Del encuentro a la trama: el tercer té de mujeres influyentes consolida una comunidad en la Justicia

En un nuevo capítulo del ciclo impulsado por Revista Quórum, magistradas, fiscales, académicas, funcionarias y abogadas litigantes volvieron a reunirse en el Recoleta Grand Hotel para compartir experiencias, desafíos y miradas sobre el presente del derecho. Entre la crudeza de los casos, la vocación pública y la construcción de redes, el encuentro profundizó una idea que ya no es promesa: el pasaje del “enjambre” a una comunidad activa.

Enfundada en un conjunto de pantalón sastrero, chaleco y blazer, rojo carmesí de Armario 33, Florencia Abramzon, fundadora de revista Quorum, recibió a sus ocho invitadas.

En continuidad con los encuentros anteriores —donde la metáfora del “enjambre” comenzaba a delinear una red de mujeres con capacidad de incidencia— el tercer té de mujeres influyentes del ámbito jurídico reafirmó ese proceso y lo dotó de mayor densidad. La reunión, de tono íntimo y horizontal, combinó relatos profesionales de alta complejidad con reflexiones personales, en un espacio que privilegió la escucha y la construcción colectiva.

Lejos de los formatos tradicionales, el clima fue el de una conversación franca entre pares: sin solemnidad, pero con una fuerte conciencia del rol que cada una ocupa en el sistema de justicia. Las invitadas fueron M. Agustina Comaschi, Soledad Garibaldi, Daniela Dupuy, Fernanda Vázquez, Gabriela Zangaro, Karina Elfman, Matilde O´Mill y Analía Raña Sá.

Entre la trinchera y la transformación

Uno de los ejes más marcados del encuentro fue la tensión permanente entre la práctica cotidiana —muchas veces atravesada por situaciones límite— y la necesidad de transformar el sistema desde adentro.

Las intervenciones dejaron en claro que el ejercicio del derecho, especialmente en materia penal, implica enfrentarse a realidades de extrema gravedad: desde operativos internacionales contra la explotación sexual infantil hasta casos complejos vinculados con salud mental, violencia o vulnerabilidad estructural.

En ese marco, apareció una idea transversal: la imposibilidad de “acostumbrarse” al dolor, pero también la responsabilidad de sostenerlo profesionalmente.

“Tenemos que tener estómago para esto”, se compendió durante la conversación.

A la vez, se destacó el valor del sistema acusatorio y la oralidad como herramientas que acercan la justicia a la ciudadanía, reducen la burocracia y permiten una respuesta más inmediata. La cercanía con las personas —“que te vean, que te escuchen”— fue señalada como una demanda creciente.

Innovación, tecnología y nuevos desafíos

El impacto de la tecnología en el derecho ocupó un lugar central. Desde la investigación de delitos complejos con evidencia digital hasta el uso de inteligencia artificial para identificar víctimas, las participantes coincidieron en que el sistema judicial enfrenta una transformación acelerada.

Este cambio no solo exige capacitación técnica, sino también nuevas habilidades: litigación estratégica, manejo de evidencia digital y adaptación a escenarios en constante evolución.

“La tecnología avanza y nosotros vamos atrás, aprendiendo todo el tiempo”, se expresó.

En paralelo, se compartieron experiencias de innovación institucional orientadas a una justicia más humana, con enfoques interdisciplinarios que integran salud mental, educación y reinserción social.

Género, liderazgo y construcción de redes

El encuentro habilitó también una reflexión profunda sobre el lugar de las mujeres en el sistema judicial. Si bien se reconocieron avances, persistieron diagnósticos críticos vinculados al acceso a espacios de decisión, la sobreexigencia y la necesidad de construir redes reales de apoyo.

En ese sentido, la idea del “enjambre” —como red colaborativa— se consolidó como eje conceptual y práctico del encuentro.

