Sandra Arroyo Salgado: la jueza que encontró en el cine otra forma de entender la Justicia y de atravesar el dolor

En una entrevista íntima en el ciclo Extraoficial de Quorum, la magistrada habló de su vocación, recordó las horas posteriores a la muerte de Alberto Nisman, cuestionó la investigación inicial y reflexionó sobre su carrera, la Corte Suprema y el legado que busca dejarles a sus hijas.

En el histórico Cine York de Vicente López, un lugar elegido especialmente por su pasión por el séptimo arte, la jueza federal Sandra Arroyo Salgado mostró una faceta poco conocida. Invitada al ciclo “Extraoficial” de Quorum, dejó por un momento el estrado para hablar de su vocación, de las tragedias que marcaron su vida y de las convicciones que aún sostienen su trabajo como magistrada.

La conversación cpn la periodista Lucía Salinas recorrió distintos momentos de su historia personal y profesional: desde su infancia y los orígenes de su carrera hasta el asesinato del fiscal Alberto Nisman, padre de sus hijas, un episodio que continúa atravesando su vida.

El cine como espejo de la condición humana

Para Arroyo Salgado, el cine no es solamente una afición. Es también una herramienta para comprender mejor el comportamiento humano, el mismo desafío que enfrenta todos los días desde el juzgado.

“En una película se narra la historia de vidas humanas, se reconstruyen historias de vida… y nosotros en nuestro trabajo diario en el juzgado tenemos que también analizar conductas humanas que están detrás de hechos que llegan a nuestro conocimiento y se trata de buscar la verdad”.

Sin embargo, reconoce que desde enero de 2015 las historias policiales y los dramas judiciales adquirieron un significado completamente distinto.

“Me sentí como la protagonista involuntaria de una tragedia en la que no podía creer estar siendo yo, y sentía que esto solo podía pasar en una película, solo en la ficción y no en la vida real, y me preguntaba ‘¿y por qué a mí no?’”.

El día que todo cambió

Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista llegó cuando reconstruyó las horas del 18 de enero de 2015.

Arroyo Salgado estaba en París junto a su hija Iara, celebrando su viaje de 15 años. La preocupación comenzó cuando Alberto Nisman modificó inesperadamente sus planes de viaje y regresó antes a Buenos Aires. Horas después recibió el llamado de una de las secretarias del fiscal, alarmada porque nadie lograba comunicarse con él.

La jueza explicó que conocía perfectamente los hábitos de Nisman.

“Era una persona sumamente conectada… super organizado, estructurado, era una persona puntual y no era de colgarse”.

Ante ese silencio inusual pensó inicialmente que podía haber sufrido un problema cardíaco producto del enorme nivel de estrés que atravesaba tras la denuncia presentada contra la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Por eso pidió a los custodios que derribaran la puerta del departamento.

Cuando finalmente le comunicaron que había un arma de fuego en la escena, su conclusión fue inmediata.

“Desde el momento que me dicen que había un arma de fuego fue que dije ‘No, lo mataron a este hombre, lo mataron’”.

Las críticas a la investigación inicial

La magistrada también realizó un duro análisis sobre la investigación desarrollada durante las primeras horas posteriores a la muerte del fiscal.

Apuntó contra la preservación de la escena del hecho y cuestionó el trabajo realizado por quienes intervinieron inicialmente, entre ellos la ex fiscal Viviana Fein, el juez Manuel de Campos y las fuerzas de seguridad.

Recordó el impacto que le provocó observar las primeras imágenes del departamento.

“Mucha angustia” y “falta de profesionalismo y de interés en llegar a la verdad”.

Según sostuvo, la escena del crimen nunca debió limitarse únicamente al baño donde apareció el cuerpo.

“La escena del crimen no se reducía al baño… sino que se extendía a todo el departamento, a la torre y a todo el complejo”.

También cuestionó que no se hubiera resguardado de inmediato el celular y la computadora de Nisman para impedir accesos remotos que, según indicó, terminaron produciéndose con la consecuente pérdida de información.

Uno de los puntos de mayor tensión con la investigación se produjo cuando Viviana Fein afirmó públicamente que no se habían encontrado restos de fulminantes en las manos del fiscal.

Para Arroyo Salgado, aquella declaración evidenció que la fiscal había perdido la imparcialidad.

“Nosotros, la familia, la querella en soledad la recusamos… y lamentablemente ninguno de los jueces intervinientes en ese momento… nos dio la razón y permitieron que la investigación siguiera en sus manos”.

A pesar de las críticas, dejó en claro cuál es hoy su posición.

“No busco ni persigo venganza”.

Una jueza que llegó desde la universidad pública

La entrevista también permitió conocer una historia de esfuerzo poco difundida.

Arroyo Salgado recordó que ella y su hermana fueron la primera generación de profesionales de su familia. Su abuelo paterno llegó desde España sin saber leer ni escribir y sus padres realizaron enormes sacrificios para que pudiera estudiar Derecho en la Universidad de Buenos Aires.

Contó además que su vocación nació cuando apenas tenía diez años, mientras observaba el trabajo de los abogados durante el conflictivo divorcio de sus padres.

Hoy, a casi 20 años de haber asumido como jueza federal, reconoce que ese objetivo parecía casi inalcanzable.

No sólo por sus orígenes, sino también porque en aquel momento las mujeres prácticamente no ocupaban juzgados federales penales.

La Corte Suprema y la necesidad de una mirada federal

Consultada sobre la integración de la Corte Suprema, la magistrada sostuvo que el debate no debe limitarse únicamente a la representación de género.

A su criterio, el máximo tribunal necesita incorporar una verdadera diversidad territorial.

“Me parece muy importante que la Corte… refleje y tenga una integración que tenga esa mirada federal que hoy no estamos teniendo… no todo pasa por el AMBA”.

Explicó que una composición más federal permitiría comprender mejor problemáticas que afectan especialmente al interior del país, como el narcotráfico, la trata de personas o los delitos ambientales.

Tango, el perro que sostuvo a la familia

El cierre de la entrevista fue uno de los momentos más emotivos del ciclo.

Como es habitual en “Extraoficial”, la conversación terminó con una fotografía muy significativa: una de las últimas vacaciones familiares junto a Alberto Nisman y sus hijas, Iara y Cala.

Al verla, Arroyo Salgado recordó especialmente a Tango, el Golden Retriever que Nisman había regalado a las niñas y que, tras el asesinato del fiscal, se convirtió en un sostén inesperado para la familia.

“Se transformó en gran parte en papá de Yara y Cala y, aunque les parezca mentira, él durmió durante todo ese tiempo mitad de la noche en el piso de la habitación de Yara y mitad de la noche en el de Cala”

Antes de terminar la charla, dejó un mensaje dirigido a sus hijas, atravesado por el orgullo y la resiliencia.

“Decirles que estoy muy orgullosa de ellas, de quiénes son, de lo buenas personas que son… y orgullosas de ser Nisman sin ocultarlo, sin esconderse, enfrentando todas aquellas situaciones que les ha tocado transitar… demostrándole a esas personas que ellas no son ni Alberto Nisman ni Sandra Arroyo Salgado, sino que son Yara y Cala Nisman, que tienen su propia vida, su propia historia”.

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