Bullrich apuntó contra la discrecionalidad en la selección de jueces: “El mérito termina siendo una palabra vacía”

La jefa del bloque oficialista en el Senado cuestionó el sistema de selección de magistrados, propuso eliminar las entrevistas personales y advirtió sobre las consecuencias de la discrecionalidad política. También defendió la libertad de prensa, planteó una salida negociada para el empate de fuerzas en el Consejo de la Magistratura y analizó las dificultades para cubrir las vacantes en la Corte Suprema.

“Un juez que le debe el lugar a alguien, difícilmente después no tenga algún grado de presencia o relación con ese alguien. Y sin jueces independientes, todos sabemos lo que pasa: la división de poderes es apenas una frase, un concepto vacío donde un poder manda y los demás obedecen”.

Con esa contundente definición, Patricia Bullrich, presidenta del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, puso sobre la mesa uno de los principales problemas que enfrenta la Justicia argentina: la discrecionalidad política en la selección de magistrados y sus consecuencias sobre la independencia judicial.

Lo hizo durante la jornada institucional “Diálogos para la Argentina, edición 2026: Seguridad jurídica, inversión y futuro”, organizada por el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, donde brindó una extensa exposición sobre la vigencia de los valores republicanos, los límites al poder, el control ciudadano y las reformas estructurales que, a su entender, necesitan el Poder Judicial y el Congreso. Durante su exposición de más de 30 minutos sólo mencionó expresamente al presidente Javier Milei en una oportunidad.

Ante un auditorio integrado mayoritariamente por abogados, Bullrich defendió la necesidad de construir instituciones sólidas y previsibles, capaces de trascender a los gobiernos de turno y terminar con lo que definió como el “péndulo argentino”, una oscilación política que, según sostuvo, ha impedido el desarrollo sostenido del país.

“El que tiene poder tiene que aceptar que lo controlen”

Al comenzar su exposición, la legisladora puso el foco en la Constitución Nacional como el pacto que establece los límites al ejercicio de la autoridad.

“Partimos de un pacto de todos, el pacto de nuestra Constitución, que es el pacto que nos obliga a todos, primero y más que a nadie al que detenta un cargo, al que tiene poder”, sostuvo.

En esa línea, remarcó que el ejercicio del poder público no puede concebirse sin controles institucionales.

“Creo profundamente en la división de poderes y también creo que quien tiene poder tiene que aceptar que lo controlen. El que tiene poder, si no está limitado, si no está controlado, puede irse al infinito”, advirtió.

Y agregó: “Si el poder no está bajo escrutinio, la posibilidad de llevar ese poder al autoritarismo es un paso corto, y lo hemos visto en muchas circunstancias en nuestro país y en muchos países del mundo”.

La libertad de prensa y la incomodidad de los funcionarios

Uno de los pasajes más significativos de su discurso estuvo dedicado al rol del periodismo como herramienta de control democrático.

“La libertad de prensa es el primer control que tiene un ciudadano sobre el poder y la libertad de prensa siempre y en todo momento y en todo gobierno cuestiona al poder. No conozco un presidente que no haya sido cuestionado por la prensa”, afirmó.

Para sostener su argumento, repasó las tensiones entre los medios de comunicación y los gobiernos de Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri y Javier Milei.

Lejos de considerar esas tensiones como una anomalía, planteó que forman parte del funcionamiento de una democracia.

“¿Qué tenemos que hacer frente a eso? Saber que la obligación que tenemos es que esa pregunta siempre nos incomode, y esa incomodidad que hace la pregunta de un periodista es algo que tenemos que tener”, señaló.

Como ejemplo, recordó su experiencia durante la desaparición y posterior hallazgo del cuerpo de Santiago Maldonado, cuando estaba al frente del Ministerio de Seguridad.

“En ese caso Maldonado, desde el primer día al último, estuve bajo el fuego del periodismo, de todos. Y en muchos lugares se decía: ‘¿Dónde está Maldonado? Se lo llevaron’, y al final llegó la verdad”, recordó.