Matilde O’ Mill, Ministra de Justicia y Derechos Humanos de Santiago del Estero, lo sintetizó con claridad: “Celebro el encuentro en ‘Enjambre’ de una red de mujeres que nos anima a salir de la lógica individual y construir en conjunto, a entender que ninguna de nosotras transforma sola, pero juntas podemos cambiar la forma en que la justicia piensa, decide y llega a las personas”

Por su parte, María Fernanda Vázquez, Decana de la Facultad de Derecho de la UNLZ y Consejera de la Magistratura de la Nación, destacó: “Fue un encuentro enriquecedor, atravesado por el intercambio de vivencias, miradas y desafíos comunes. Valoro profundamente estos espacios que permiten reconocernos, escucharnos y fortalecer redes.”

En la misma línea, Soledad Garibaldi, Jueza de la Cámara Penal de Lomas de Zamora, remarcó el valor del clima generado: “Fue un encuentro muy genuino, de esos que no se dan todos los días. Este tipo de espacios nos fortalecen y nos recuerdan que, desde la diversidad, se puede construir una justicia mejor, más cercana y más humana.”

Vocación, experiencia y compromiso

Las trayectorias diversas —desde la función pública hasta el ejercicio privado— encontraron puntos de contacto en la vocación y el compromiso con la justicia.

Karina Elfman, titular de su estudio jurídico, lo expresó así: “Fue un encuentro inspirador, de mujeres apasionadas y comprometidas con sus trabajos y los valores de la justicia. Un espacio de gran conexión entre todas.”

M. Agustina Comaschi junto a Florencia Abramzon

A su vez, M. Agustina Comaschi, penalista y directora académica, subrayó: “Me llevo la posibilidad de escucharnos, potenciarnos y seguir construyendo juntas, destacando la potencia que se genera cuando nosotras nos encontramos y creemos en nosotras mismas.”

Daniela Dupuy junto a Florencia Abramzon

Daniela Dupuy, fiscal especializada en cibercrimen, aportó: “Fue un encuentro verdaderamente enriquecedor, donde la pasión y el compromiso por nuestro trabajo y por la vida nos unieron de una manera especial.”

Analía Raña Sá.

En tanto, Analía Raña Sá, abogada, docente y analista jurídica, destacó el valor proyectivo del espacio: “Celebro este encuentro, que sin dudas será el punto de partida para cocrear la justicia que necesitamos.”

Gabriela Zangaro.

Y la jueza Gabriela Zangaro, titular de la oficina anticorrupción concluyó: «Siempre es grato reunirse con mujeres talentosas e inspiradoras que contribuyen diariamente para que la justicia mejore.»

La dimensión humana del derecho

Más allá de los cargos y las responsabilidades, el encuentro permitió integrar la dimensión personal al ejercicio profesional. A través de dinámicas participativas, emergieron temas como la autoexigencia, el miedo, la conciliación entre trabajo y vida personal y la necesidad de construir una justicia con mayor empatía.

Las experiencias compartidas evidenciaron que el derecho no puede pensarse sin su dimensión humana: detrás de cada caso hay historias, tensiones y decisiones que impactan profundamente en la vida de las personas.

M. Agustina Comaschi, Soledad Garibaldi, Daniela Dupuy, Fernanda Vázquez, Gabriela Zangaro, Florencia Abramzon, Karina Elfman, Matilde O´Mill y Analía Raña Sá.

Comunidad, no competencia

Hacia el cierre, el mensaje fue claro: el desafío ya no es solo reunirse, sino sostener una comunidad. “Estamos entrenadas para competir; esto es aprender a colaborar”, se sintetizó, reflejando el espíritu del encuentro.

Con este tercer capítulo, el ciclo de mujeres influyentes de la justicia avanza en una dirección definida: visibilizar trayectorias, fortalecer liderazgos y construir redes capaces de incidir —desde adentro— en la transformación del sistema judicial.

El enjambre, definitivamente, empieza a convertirse en comunidad.

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