Lo declaró esta semana en el juicio. Reconoció los hechos y apuntó contra el ex secretario de Energía de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.
La causa Cuadernos continuó esta semana con la declaración del empresario Jorge Balán, de Industrias Secco. Fue el único que aceptó, en la jornada del martes, los hechos denunciados. Apuntó contra Roberto Baratta, el ex secretario de Energía de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner ya que aseguró que le pidió que realizara un aporte para la campaña del oficialismo.
La estrategia de los empresarios de la causa Cuadernos es evitar el concepto de coimas y presentar los pagos realizados a los ex funcionarios kirchneristas como aportes voluntarios de campaña. Sin embargo, Balán negó que los tres pagos que aseguró que realizó su empresa fueron de manera voluntaria ya que Baratta no les dio la chance de evitar hacerlo.
“Roberto Baratta me pidió que hiciera un aporte para la campaña del oficialismo. Sí o sí debía aportar, no me pidió monto ni nada. Decidí hacerlo, fue una decisión mía. Cometí la falta de no haber pedido recibo”, aseguró Balán, quien reconoció tres entregas de dinero.
Pero ante otra pregunta de la fiscalía encabezada por Fabiana León, Balán recordó que Baratta le dejó, previo a las elecciones PASO del 2011, un papel sobre su escritorio con el enigmático número 1 escrito en un papel. El 1 hacía referencia a un millón de dólares: “No querían pesos sino dólares”, explicó el empresario.

Fue el único testimonio que profundizó sobre los “aportes de campaña” pues otros empresarios se negaron a declarar como Hugo Dragonetti, titular de Panedile, Rodolfo Poblete y Adrián Pascuchi. La semana pasada, Ángelo Calcaterra y Aldo Roggio, otros empresarios que están sentados en el banquillo de los acusados, también se negaron a declarar en el juicio.
Son parte de los 85 acusados de formar parte de una asociación ilícita encabezada por la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y sus funcionarios Julio de Vido y José López, entre otros.
Lo importante de la declaración de Balán es que explicó los motivos por los que los empresarios se sentían obligados a pagar las coimas: “El único cliente que teníamos era el Estado”. Nadie se quería quedar fuera del sistema de la felicidad de la obra pública kirchnerista.
El testimonio de Balán coincide con el de otros arrepentidos, como Alberto Tasselli, que señaló a Roberto Baratta —mano derecha de Julio De Vido— como el principal recaudador.
Baratta, en su declaración como imputado, aseguró que hubo empresarios protegidos por el ex presidente Alberto Fernández y habló de una interna de la SIDE en la investigación judicial. Nada dijo de los hechos por los que se lo acusa.
El eje principal de la investigación en el que está involucrado Baratta es que se encargaba de recolectar dinero garantizado por los empresarios mediante dos canales de recaudación que funcionaban de forma independiente pero complementaria por ordenes directas de los Kirchner.
En el juicio se investiga si estos pagos eran en realidad una contraprestación obligatoria para que las empresas pudieran seguir trabajando con el Estado como describió el empresario Balán. Tasselli, en cambio, describió los hechos como “apretadas”, donde los funcionarios anotaban en papeles los montos que los empresarios debían entregar para la campaña.
Para los investigadores, todo lo que dijeron los empresarios arrepentidos durante el juicio, refuerza la hipótesis de que existió un plan diseñado desde lo más alto del poder. Según la acusación, Cristina diseñó un plan para que empresarios del transporte, la energía y la construcción entregaran dinero a cambio de beneficios para sus compañías.
Este sistema habría permitido una recopilación sistemática de fondos ilegales durante más de una década. Los famosos Cuadernos de Oscar Centeno, el chofer de Roberto Baratta, fueron la pieza clave que permitió descubrir el cobro de coimas. Pero no la única. Los testimonios de los empresarios que hablaron en el juicio, lo confirman.