A partir de aquella experiencia, sostuvo que comprendió la importancia de explicar y fundamentar las decisiones públicas.

“Aprendí algo muy importante: aprendí que la verdad no se defiende sola, se defiende con argumentos. Se defiende dando cada uno de los argumentos de lo que había pasado. Y finalmente 55 peritos, un juez en primera y en segunda instancia dijeron: ‘Esa fue la verdad’”.

“Si uno está convencido de la verdad, la defiende. La defiende con argumentos, la defiende con la capacidad de explicar las cosas”, completó.

También se refirió a los desafíos que plantean las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y la velocidad con la que circula la información.

“Una sociedad que discute en libertad se equivoca mucho menos y corrige antes, es capaz de entender o de escuchar al otro”, afirmó.

Sin embargo, advirtió que esa capacidad de diálogo se encuentra debilitada: “Vivimos en una sociedad donde no se escucha, corremos, miramos el teléfono, insultamos rápidamente, no estamos escuchando al otro. Y escuchar es también, y es muy importante, una forma de gobernar”.

El control ciudadano para evitar que el Congreso sea una “escribanía”

Bullrich también dedicó parte de su exposición a lo que denominó las “virtudes republicanas”, que vinculó con valores que se aprenden desde la infancia: decir la verdad, respetar las reglas, cumplir la palabra y aceptar las derrotas.

“Las virtudes republicanas son el límite de las democracias, el límite a lo que las mayorías le imponen a toda la sociedad”, sostuvo.

En ese contexto, afirmó que “el poder siempre tiende a desbordarse. Ese desborde solo se controla con una ciudadanía activa”.

Para ilustrarlo, recordó distintos momentos de la historia parlamentaria argentina en los que los oficialismos contaron con mayorías abrumadoras y el Congreso funcionó, según su descripción, prácticamente como una “escribanía”.

Mencionó, entre otros ejemplos, la estatización de YPF, aprobada con 230 votos afirmativos frente a 28 negativos, y la eliminación del sistema de AFJP, que contó con 220 adhesiones y apenas 30 rechazos.

Como contrapartida, destacó la movilización social que acompañó el conflicto por la Resolución 125 en 2008.

“La 125 la cambió una gran ciudadanía activa (…) Miles de personas en la calle pidiendo algo que era lógico: ‘No me confisquen’. La confiscación está prohibida por nuestra Constitución”, recordó.

Y agregó: “Esos senadores empezaron a cambiar y terminaron, como recordarán, en el voto de Cobos a favor de la derogación de esa resolución. Fíjense: tan poco instrumento normativo para tanta movilización social y el cambio del Parlamento”.

Para Bullrich, el control sobre los gobiernos no debe limitarse a los procesos electorales ni a las grandes movilizaciones.

“El hábito del control no puede ser circunstancial y cada tanto; tiene que ser todos los días. Todos los días vos tenés que estar controlando lo que hace el gobierno”, enfatizó.

En ese sentido, propuso avanzar en herramientas tecnológicas que permitan a los ciudadanos conocer, en tiempo real, cómo se ejecutan los recursos presupuestarios.

Concursos judiciales: “La entrevista es la subjetividad total”

Uno de los capítulos centrales de la exposición estuvo dedicado al Consejo de la Magistratura y al sistema de selección de jueces, un mecanismo que Bullrich consideró necesario revisar para garantizar que los nombramientos respondan al mérito y no a las relaciones políticas.

La senadora respaldó propuestas de reforma inspiradas en iniciativas impulsadas por el exdiputado Pablo Tonelli, orientadas a garantizar el anonimato de los exámenes y evitar cualquier posibilidad de favoritismo.

“Exámenes anónimos, preguntas sorteadas y corregidas sin saber a quién uno le corrige. Lo mismo que tiene que pasar en el empleo público: concurso sin recomendaciones, donde no se sepa quién es la persona”, explicó.

Pero fue especialmente crítica con las entrevistas personales que forman parte de los concursos para cubrir cargos judiciales.

“Yo desde un principio estuve en contra de la entrevista, me parece una locura porque la entrevista lo que hace es que no hay criterios estandarizados”, sostuvo.

