado al trabajo aparecieron como parte de una conversación franca sobre las decisiones que atraviesan las trayectorias profesionales.
Las experiencias compartidas permitieron observar también un cambio generacional. Algunas situaciones que durante años fueron consideradas naturales dentro de determinados ámbitos laborales hoy comienzan a ser revisadas, mientras nuevas generaciones plantean otras formas de pensar el desarrollo profesional y el equilibrio entre las distintas dimensiones de la vida.
Para Agustina O’Donnell, jueza del Tribunal Fiscal de la Nación, doctora en Derecho Fiscal por la UBA y diplomada en Violencia de Género por la CSJN, encontrarse con otras profesionales permite descubrir cuánto tienen en común trayectorias que, a primera vista, pueden parecer muy diferentes.
“A mí me encanta conocer otras mujeres del medio. Creo que todas tenemos historias diferentes pero mucha afinidad: las historias de nuestras vidas, cómo llegamos a los lugares, qué transitamos, qué sufrimos, cómo congeniamos la vida profesional con la personal. Es lindo encontrar mujeres con historias afines y mucho para contar. Me gustó escuchar sus historias”, expresó.
La reflexión no estuvo centrada en encontrar una fórmula única, sino en reconocer que detrás de cada trayectoria existen elecciones, renuncias, aprendizajes y circunstancias diferentes.

Una Justicia más humana
La necesidad de humanizar el ejercicio del Derecho fue otro de los puntos que atravesó las distintas intervenciones.
Más allá de las especialidades -penal, tributaria, familia, derecho empresarial, defensa pública o gestión judicial- surgió una preocupación compartida: detrás de cada expediente existen personas atravesando conflictos que muchas veces modifican profundamente sus vidas.
En ese intercambio, Marta Nercellas, abogada especializada en Derecho Penal y Derecho Penal Tributario, docente y fundadora del Estudio Nercellas Abogados, destacó cómo el encuentro con profesionales de otras ramas permitió reconocer problemáticas comunes más allá de cada especialidad.
“Cada vez que nos reunimos en un grupo de mujeres en el cual estamos pensando todas como grupo, no cada una individualmente, siempre se sacan millones de conclusiones interesantes”, señaló.
Y agregó: “Yo pensaba que el mundo del derecho penal era quizás más complejo, con mucho drama, y me di cuenta juntándome con mujeres que se dedican a otras cosas, que el drama está en muchos lados y que lo que tenemos que hacer nosotras es pararnos frente a él para decirle: ‘vamos a poder también con vos’”.
Esta mirada plantea nuevos desafíos para abogados, magistrados, fiscales, defensores y funcionarios. La formación jurídica continúa siendo indispensable, pero comienza a convivir con otras herramientas vinculadas con la empatía, la comunicación, la inteligencia emocional y el trabajo interdisciplinario.
Especialmente en los conflictos familiares, las participantes destacaron la necesidad de comprender que las respuestas jurídicas forman parte de problemáticas mucho más amplias, en las que pueden intervenir dimensiones emocionales, psicológicas, económicas y sociales.

Nuevos conflictos, nuevas herramientas
La conversación también puso el foco en los cambios que atraviesa actualmente el sistema de Justicia.
La digitalización, la incorporación de nuevas tecnologías, la inteligencia artificial, la modernización de los organismos públicos y la simplificación de procedimientos conviven con conflictos cada vez más complejos que exigen respuestas diferentes.
En ese escenario, las habilidades tradicionalmente consideradas “blandas” adquieren un lugar cada vez más relevante. Saber comunicar una decisión, gestionar una crisis, conducir equipos o trabajar interdisciplinariamente puede resultar tan determinante para el funcionamiento de una organización como el conocimiento estrictamente jurídico.
El desafío planteado durante el encuentro fue acompañar la innovación tecnológica con una transformación cultural que permita construir instituciones más eficientes sin perder de vista su dimensión humana.
Violencias y desigualdades que todavía persisten
El encuentro también abrió espacio para conversar sobre distintas formas de violencia y desigualdad que atraviesan a las mujeres, tanto dentro del ámbito laboral como en los conflictos familiares y económicos.
Las experiencias compartidas permitieron reflexionar sobre la importancia de identificar situaciones que durante mucho tiempo fueron naturalizadas, así como sobre el valor de contar con redes profesionales y personales capaces de acompañar a quienes las atraviesan.
En este punto también apareció la necesidad de profundizar el debate sobre la autonomía y la independencia económica de las mujeres, así como sobre las herramientas que ofrece el Derecho frente a nuevas manifestaciones de violencia patrimonial, familiar y laboral.

Del rol profesional a la persona
Como ocurre en cada edición de Mujeres Influyentes de la Justicia, el encuentro también buscó correrse por momentos de los cargos, los títulos y las responsabilidades profesionales.
Las preguntas personales permitieron conocer otras dimensiones de quienes diariamente ocupan lugares de responsabilidad dentro del Derecho y la Justicia: sus elecciones, aprendizajes, proyectos pendientes y aquello que hubieran hecho diferente.
Ese ejercicio resume buena parte de la filosofía del ciclo: conectar desde la persona y no solamente desde el rol. Porque detrás de una jueza, una defensora, una abogada, una funcionaria o una académica existe también una historia atravesada por decisiones, dificultades, vínculos y aprendizajes.
Un Enjambre que sigue creciendo
Con cada nueva edición, Mujeres Influyentes de la Justicia continúa ampliando una comunidad que tiene como premisa la colaboración.
Una experiencia que Guadalupe Guerrero, abogada especializada en Derecho de Familia y Sucesiones, resumió desde la expectativa de lo que todavía queda por construir: “Este encuentro me permitió conocer mujeres excepcionales, aventureras y me dejó una experiencia enriquecedora y muchas ganas de seguir trabajando, participando de este Enjambre y la sensación de que lo que viene va a ser espectacular. Súper agradecida a Quorum, a Florencia y a todo su equipo”.
El objetivo no es solamente visibilizar trayectorias profesionales, sino generar referentes, conectar generaciones y construir un círculo en el que cada mujer pueda acompañar e impulsar a otra.


En tiempos en los que el sistema jurídico enfrenta transformaciones tecnológicas, culturales y sociales profundas, el encuentro volvió a dejar una idea sobre la mesa: la Justicia del futuro no dependerá únicamente de nuevas leyes o herramientas, sino también de la capacidad de quienes la integran para construir vínculos, escuchar otras experiencias y liderar con una mirada más humana.
“Con este nuevo encuentro me vuelve a quedar esta sensación de que unidas, compartiendo nuestros temas, vamos a conseguir por lo menos estar en carrera para los puestos que queremos conseguir. Al unirnos constituimos un bloque que busca obtener posiciones de poder para que la sociedad realmente entienda que la mirada femenina en las cuestiones de familia, tributarias, etc. Tienen un valor muy grande. Y el equilibrio entre la mirada femenina ante un caso y la mirada masculina hacen a la mejor solución. Este es el objetivo final de unirnos y luchar por estos cargos”, reflexionó sobre el final Florencia Abramzon.
