Derecho al díaLADO B: Narrador de dos mundos

LADO B: Narrador de dos mundos

Fernando Juan Lima es mucho más que un juez. Integra la Cámara en lo Contencioso Administrativo y Tributario de la Ciudad de Buenos Aires y es un apasionado del cine y un crítico activo. Demostrando que el arte y la justicia, en lugar de ser mundos ajenos, pueden tener puntos de contacto sorprendentes. Esta combinación le otorga una perspectiva única sobre su función judicial, labor que él describe como profundamente creativa.

Desde su infancia, el cine fue una constante en su vida. Su abuela, cómplice de este amor, lo llevaba al cine desde muy pequeño, alimentando una pasión que, con el tiempo, se convertiría en una parte esencial de su identidad. Lima creció viendo películas y lo que comenzó como un pasatiempo se transformó en algo más. Llegó a escribir para la revista El Amante y, más tarde, a conducir un programa de radio dedicado al cine, lo que le permitió seguir cultivando esta pasión.

Cuando le preguntan si el cine lo apasiona más que el derecho, responde que ambas cosas le gustan por igual. Para él, ambas disciplinas comparten una cualidad esencial: la narración. Así como en el cine se cuentan historias y se seleccionan fragmentos de una realidad para transmitir un mensaje, el trabajo del juez también implica un proceso de edición. Lima describe su labor como un ejercicio constante de creatividad, donde se recortan y aplican normas con el objetivo de alcanzar una solución justa. No se trata simplemente de aplicar leyes de manera mecánica, sino de entender los hechos y las normas dentro de un contexto que exige una mirada reflexiva y humana.

El cine y la justicia, según él, persiguen fines virtuosos. Mientras que el cine busca conmover y transformar a través de historias, la justicia busca dar respuestas que sean coherentes con los principios y valores de una sociedad. En ambos casos, hay una labor profundamente subjetiva, ya que cada juez lleva consigo su propio enfoque, moldeado por su experiencia y convicciones personales. Esto, lejos de restarle objetividad al proceso, lo enriquece y lo humaniza.

También destaca algo que considera gratificante: la posibilidad de firmar sentencias en las que cree plenamente, sin la obligación de defender causas en las que no confía. Ser juez, explica, le permite actuar siempre en función de lo que considera justo, una responsabilidad que, si bien puede ser solitaria, también ofrece una satisfacción única. El camino hacia este rol fue claro desde sus primeros años como estudiante de derecho. Aún sin tener antecedentes familiares en la abogacía, siempre supo que su vocación era ser juez, una pasión que sus propios compañeros de estudios reconocían en él antes incluso de que obtuviera su título.

El trabajo en el contencioso administrativo, uno de sus campos de especialización, le permite tener un impacto directo en la sociedad. Lima relata cómo desde su tribunal se resuelven casos cruciales. Estas decisiones, que pueden tener un efecto inmediato y significativo en la vida de las personas, son parte de lo que le otorga un valor especial a su función, aunque también lo expongan a críticas.

En ese sentido destaca que, al igual que en el cine, donde la justificación de su existencia no recae únicamente en la visión autoral del director, sino en cómo conecta con el público, en la justicia también es crucial la relación con el pueblo. Señala que la función del Poder Judicial no es simplemente aplicar la ley de manera aislada, sino interpretar y defender principios y valores que a veces pueden ir en contra de lo que la mayoría de la sociedad podría considerar aceptable en un momento determinado. Para Lima, una de las razones por las que los jueces no son elegidos de manera directa como otros representantes del Estado es precisamente para proteger ese papel contramayoritario que debe jugar el Poder Judicial. Esto garantiza que ciertas decisiones no puedan ser tomadas por simple mayoría, sino que requieren de un análisis más profundo y sostenido en el tiempo, en línea con los principios constitucionales. 

Además, resalta que el trabajo de un juez puede resultar impopular en muchos casos, ya que implica, en ocasiones, decir “no” a lo que parece ser la voluntad popular. Pero esto es necesario para preservar la estabilidad institucional y evitar que cada nuevo gobierno o movimiento social modifique las bases fundamentales de la legalidad, algo que, si no se controla, podría generar inestabilidad y retrocesos constantes.

En este sentido, Lima establece una clara conexión entre su función como juez y su trabajo en el ámbito del cine. Durante muchos años ha sido conductor del programa “La autopista del sur”, dedicado al cine en AM750, y, a su juicio, esta dedicación a otras áreas fuera del derecho ha enriquecido su labor judicial. Lima rechaza la idea del juez aislado en su torre de marfil, y en cambio, defiende la importancia de que los jueces participen activamente en la vida social, cultural y pública. Según él, involucrarse en actividades como el cine le ha permitido conectar de una manera más directa con la sociedad, lo que, a su vez, lo ha hecho mejor juez. La posibilidad de relacionarse con diversas áreas de la vida le brinda una perspectiva más amplia y le permite mantenerse en sintonía con las preocupaciones y valores de la sociedad, sin dejar que estas influencias afecten su imparcialidad al tomar decisiones judiciales.