Según explicó, esa instancia introduce un componente de subjetividad que puede terminar desvirtuando los resultados obtenidos durante las evaluaciones técnicas.

“Hay una persona que va a la entrevista y ya sabe: ‘Como soy de tal lista, ya estoy muerto con el jurado que me tocó’. La entrevista es la subjetividad total”, cuestionó.

Y fue todavía más contundente al plantear su eliminación.

“Directamente para mí la tenemos que anular, porque si no funciona, el Consejo de la Magistratura pierde credibilidad y el mérito termina siendo una palabra vacía”, advirtió.

Una década de atraso y el problema de los pliegos judiciales

La legisladora también cuestionó las demoras acumuladas en el procedimiento de designación de magistrados, especialmente durante la etapa que corresponde al Poder Ejecutivo y al Senado.

“A mí me tocó ahora entrar al Senado y teníamos casi diez años de atraso. El presidente Macri devolvió los pliegos y no salieron; el presidente Fernández devolvía los pliegos y no salían. Y ahora comenzaron a salir”, señaló.

Según su análisis, los retrasos prolongados terminan afectando la lógica del sistema de concursos, porque los antecedentes de los postulantes pierden actualidad y muchos de ellos, mientras esperan una definición, se presentan y resultan seleccionados en otros procesos.

“Uno recibía un currículum con ocho años de retraso. Se perdieron ocho años, se desarmó todo el sistema. El mismo sistema desordena al sistema y le saca el mérito al que había salido primero”, explicó.

Para Bullrich, esta situación genera incertidumbre entre quienes aspiran a integrar el Poder Judicial.

“Así como decimos que la economía tiene incertidumbre, el juez que concursa también tiene la incertidumbre de saber si su esfuerzo va a ser respetado o si cada vez que llega a la última parte del procedimiento viene un nuevo presidente y retira todos los pliegos”, sostuvo.

En ese marco, reclamó respetar el orden de mérito de los concursos y evitar que los candidatos ubicados en posiciones inferiores terminen siendo beneficiados por decisiones discrecionales.

Fue entonces cuando dejó una de las definiciones más fuertes de la jornada: “Un juez que le debe el lugar a alguien, difícilmente después no tenga algún grado de presencia o relación con ese alguien. Y sin jueces independientes, todos sabemos lo que pasa: la división de poderes es apenas una frase, un concepto vacío donde un poder manda y los demás obedecen”.

El empate en el Senado y una propuesta para evitar la judicialización

Otro de los temas que despertó especial interés entre los abogados presentes fue la disputa por la representación del Senado en el Consejo de la Magistratura, en medio de una compleja reconfiguración de fuerzas políticas.

Bullrich describió un escenario de paridad entre La Libertad Avanza y Unión por la Patria, con 21 senadores cada uno, mientras que la Unión Cívica Radical reúne 10 bancas.

El problema, explicó, es que la normativa que regula la integración del Consejo establece que al Senado le corresponden cuatro representantes: dos por la mayoría, uno por la primera minoría y uno por la segunda minoría.

“¿Qué nos dice la ley del Consejo de la Magistratura? El Senado pone dos representantes por la mayoría, uno por la primera minoría y uno por la segunda minoría. Ahora yo les pregunto: ¿cómo hago? ¿Nadie pensó en el empate?”, planteó.

La senadora reconoció que la situación abre un interrogante jurídico que podría derivar en una nueva controversia judicial, aunque dejó en claro que su intención es evitar ese escenario.

“Consulto a todos los constitucionalistas y me dicen: ‘No podés violar la norma de 2, 1 y 1’. Entonces, ¿qué hago? ¿Termino en la Corte? No quiero terminar en la Corte”, relató.

Y reveló la alternativa que analiza para destrabar el conflicto: “¿Qué hago? Negocio con el que tiene 21 y le digo: ‘Va un año y medio vos, un año y medio nosotros y uno para el radicalismo’, que es la tercera fuerza que tiene que estar”.