En cuanto a su paso por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), Lima narra una experiencia ambivalente. Si bien describe su gestión (2017-2018) como un período de crecimiento personal, también reconoce la frustración que sintió al ver las limitaciones del sistema. A pesar de haber llegado sin afiliación política ni partidaria, y con la intención de desarrollar políticas de Estado a largo plazo, se encontró con un escenario donde, aunque se logró avanzar en ciertos aspectos, especialmente en el área de producción cinematográfica, los problemas estructurales relacionados con la distribución y exhibición de películas argentinas persistían. Para Lima, una de las fallas principales del INCAA ha sido la falta de atención a cómo las películas argentinas llegan al público. Si bien Argentina ha producido un volumen considerable de películas de alta calidad, muchas de ellas no encuentran espacios para ser vistas, lo que representa una paradoja y una injusticia cultural, dado que el cine debe ser accesible a la población, no sólo producido en grandes cantidades.

A lo largo de su gestión, Lima intentó implementar políticas que dieran mayor importancia a la distribución y exhibición, pero se topó con resistencias y con la falta de consenso necesario para lograr cambios estructurales duraderos. Aun así, está satisfecho con haber firmado resoluciones clave, como la referente a la cuota de pantalla, que aunque fue derogada después de su salida, representó un avance importante en su visión de un cine argentino más accesible y equitativo.

Lima también reflexiona sobre la necesidad de políticas de Estado en materia cultural. Argumenta que el cine, como expresión de la identidad nacional, no puede depender de los vaivenes políticos ni de los gustos personales de un Presidente en ejercicio. Según él, la protección del cine y la cultura está consagrada en la Constitución y debe mantenerse más allá de los cambios de gobierno. En este sentido, destaca que el cine argentino ha sido uno de los pocos sectores en los que ha existido una política de Estado relativamente constante desde la recuperación democrática, pese a las diferencias ideológicas entre los distintos gobiernos.

Cuenta, además, que sólo se tomó licencia en la justicia porteña cuando estuvo en el INCAA. Cuando, a finales de 2019, le ofrecieron presidir el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, estableció como condición no dejar su trabajo como juez. Para evitar cualquier conflicto de intereses, solicitó que su nombramiento en el festival fuera «ad honorem», es decir, sin remuneración, para que nadie pudiera argumentar que percibía dos sueldos del Estado, aunque estos provenían de jurisdicciones diferentes. A su vez, solicitó al Consejo de la Magistratura que aprobara su participación en el festival, ya que los jueces, aunque limitados en ciertas actividades, pueden dedicarse a la docencia y a actividades culturales. Explica que, aunque consideraba que no era un requerimiento necesario, prefirió dejar todo en claro para evitar cualquier malentendido.
Respecto a su desvinculación del Festival de Mar del Plata, Lima admite que fue una mezcla de circunstancias. Relata que, aunque le pidieron no continuar en el cargo, su decisión también estuvo motivada por su frustración al ver que algunas necesidades del festival no recibían respuesta, lo que lo llevó a plantear su renuncia si no se respetaban ciertas condiciones. Dejando en claro que no estaba dispuesto a aceptar injerencias externas en cuestiones como la elección de películas o jurados, ni tampoco en la elección de temáticas a excluir de la programación. Lima defiende la importancia de que el festival, como institución cultural, se mantenga independiente de los gobiernos de turno, ya que el cine argentino tiene un legado que debe preservarse y no puede depender de coyunturas políticas.
Defiende el cine como herramienta cultural y hace hincapié en la importancia de la educación audiovisual desde una edad temprana. Cree firmemente que el Estado debe intervenir para garantizar el acceso equitativo a la cultura y combatir los prejuicios que limitan la apreciación de películas que no se ajustan a los estándares comerciales, como aquellas en blanco y negro o mudas.
Admite que la idea de hacer cine no está completamente descartada para él, ya que disfruta de explorar diferentes proyectos y posibilidades. Actualmente, es el presidente de la Asociación de Amigos del Museo de Cine de la Ciudad de Buenos Aires, donde ha estado involucrado en la organización de ciclos de cine, tanto antes como durante su paso por el Festival de Mar del Plata. Destaca lo gratificante que es para él el hecho colectivo de ver una película y cómo le emociona cuando alguien descubre una sala de cine por recomendación suya.
Cuando se le pide una lista de sus cinco películas argentinas favoritas, se muestra reticente a hacer listas, ya que considera que el cine argentino es demasiado diverso y vasto como para resumirlo de esa manera. Señala que hay grandes obras en distintas épocas y géneros, desde el documental hasta el cine experimental, la ficción y los cortometrajes. Menciona los cortos de Francisco Lezama, disponibles en el Malba, como ejemplo de trabajos excepcionales que se están haciendo actualmente.
Después de nuestra extensa e interesante charla, queda claro que para Fernando Juan Lima ser juez es mucho más que aplicar normas; es ejercer una labor creativa que, al igual que el cine, tiene la capacidad de influir en la realidad, transformarla y, sobre todo, buscar la justicia en cada caso. Esta dualidad entre su pasión por el cine y su vocación judicial nos muestra un lado humano y creativo, donde la justicia no es sólo un acto racional, sino también uno profundamente narrativo y ético.

Suscribite al Newslatter

Derecho al día

- Advertisement -Newspaper WordPress Theme

últimos artículos

Más artículos

- Advertisement -Newspaper WordPress Theme