Bullrich justificó la necesidad de alcanzar un acuerdo político al recordar las consecuencias de anteriores disputas judiciales por la integración del organismo.

“Quiero construir el acuerdo, no quiero judicializarlo. Cuando se judicializó, Luis Juez durante un año y dos meses no pudo ir al Consejo de la Magistratura”, recordó.

Y concluyó: “Estoy dispuesta a construir este acuerdo tanto en la Corte como para los miembros del Consejo de la Magistratura”.

Las vacantes en la Corte Suprema y la dificultad de reunir los dos tercios

La presidenta del bloque oficialista también abordó uno de los principales desafíos institucionales pendientes: la integración de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

“Desde el año 2021 estamos funcionando con tres miembros de la Corte Suprema”, afirmó al referirse a las dificultades para completar la composición del máximo tribunal.

Bullrich sostuvo que la exigencia constitucional de reunir una mayoría de dos tercios en el Senado para designar jueces de la Corte fue concebida en un escenario político muy diferente del actual.

Según explicó, durante la reforma constitucional de 1994 predominaba una lógica bipartidista que permitía imaginar acuerdos entre dos grandes fuerzas políticas. Sin embargo, la fragmentación del sistema partidario y el crecimiento de los bloques provinciales modificaron sustancialmente ese panorama.

“Hoy los terceros partidos han ido cambiando a lo largo de los años (…) En este momento hay cuatro bloques que vienen de una raíz partidaria más senadores provinciales. ¿Cómo se construye una mayoría de dos tercios? No es un acuerdo entre minorías fuertes, es negociar uno por uno”, describió.

En ese contexto, señaló que las negociaciones se vuelven cada vez más complejas por la cantidad de actores que intervienen.

“Participan tantos actores en estos dos tercios que realmente es un ejercicio de conversación donde cada uno pretende que su voto valga un miembro de la Corte”, sostuvo.

Y agregó: “Es imposible: no tenemos que nombrar a dos, y aunque tuviéramos que nombrar a cinco pasaría exactamente lo mismo. Las instituciones con mayorías escritas en la Constitución quedaron desfasadas de una realidad política que no fue pensada para ese diseño”.

“El que las hace, las paga” y la necesidad de terminar con el péndulo argentino

Hacia el cierre de su exposición, Bullrich volvió sobre uno de los conceptos que han atravesado su trayectoria política y su discurso en materia de seguridad y responsabilidad institucional.

“Tengo un concepto que ustedes ya conocen: el que las hace, las paga; sea político, policía, ciudadano de a pie o sea quien sea. Creo que esa es una regla de oro que tenemos que lograr que en la Argentina se lleve adelante”, afirmó.

Pero su reflexión final estuvo centrada en la necesidad de construir políticas públicas que trasciendan los mandatos presidenciales y permitan recuperar la previsibilidad.

“El péndulo en la Argentina ha generado mucho daño. Tenemos que lograr cambios estratégicos que atraviesen más de un Gobierno, porque el péndulo nos lleva de un lado al otro y nos conduce, en definitiva, al retroceso del bienestar de los argentinos”, sostuvo.

Para explicar el alcance de esa necesidad de estabilidad, utilizó como ejemplo la vida de un niño que comienza su educación inicial.

“El que hoy tiene un chico que empieza en la sala de tres años, va a estar saliendo de la universidad dentro de más de 22 años. Ese niño necesita vivir una vida de previsibilidad, en un país que no cambie las reglas todos los días; necesita formarse en paz sin pensar que sus padres todos los días están mirando qué pasa con el dólar, qué pasa con la bolsa o qué pasa con la seguridad”, expresó.

Finalmente, cerró su intervención con una apelación a la continuidad de los valores republicanos más allá de las diferencias políticas y los cambios de gobierno.

“Si hoy le damos previsibilidad y confianza, dentro de 20 años ese joven va a decir: las cosas cambian a una velocidad enorme, pero los valores en los que yo nací y con los que me formé se mantuvieron, y el país mantuvo esos valores más allá de quién gobierne”, concluyó entre aplausos.

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